El frío de la oficina era lo único que conocía. Durante diez años, mi vida se resumió en trabajo, números y ambición. Para el mundo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, y jamás me detuve a buscar el amor. Hasta que el médico me entregó ese sobre blanco. Una sola palabra lo cambió todo: terminal. Tres meses. Noventa días de vida. Al salir a la calle, el mundo siguió girando sin mí. Pensé en llamar a mi madre, pero supe que solo me pediría dinero. Entendí que si moría mañana, nadie me lloraría de corazón. Había levantado un imperio millonario, pero jamás me había permitido vivir. Con la muerte enfrente, el miedo desapareció por completo. Si me quedaban solo tres meses, rompería cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva toda mi vida. Caminé directo al edificio de enfrente y subí al último piso sin pedir permiso. Entré decidida al despacho de mi mayor rival en los negocios, el único hombre capaz de sacarme de quicio y el que jamás pensaría en elegir. Él levantó la vista sorprendido, luciendo esa sonrisa arrogante de siempre. Lo miré fijamente a los ojos, sintiendo por primera vez una libertad absoluta, lista para vivir aunque sea una farsa.
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Capítulo VIII Marcando territorio y orden
Punto de vista de Victoria
Sentí la vibración de sus pasos antes de escucharlos. No necesitaba darme la vuelta para saber que Sebastián se abría paso entre la multitud directo hacia mí; la presión en mi espalda y el cosquilleo en la nuca lo delataban a metros de distancia.
Apreté los dientes, manteniendo la compostura mientras me despedía de un grupo de inversionistas. El dolor en el vientre me dio un tirón sordo, pero me obligué a exhalar despacio, erguida como una estatua.
—Veo que los milagros médicos existen, Valenzuela —la voz profunda de Sebastián sonó a mi espalda, baja y cargada de esa ironía que me erizaba la piel.
Me giré despacio, clavando la mirada en sus ojos. Lucía impecable. Traje a la medida, la corbata ajustada y dos copas de champán en las manos. Su mirada, sin embargo, no era la de un hombre en una fiesta; me estaba escaneando, buscando en la palidez de mi rostro o en la rigidez de mis hombros el menor indicio de fatiga.
—No existen los milagros, Alarcón. Solo la disciplina y el compromiso con mis negocios —respondí con una serenidad cortante—. Deberías probar ambas cosas algún día.
Sebastián esbozó una sonrisa lenta, de esas que solían desarmar a cualquiera en una sala de juntas, y me ofreció una de las copas.
—Traje esto para ti, aunque sospecho que tu médico preferiría que estuvieras tomando agua... o descansando en una cama, como una persona normal.
—No necesito que vigiles mis hábitos ni mi salud —espeté, rechazando la copa con un gesto distante—. Vine a cerrar el acuerdo con Onetto, no a recibir supervisión médica de mi competencia.
—No estoy actuando como tu competencia, Victoria —murmuró, dando un paso casi imperceptible hacia mí, lo suficiente para que su perfume a madera y pimienta me envolviera por completo.
Bajo la luz tenue de los candelabros, sus ojos brillaron con una intensidad abrumadora—. Estoy tratando de evitar que te desmayes otra vez en medio de un salón lleno de buitres. Si caes aquí, no voy a ser el único que te sostenga.
Punto de vista de Selene
No iba a quedarme parada al fondo viendo cómo se devoraban con la mirada.
Ajusté el escote de mi vestido esmeralda, me dibujé la sonrisa más encantadora que pude ensayar y me abrí paso entre los invitados. Victoria podía creerse la reina del evento, pero yo tenía a mi favor la carta que ella jamás sabría jugar: la espontaneidad y la calidez.
—¡Sebastián! —intervine con voz melodiosa, colándome justo en el espacio entre los dos—. Qué sorpresa tan maravillosa encontrarte aquí.
Sebastián no pestañeó de inmediato. Le tomó un segundo entero desviar los ojos de Victoria para registrar mi presencia, y cuando lo hizo, la chispa de atención que llevaba en la mirada se apagó por completo, reemplazada por una cortés pero glacial indiferencia.
—Buenas noches —respondió él, con un tono neutro que me heló la sangre.
—Soy Selene, la hermana de Victoria —me apresuré a decir, extendiendo la mano con delicadeza mientras dejaba caer mi mirada sobre la suya con intención—. Hemos coincidido en un par de eventos corporativos antes, aunque claro, entre tanto bullicio y con mi hermana siempre arrastrándome a reuniones aburridas, no habíamos tenido la oportunidad de conversar a solas.
Esperaba una sonrisa, un destello de interés o al menos un halago sobre mi vestido. Pero Sebastián apenas me estrechó la mano con firmeza ejecutiva, soltándola en un segundo.
—Mucho gusto, Selene —dijo secamente, sin una sola pizca de la fascinación que le regalaba a Victoria hacía un instante.
—Estaba diciéndole a mi madre lo impecable que está la organización —continué, inclinándome ligeramente hacia él para forzar su cercanía—. A diferencia de Victoria, que solo piensa en números y contratos hasta en una fiesta benéfica, a mí me encanta disfrutar de la buena compañía. De hecho, me preguntaba si...
—Disculpa que los interrumpa —la voz de Victoria sonó fría, afilada y absolutamente dominante. Me miró con un desdén que me hirió el orgullo—. Selene, mamá te está buscando cerca del escenario. Creo que quería que la acompañaras a saludar a la señora Castañeda.
—Mamá puede esperar un momento, Victoria... —protesté, apretando los dientes.
—No, no puede —me cortó Victoria sin elevar la voz, pero con una autoridad que no dejaba espacio a réplicas—. Ve.
Giré a mirar a Sebastián esperando que dijera algo, que me pidiera que me quedara o que mostrara algún fastidio por la actitud de mi hermana. Pero él ni siquiera me estaba mirando. Tenía la vista fija en Victoria, observando con una mezcla de diversión y respeto contenido cómo su rival marcaba territorio y ponía orden en su propia familia sin perder el aliento.
Me tragué la humillación, di media vuelta y caminé hacia la barra echando chispas por los ojos. Mi hermana acababa de arruinar mi momento, pero la forma en que él la miraba como si nadie más en esa fiesta existiera me daba ganas de gritar de rabia.