NovelToon NovelToon
BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Villana / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Hace quince años, la dejaron en la calle, hambrienta y sin esperanza, con dos niños pequeños y una madre agonizante. Hoy, es "La Tiburón" en los corporativos de alta alcurnia y "El Demonio", la implacable jefa de la mafia que controla el país desde las sombras. Cuando su despreciable exmarido regresa buscando destruirla con la complicidad de la esposa de un poderoso magnate industrial, descubrirán demasiado tarde que han despertado al monstruo equivocado. Una guerra de poder, finanzas y venganza donde el amor y la supervivencia bailan al filo de una navaja.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LEALTADES AL DESNUDO

​El refugio temporal era un apartamento blindado en el distrito financiero, un búnker urbano donde las paredes de concreto disimulaban el caos del exterior. La adrenalina de la incursión en la mansión de Bárbara se había desvanecido, dejando paso a la cruda realidad de los cuerpos golpeados. Amelia estaba sentada en el borde de un sofá de cuero oscuro, con los dientes apretados mientras intentaba quitarse el chaleco táctico. La herida superficial en su hombro, abierta por el esfuerzo del forcejeo, había vuelto a sangrar, manchando la tela oscura de su ropa con un rastro escarlata.

​—Quédate quieta, por Dios —dijo Natalia Robles, la doctora y confidente de confianza, acercándose con un maletín médico abierto.

​Natalia, con la eficiencia clínica que la caracterizaba, comenzó a limpiar la sangre con gasa y antiséptico. Amelia siseó levemente por el ardor, pero no apartó la mirada de la puerta. A pocos metros, Sebastián observaba la escena con una rigidez absoluta. No era solo el hecho de ver a la mujer que amaba herida; era el desconcierto que lo tenía paralizado.

​Bruno Ríos estaba de pie junto a la ventana, cruzado de brazos, revisando una tablet con los reportes de seguridad del puerto.

​—Tienes la piel dura, Castañeda —comentó Natalia sin levantar la vista de la herida, mientras preparaba una sutura rápida—. Pero algún día vas a dejar de buscar balas con el cuerpo.

​Sebastián dio un paso al frente, la confusión y una chispa de incredulidad destellando en sus ojos oscuros.

—Espera un momento... —su voz sonó ronca, cortando el aire del búnker—. ¿Tú sabías quién era ella? ¿Sabías que no era solo una empresaria con carácter fuerte, sino... esto?

​Natalia levantó la vista, deteniendo la aguja por un segundo. Miró a Sebastián con una mezcla de paciencia y diversión contenida, antes de dirigir su mirada hacia Amelia, que se encogió de hombros con una naturalidad pasmosa.

​—¿De verdad creíste que una mujer como Amelia podía construir un imperio logístico y mantener a raya a los clanes del puerto sin un equipo que le cubriera las espaldas desde las sombras, Sebastián? —preguntó Natalia con total calma, volviendo a su tarea de coser la herida—. Lo he parcheado tantas veces que ya tengo una tarifa fija por cada balazo.

​Sebastián se quedó mudo. Giró lentamente la cabeza hacia Bruno, buscando una negación, una señal de que se trataba de una broma pesada o de una locura compartida. Pero el enforcer ni siquiera se inmutó; se limitó a asentir con la cabeza en un saludo mudo.

​—El jefe pensaba que eras el único que no sabía nada —añadió Bruno con una media sonrisa irónica—. Aunque, siendo honestos, tardaste bastante en darte cuenta de que no estabas saliendo con una simple ejecutiva de finanzas.

​Sebastián sintió que el suelo se le movía bajo los pies. Toda su vida había estado rodeado de gente predecible, de socios corporativos que mentían con corbata y trajes caros. Había creído que él era el salvador oscuro que había entrado en la vida de Amelia para rescatarla de un entorno peligroso. Ahora, la realidad lo golpeaba como un tren de carga: ella no necesitaba rescate. Ella había estado operando en un nivel de letalidad y poder que superaba con creces cualquier cosa que él hubiera manejado en el mundo corporativo. Y su círculo íntimo —su mejor amiga médica y su leal enforcer— habían sido cómplices de esa doble vida desde el primer día.

​—¿Sabías todo sobre mí, sobre mis operaciones, sobre los riesgos... y aun así te quedaste? —preguntó Sebastián, mirando directamente a Amelia, con una mezcla de fascinación y una ligera punzada de orgullo herido.

​Amelia dejó escapar un suspiro, permitiendo que Natalia terminara el vendaje antes de ponerse de pie. Caminó hacia él, deteniéndose a pocos centímetros, con sus ojos ámbar brillando con esa intensidad magnética que lo había cautivado desde el principio.

​—Nunca te mentí sobre lo importante, Sebastián —respondió ella con suavidad, rozando con los dedos la solapa de su saco—. Te dije que mi mundo no tenía leyes comunes. Te advertí que cruzar esta línea cambiaría tu vida para siempre. ¿Qué esperabas? ¿Que una mujer con mi pasado jugara al golf los fines de semana?

​Sebastián la observó en silencio durante unos largos segundos. El peso de la revelación se fue disipando, reemplazado por una comprensión más profunda. Ya no había secretos entre ellos, ni fachadas corporativas, ni identidades ocultas. Eran lo que eran: dos depredadores alfa que habían decidido dejar de cazarse mutuamente para devorar el mundo juntos.

​Una sonrisa lenta, oscura y peligrosamente atractiva se dibujó en el rostro de Sebastián. Extendió la mano, tomando el mentón de Amelia con firmeza.

​—No esperaba menos de ti, Castañeda —murmuró él, con la voz cargada de una nueva y definitiva complicidad—. Si hubiera sabido en qué te metías desde el principio, te habría ayudado a quemar ese puerto mucho antes.

​Natalia carraspeó desde el fondo de la habitación, guardando los instrumentos quirúrgicos en su maletín.

—Muy bien, tórtolos. La herida está cerrada, el ego del magnate está intacto, y la policía sigue buscando el cuerpo de Patricia. Si terminaron con su momento dramático de revelaciones, ¿podemos planificar el siguiente movimiento antes de que los federales nos encuentren?

​Amelia rió, una carcajada genuina que rompió la última tensión que quedaba en el ambiente. Se giró hacia su equipo, sintiendo la fuerza inquebrantable de la estructura que había construido.

​—Natalia tiene razón —dijo Amelia, recuperando el tono de comandante—. El imperio de Bárbara está acéfalo, y los activos de Patricia están listos para ser absorbidos. Bruno, prepara a los hombres. Sebastián... creo que tenemos un par de corporaciones que nacionalizar bajo nuestros propios términos.

​El juego había terminado de cambiar. Ya no eran dos mundos chocando; eran una sola fuerza imparable dispuesta a reescribir las reglas del poder.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play