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Nunca fui tu esposa

Nunca fui tu esposa

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles / Riqueza en una noche / Mujer despreciada / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:242
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Su matrimonio era falso. La traición, no.
Durante dos años, Camila Rivas lo dio todo por Daniel: sostuvo su empresa, soportó los desprecios de su familia y crió al niño que habían «adoptado» porque, según él, ella no podía tener hijos.
Hasta que descubre que su acta de matrimonio es falsa.
Daniel lleva cinco años casado con otra mujer. Y el niño que Camila ha cuidado como suyo es hijo de los dos.
Nunca fue su esposa. Fue la coartada perfecta para esconder a su verdadera familia.
Ese mismo día, una llamada lo cambia todo: Camila acaba de heredar más de cien mil millones de pesos.
—Soltera. Sin hijos. La herencia es solo mía.
Daniel está convencido de que volverá. Una mujer sola, sin dinero ni familia, no puede vivir sin él.
Pero mientras espera que regrese a suplicarle, el país entero descubre a la prometida de Gabriel Alcázar, uno de los hombres más poderosos de México.
Es Camila.
Dueña de una fortuna. Con la cabeza en alto. Junto a un hombre que no está dispuesto a dejarla en segundo lugar.
Lo suyo debía ser una alianza por conveniencia. Pero cada promesa cumplida, cada roce y cada mirada hacen más difícil mantener el corazón al margen.
Y cuando Daniel comprende lo que perdió, ya hay otro hombre sosteniendo la mano que él soltó.
Esta vez, quien va a suplicar no será ella.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11. Beatriz buscaba consuelo en el alcohol

La foto todavía no terminaba de cargar cuando entró una llamada.

Beatriz.

Daniel contestó y solo escuchó llanto.

—¿Qué pasó? ¿Qué tienes?

Se le encogió el pecho. Preguntó una y otra vez, pero ella no respondía.

—¿Dónde estás? ¿En casa? Voy por ti, ¿sí?

La llamada se cortó antes de que acabara de hablar.

Daniel le dio unas instrucciones rápidas a su asistente, se disculpó con los clientes y salió. Ya no le importaba dejar el compromiso a medias.

Pensar que algo podía haberle ocurrido a Beatriz lo llenaba de un miedo insoportable.

Apenas había bebido durante la reunión. Subió al auto y volvió a marcar. Necesitó varios intentos para conseguir que contestaran.

—Bea, dime qué...

—Soy Julieta. Ven al bar Q. Está tan borracha que ya no puede ni sostenerse.

Julieta Montes era amiga de Beatriz y dueña del bar. Cuando Daniel empezó a salir con ella, aquel lugar les había servido para verse a escondidas.

—Voy para allá.

Pisó el acelerador y llegó en menos de quince minutos.

Encontró a Beatriz en un salón privado, desplomada sobre Julieta, exigiendo otra copa. Había botellas tiradas por toda la mesa.

—Bea, ¿qué hiciste...?

Daniel la miró, horrorizado. En todos sus años juntos apenas la había visto probar alcohol. Siempre había cuidado mucho su salud.

Julieta le cerró el paso con un brazo.

—¿No crees que te estás pasando? Sabes todo lo que sacrificó por ti. ¿Vas a romper tus promesas por esa mujer?

Él estaba agotado. Ver así a Beatriz ya era suficiente; no necesitaba también un interrogatorio.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué promesa he roto?

—Míralo tú mismo.

Julieta arrojó el celular sobre la mesa.

En la pantalla estaba su conversación con Beatriz. Habían pasado la noche anterior hablando. Beatriz le contaba que Daniel estaba distante, que solo pensaba en los problemas con Camila y que hasta le escribía a escondidas.

Decía que no quería preocuparlo. Por eso prefería desahogarse con su amiga y sufrir en silencio.

—No pensaba meterme —continuó Julieta—. Sé para qué estás con Camila. Pero una cosa es fingir y otra acabar enamorándote de verdad. ¿Dónde deja eso a Beatriz?

Su amiga llevaba cinco años esperando. Por fin había vuelto a vivir con Daniel y Julieta había pensado que lo peor había terminado.

No iba a permitir que él la apartara ahora por Camila.

—Lo entendiste mal. Entre Camila y yo no hay nada. Ayer pasó algo excepcional.

—No me importa qué pasó ayer. Beatriz apostó su vida entera a tus promesas. No voy a dejar que la hagas perder.

Julieta pronunció cada palabra como una advertencia.

Daniel respiró hondo.

—Déjanos solos. Voy a hablar con ella.

Beatriz se incorporó y le apretó la mano a su amiga. Después volvió la cara.

Julieta entendió y salió de mala gana.

Daniel se aflojó la corbata y se sentó junto a Beatriz. Intentó tomarla del brazo. Ella se lo quitó.

—No hagas esto, por favor. Estoy muy cansado.

Beatriz no respondió. Al cabo de unos segundos empezaron a temblarle los hombros.

Otra vez estaba llorando.

A Daniel le dolió como si le clavaran agujas en el pecho.

—Perdóname. Es culpa mía.

La abrazó por detrás. Ella forcejeó, pero él no la soltó.

—La empresa está en problemas. Se están cayendo los proyectos, perdimos muchísimo dinero y en mi casa no dejan de pelear. No he sabido estar pendiente de ti.

Acercó el rostro a su cabello.

—Con Camila no pasa nada. Su enojo está afectando el trabajo. Solo quería tranquilizarla.

Beatriz dejó de resistirse y escuchó.

—Todavía la necesitamos. Si empieza a sospechar, nos complicará todo. ¿De verdad confías tan poco en mí?

Había amargura en su voz.

—Ya te dije que tengo miedo —susurró ella—. Han pasado tantos años... ¿Y si ya no sientes lo mismo?

Daniel la volvió con cuidado hacia él. Tenía lágrimas en la cara y olía a alcohol. Nunca le había parecido tan desamparada.

La joven que una vez lo había llevado a cuestas por la nieve durante tres días y tres noches también necesitaba que alguien la protegiera.

Años atrás, Daniel se había perdido durante un campamento de invierno en la montaña. Cayó la noche y la tormenta lo dejó rodeado de nieve.

Creyó que iba a morir congelado.

Entonces escuchó una voz. Una voz cálida que le pedía que no se durmiera.

Lo acompañó durante tres días y tres noches.

Más tarde supo que alguien lo había cargado hasta sacarlo de allí. Buscó a esa persona durante mucho tiempo, hasta descubrir que era Beatriz.

—Te debo la vida. Juré que iba a pagarte lo que hiciste por mí durante el resto de mis días. Eso no va a cambiar. Y si no cumplo...

Ella le tapó la boca antes de que terminara.

Con el rostro encendido y los ojos húmedos, apoyó la cabeza en su hombro.

—No digas cosas así. Confío en ti. Pero a veces no puedo evitar pensar... Camila y tú llevan dos años viviendo juntos.

Daniel le acarició una mejilla y sonrió.

—Hay personas que ves una sola vez y sabes que van a quedarse contigo toda la vida.

Hizo una pausa.

—Otras solo están de paso. Puedes conocerlas durante años y aun así no estar destinado a quedarte con ellas.

El recuerdo de aquella montaña seguía dándole una calidez que nunca había encontrado en nadie más. Ni siquiera en sus padres.

Por eso estaba dispuesto a entregarlo todo por Beatriz.

Ella era su vida.

Camila también era una buena mujer. A veces conseguía hacerlo dudar. Ni él sabía si lo que sentía era culpa o algo más.

Pero eso no cambiaba nada.

Cuando por fin llegaron a casa eran las dos de la mañana.

Daniel acompañó a Beatriz a su habitación sin hacer ruido. No quería despertar a Camila.

Miró la puerta cerrada de su cuarto.

No podía llevar dos noches fuera. Estaría enojada, pero sabía cuándo detenerse. Seguro ya estaba dormida.

Además, en la entrada seguía el par de zapatos caros que él le había regalado. Sus favoritos.

A pesar del cansancio, se acercó a la habitación y puso la mano en el picaporte.

Unas pisadas rápidas lo interrumpieron.

—¡Papá!

Daniel le hizo una seña urgente a Nicolás para que bajara la voz.

El niño frunció el ceño y miró con odio la puerta de Camila.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no estás dormido?

Daniel lo alzó y se alejó con él, hablándole junto al oído.

—Mamá está vomitando...

Él se tensó.

—Ya te dije que no la llames mamá. Aquí le dices Beatriz. Tu mamá es Camila.

—¡No es mi mamá! ¡Es una bruja que trata mal a mi mamá de verdad!

La expresión de Daniel se volvió helada.

—Atrévete a repetirlo.

Nicolás lo miró, asustado, y cerró la boca.

Al volver al dormitorio encontraron a Beatriz vomitando sin parar en el baño.

Daniel no llamó al personal. Temía que el ruido llegara hasta el cuarto de Camila. Buscó lo que necesitaba para ayudar a Beatriz, le llevó un medicamento y entró para limpiarla.

Cuando ella se sintió un poco mejor, se quedó sentado junto a su cama.

—Bea...

—¿Sí?

Daniel miró su rostro pálido y se guardó lo que iba a decir.

Nicolás siempre había sido hostil con Camila. Desde que Beatriz regresó, estaba peor. Acababa de llamarla mamá donde alguien podía oírlo.

Quería pedirle que hablara con el niño, pero no era el momento de volver a mencionar a Camila.

—Nada. No vuelvas a beber así. Tu cuerpo no lo soporta.

—No va a repetirse. Ve a descansar tú también.

Beatriz sonrió un poco al verlo tan preocupado por ella.

—Ya no tengo tanto sueño. Me quedo hasta que te duermas. Así estaré más tranquilo.

Ella sabía que no lo convencería. Le tomó la mano y cerró los ojos.

Daniel se quedó observándola.

Había algo extraño en aquel rostro tan conocido. La mujer que antes le parecía tan comprensiva ahora conseguía dejarlo sin aire.

Y Camila...

Su imagen volvió a aparecer sin que pudiera evitarlo.

Ella, en cambio, parecía cada vez más serena. Más distante.

A la mañana siguiente, Daniel eligió a propósito una camisa que Camila le había comprado.

La esperó en el comedor.

Pero terminó de desayunar y ella no apareció.

—¿Y la señora? ¿Todavía no se levanta? —preguntó a una empleada.

Beatriz se quedó rígida al oír cómo la llamaba.

La empleada miró a Daniel.

—La señora lleva varios días sin quedarse aquí...

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