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Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor de la infancia / Romance de oficina / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Sinopsis
​Atrapada durante una década en un matrimonio marcado por el maltrato psicológico y el control asfixiante de su esposo Esteban, Sofía ha visto cómo su brillante formación y su autoestima se consumían en el silencio. Su vida da un vuelco inesperado cuando un viaje de trabajo la reencuentra con Mateo, un amigo de la infancia convertido en un poderoso líder corporativo que jamás olvidó la promesa de protegerla.
​Con el apoyo inquebrantable de Mateo y la firmeza de la justicia, Sofía logra romper sus cadenas, enfrentar a su agresor en los tribunales y transformar su dolor en un faro de esperanza al fundar un centro de apoyo para mujeres víctimas de violencia. Entre batallas legales, la reconstrucción de su propia identidad y un amor maduro que desafía las sombras del pasado, Sofía redescubre su libertad y aprende que ningún infierno es eterno cuando se decide volver a empezar bajo el mismo cielo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Acercamiento peligroso

​El trayecto continuó en un silencio denso, interrumpido únicamente por el zumbido constante del motor y el murmullo lejano de las llantas sobre el asfalto mojado. Yo me había encogido en mi asiento, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada perdida en el paisaje que se desvanecía a través de la ventanilla. La sensación de vértigo era absoluta. Al cortar la llamada de Esteban, Mateo había cruzado una línea de no retorno, y yo sabía perfectamente que las consecuencias de ese acto estallarían con toda su fuerza en cuanto el fin de semana llegara a su fin. Sin embargo, por debajo del terror que amenazaba con paralizar mis pulmones, una extraña y peligrosa corriente de alivio comenzó a recorrer mis venas. Por primera vez en años, alguien se había atrevido a plantarle cara a mi esposo.

​—Llegamos —anunció Mateo de repente, rompiendo el largo silencio con voz suave mientras reducía la velocidad del vehículo.

​Giró el volante hacia la entrada de un hotel boutique de estilo colonial, ubicado en las afueras de la pequeña ciudad costera. El lugar conservaba el encanto rústico de nuestra infancia: paredes blancas, techos de tejas de barro y un patio central adornado con buganvillas que estallaban en tonos fucsias intensos bajo la luz de la tarde.

​—He reservado dos habitaciones separadas, Sofía —aclaró Mateo de inmediato, deteniendo el auto frente al porche principal y apagando el motor, anticipándose a cualquier rastro de incomodidad o recelo en mi expresión—. Aquí estás segura. Nadie te va a encontrar, y nadie va a molestarte.

​Bajamos del auto y nos registramos en la recepción con una formalidad estrictamente ejecutiva. El recepcionista, un hombre mayor de sonrisa amable, nos entregó las llaves correspondientes a las habitaciones del ala este, ambas con vista al jardín interior. Al cruzar el umbral de mi estancia, un espacio amplio, limpio y bañado por la cálida brisa del trópico, sentí que por fin podía respirar un poco de aire puro sin el peso constante de una mirada inquisitoria sobre mi espalda.

​Apenas hube dejado la maleta sobre la cama, llamaron a mi puerta. Al abrir con cautela, encontré a Mateo de pie en el pasillo, con las mangas de la camisa arremangadas hasta los codos y una expresión de genuina preocupación en el rostro.

​—¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo? —preguntó sin cruzar el umbral, respetando mi espacio con una delicadeza que me conmovió profundamente.

​—Estoy bien, Mateo. Solo... un poco abrumada por todo —admití, bajando la vista hacia el suelo de baldosas de arcilla—. Aún no puedo creer que esté aquí, fuera de casa, sin que las paredes se cierren sobre mí.

​—Pues acostúmbrate, porque este es solo el primer paso —respondió él con una media sonrisa nostálgica que iluminó por un instante sus ojos oscuros—. ¿Te apetece dar un paseo por la playa antes de que anochezca? Hay algo que quiero mostrarte.

​Dudé un segundo, sopesando el riesgo y el miedo, pero la brisa salada que se filtraba por los pasillos abiertos del hotel terminó por convencerme. Asentí en silencio y salimos juntos hacia la costa.

​El camino hasta la playa vecina apenas nos tomó diez minutos a pie. A medida que nos acercábamos, el sonido inconfundible de las olas rompiendo contra la orilla comenzó a llenar el aire, mezclándose con el canto lejano de las gaviotas. El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados, naranjas y púrpuras intensos, exactamente bajo el mismo firmamento que tantas veces habíamos contemplado de niños.

​Caminamos por la arena húmeda, descalzos, sintiendo el frescor del agua acariciarnos los tobillos. Durante los primeros minutos reinó un silencio cómodo, lleno de recuerdos no expresados, hasta que Mateo se detuvo junto a los restos de un viejo muelle de madera carcomida por el tiempo.

​—¿Te acuerdas de este lugar, Sofía? —preguntó él en un susurro, señalando con la barbilla los pilares semihundidos en la espuma—. Aquí nos sentábamos a hablar de lo que haríamos cuando fuéramos grandes. Tú decías que viajarías por el mundo descifrando los misterios de la naturaleza, y yo prometía que construiría un imperio solo para asegurarme de que nunca te faltara nada.

​Una amargura sutil se instaló en mi garganta, y no pude evitar que una sonrisa triste se dibujara en mis labios.

​—Mira en qué terminamos —respondí con la voz quebrada, mirando mis manos—. Yo convertida en una sombra que esconde golpes bajo las mangas largas, y tú... un director poderoso que me rescata de mi propio desastre.

​Mateo dio un paso rápido hacia mí, acortando la distancia que nos separaba. Sus manos se extendieron con firmeza y tomaron las mías, ahuecándolas entre las suyas con una calidez que desafiaba la brisa fresca de la tarde.

​—No eres una sombra, Sofía —dijo con una intensidad feroz, mirándome fijamente a los ojos, obligándome a sostenerle la mirada—. Eres la misma niña brillante y valiente que jugaba conmigo aquí. Y te juro, por este mismo cielo que nos ve hoy, que voy a devolverte la luz que ese cobarde te robó. No importa lo que cueste, no voy a permitir que vuelvas a cruzar la puerta de esa casa.

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alicia g
en el mundo hay muchas sofias que no an encontrado un mateo que la ayude y no pudieron salir de ese destino tan cruel que le an tocado ,felicitaciones escritora, excelente tu historia
Manu
Tu trabajo es excelente. Tienes una fan que lee todas tus novelas y siempre se queda con un wao, que historia más bonita.
Manu
Me has dejado pasmada con esta historia. Y creo que algo que viven muchas mujeres. Me encanta eso que escribes y al final hay un reflexión, no es escribir novelas vacías.. Admiración full. 🥰
Marta Gutierrez: para reflexionar
total 1 replies
Manu
Se me hizo chiquito el capitulo 😭
Manu
Que buenos capítulos 🥰
Manu
🥰👏
Cliente anónimo
Está súper interesante
Marta Gutierrez
me encanta la historia muy bien escrita felicitaciones
Marta Gutierrez
está muy buena está historia de 💕
Judy
Una historia de esperanza y amor! Felicitaciones!
Judy
Una realidad dolorosa que sufren a diario muchas mujeres, plasmada en esta historia que emociona y da esperanza, Gracias! Felicitaciones
Manu
Que buen inicio 👏
Alexandra Ortiz Posada
Ojalá Sofía reflexione y no siga siendo la chica tonta que no se aleja de su opresor ni se deja ayudar
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