Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.
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Capítulo 13 La última foto de mi princesa
Después de salir del hospital, me fui directo a mi casa.
No quería hablar con nadie.
Solo quería encerrarme en mi cuarto y llorar, aunque sabía que afuera estaba mi papá esperándome.
Apenas llegué, estacioné el carro y entré.
Mi papá estaba en la sala.
—¡Steven! ¿Dónde estabas metido toda la noche?
No respondí.
—Te estoy hablando, mijo.
Seguí caminando.
—¡Y además te llevaste el carro sin permiso! ¿Vos qué pensabas?
Me quedé quieto por unos segundos.
Normalmente le habría respondido, pero ese día no tenía fuerzas ni para discutir.
—Perdón, pa.
—¿Perdón? ¿Eso es todo? ¿Sabés el susto que me pegaste?
Bajé la cabeza.
—Sí.
—¿Qué te pasa?
No podía decirle nada.
Si abría la boca, sabía que iba a comenzar a llorar.
Mi papá me miró unos segundos y finalmente notó que algo no estaba bien.
—¿Y Valeria?
Sentí que el pecho se me apretó.
—Papá…
La voz se me quebró.
Él dejó de reclamarme.
—¿Qué pasó?
No pude responder.
Simplemente subí las escaleras.
Entré a mi habitación, cerré la puerta y me quité la gorra.
La lancé sobre una silla y me dejé caer en la cama, boca abajo.
Y ahí sí…
Lloré.
Lloré como nunca antes había llorado.
Durante todo el tiempo que estuve en el hospital intenté mantenerme fuerte.
No porque no estuviera destruido, sino porque Yuliana necesitaba que alguien estuviera ahí.
Era su mamá.
Ella acababa de perder a su hija.
Yo podía llorar después.
Tenía que ser fuerte por ella.
Pero ahora estaba en mi cuarto.
Solo.
Y ya no tenía que fingir.
—¿Por qué, Valeria? —dije entre lágrimas—. ¿Por qué te fuiste?
Golpeé suavemente la almohada.
—Vos me dijiste que me amabas…
Las lágrimas seguían cayendo.
—Y yo también te amaba.
Me quedé mirando el techo durante varios minutos.
Entonces recordé mi celular.
Lo agarré de la mesa de noche.
Abrí la galería.
Y ahí estaba ella.
Una fotografía que me había mandado antes de ir al colegio.
La recordé perfectamente.
Ese día me había escrito:
Valeria:
Amor, mirá mi uniforme nuevo.
Después me había enviado la foto.
Yo le había respondido:
Estás hermosa, princesa.
Ella había contestado:
¿Sí?
Sí, mi amor.
Ahora esa fotografía tenía un significado completamente diferente.
La miré durante varios segundos.
Valeria estaba sonriendo.
Parecía feliz.
Parecía que el mundo todavía estaba entero.
Me quedé acariciando la pantalla con el dedo.
—No sabía que esa iba a ser tu última foto…
Volví a llorar.
Entonces tuve una idea.
Abrí una aplicación de inteligencia artificial y escribí exactamente cómo quería que quedara la imagen.
Quería conservar aquella fotografía para siempre.
No quería cambiar su rostro ni convertirla en alguien diferente.
Solo quería darle un fondo bonito, lleno de luz, como si estuviera en un lugar tranquilo, rodeada de nubes y cielo.
Esperé unos segundos.
Cuando apareció el resultado, me quedé mirándolo.
Era hermosa.
Sentí nuevamente un nudo en la garganta.
—Así te voy a recordar.
Guardé la imagen.
Después abrí mis redes sociales.
Me quedé dudando.
¿Realmente quería publicarla?
Sí.
Quería que todos supieran lo importante que había sido Valeria para mí.
Subí la fotografía.
Escribí unas palabras:
“Descansa en paz, mi princesa. Gracias por haber sido parte de mi vida. Te voy a amar y recordar siempre. Te amo, mi reina”
Publiqué la imagen.
En cuestión de minutos comenzaron a llegar mensajes.
Amigos.
Compañeros.
Personas del colegio.
Todos preguntaban qué había pasado.
Pero yo no quería hablar.
No tenía fuerzas.
El teléfono comenzó a sonar nuevamente.
Miré la pantalla.
Era Dailyn.
Mi mejor amiga.
Me había llamado varias veces.
No contesté.
Volvió a llamar.
La dejé sonar.
Después llegó un mensaje.
Dailyn:
Steven, por favor, contestame. Estoy preocupada por vos.
Miré el mensaje.
Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
Ella no sabía que yo había visto la última fotografía de Valeria.
No sabía lo que había pasado dentro de aquella habitación.
No sabía que yo sentía que una parte de mi vida había desaparecido.
El teléfono volvió a sonar.
Dailyn otra vez.
No contesté.
No quería hablar con nadie.
Ni siquiera con mi mejor amiga.
Me quedé abrazado a la almohada, mirando la fotografía de Valeria en mi celular.
—Te extraño, princesa.
Y aquella noche entendí algo que jamás había querido aceptar:
hay despedidas que uno escucha con los oídos, pero que el corazón tarda muchísimo más en entender.