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Deseada por mi esposo y su enemigo

Deseada por mi esposo y su enemigo

Status: Terminada
Genre:Poli amor / Triángulo amoroso / Romance oscuro / Harén Inverso / Ella Mayor Que Él / Completas
Popularitas:24.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella



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Capítulo 15

Capítulo 15: El juramento de meñiques

Una semana entera de guerra fría, y la primera llamada de Sebastián no fue para hacer las paces.

—Mi papá tuvo un infarto —dijo, la voz rasgada de un modo que Jenny no le conocía—. Los médicos no aseguran que aguante. Voy en camino por ti.

Cayó una hoja de fresno al otro lado de la ventana, amarilla, girando. Otoño en la ciudad. Jenny se cubrió el cuello con la bufanda de lana antes de bajar.

En el Rolls-Royce, con Iker de copiloto y el chofer al volante, Sebastián iba con la vista clavada al frente y los nudillos pálidos sobre la rodilla.

—Jenny. —Bajó la voz—. ¿Sigues enojada? Lo de la otra vez... lo puedo explicar.

Ella miró por la ventanilla los árboles pelándose de a poco. Una semana antes, esa frase la habría deshecho. Ahora la oía de lejos, como quien oye la radio de otro coche.

—No es momento —dijo—. Tu papá te necesita.

Él no insistió; había oídos de más en el coche. Y Jenny descubrió, casi con asombro, que hasta la culpa se le había desinflado. Nada más quería una actitud. Que me demostrara que le importaba. Con eso me bastaba. No había llegado, y algo dentro de ella se había cerrado con llave.

Iker, adelante, fingía revisar su tableta. El chofer manejaba con la vista fija. Sebastián abrió la boca una vez más, la volvió a cerrar. Aquel hombre que despachaba juntas de mil millones con dos frases no sabía cómo pedirle perdón a su mujer en un coche con dos testigos. Jenny casi sintió lástima. Casi. La bufanda le picaba en el cuello, y bajo la bufanda estaban las marcas que él no sabía, y de solo pensarlo se le revolvía el estómago con una mezcla de miedo y de rara, amarga satisfacción.

Mientras avanzaban por el Periférico, Jenny repasó lo que sabía del enfermo al que iban a ver. Don Fernando se había retirado antes de los sesenta, doblado por la enfermedad, y le había cedido el mando a Sebastián: un director general jovencísimo, un prodigio de los negocios que se impuso a un consejo entero que lo creía demasiado verde. Hacía apenas dos años el viejo se había dedicado por fin a tratarse en serio. Y ayer, de golpe, el infarto. Lo habían atendido a tiempo, decían. Decían.

El Hospital del Carmen los recibió con su silencio de mármol y su olor a antiséptico caro. Don Fernando estaba en la habitación VIP, pálido contra las almohadas, rodeado de aparatos. A pesar de todo, cuando vio entrar a Jenny, el viejo hizo el esfuerzo de sonreír. Siempre había sido lo contrario de su esposa: donde doña Constanza clavaba alfileres, don Fernando ponía la mano tibia. Fue él quien impuso aquella boda contra la negativa de todos; fue su firma la que, años atrás, salvó a la empresa Fonseca de la quiebra.

—Ustedes... —murmuró, buscando la mano de su hijo y la de su nuera—. Deben... llevarse bien. Prométanmelo.

A Jenny se le apretó la garganta. Sebastián le pasó el brazo por los hombros y la atrajo hacia sí, y los dos, frente a la cama del enfermo, actuaron de matrimonio enamorado con una destreza que a ella le supo a ceniza.

—Se lo prometemos, papá —dijo Sebastián.

Jenny asintió, incapaz de hablar. El viejo era el único de esa familia que la había tratado con cariño desde el principio; el único que, cuando doña Constanza la humillaba en la mesa, cambiaba de tema con suavidad para protegerla. Verlo así, gris contra las almohadas, apenas capaz de juntar las manos de los dos, le apretó el pecho de un modo que ni ella esperaba. Le tomó la mano libre y se la apretó.

—Póngase bien, don Fernando —le dijo bajito—. Se lo pido yo.

El viejo sonrió con los ojos cerrados.

La visita fue corta. Doña Constanza y Sebastián se quedaron a hablar con el médico, y Jenny salió al pasillo a respirar. Ahí la esperaban los buitres.

Eran los parientes colaterales de los Alcántara: un tío de sonrisa aceitosa, una tía política con collar de perlas, dos sobrinos con cara de aburrimiento. La rodearon con esa cortesía que corta.

—Pobre criatura —dijo la tía, mirándola de arriba abajo—. De familia tan humilde, una no puede pedirle que sepa las reglas de una casa como esta.

—Se nota que no la educaron para estos círculos —remató el tío.

Jenny los dejó terminar. Después sonrió.

—Qué curioso que estén tan pendientes de la salud de don Fernando justo ahora. —Ladeó la cabeza—. Será porque en el fideicomiso del señor hay guardada una fortuna, y a ustedes se les está haciendo agua la boca.

La tía palideció.

—Cómo te atreves...

—Me atrevo bajito, no se apure. —Bajó la voz, dulcísima—. Aunque, ¿saben qué? Mejor hablo más fuerte. El licenciado sigue en la habitación con la familia, y capaz que le interesa oír quién anda calculando la herencia con el paciente todavía vivo. —Alzó el tono un poco—. ¿Le hablo?

Los buitres se replegaron. Jenny los miró irse, y articuló con los labios, sin voz, muy clara: montón de idiotas. Dio media vuelta hacia el elevador.

Las puertas se abrieron y ahí estaba Lucas.

Recargado en la pared del elevador, el brazo ya casi sano fuera del cabestrillo, la miró con una ternura que a ella le heló la sangre por el lugar y el momento. Jenny entró, las puertas se cerraron, y él, disimulando, le enganchó el meñique con el suyo y le apretó la mano.

—¿Qué haces aquí? —susurró ella, mirando alrededor, aterrada de que apareciera alguien conocido.

Lucas articuló sin voz, los ojos brillantes: me preocupé por ti.

Le hizo una seña hacia el cubo de escaleras. Jenny, temiendo que se le ocurriera exhibirse a propósito cuando Sebastián bajara, lo siguió al hueco oscuro y frío de la escalera de servicio. Apenas cerró la puerta, Lucas la abrazó, hundiendo la cara en su hombro como un niño con berrinche.

—Te extrañé muchísimo.

—¡¿No te dije que no vinieras?! —Jenny lo empujó, furiosa y con el corazón desbocado—. ¡¿Estás loco?! ¡Si Sebastián te ve...!

—Ya sé, ya sé que me equivoqué. —Se le enrojecieron los ojos al instante, y bajó la cabeza—. Voy a saber guardar las distancias. No me voy a aparecer donde esté él. Lo prometo. Es que... me enteré de lo del abuelo y pensé que estarías triste y sola, y no aguanté.

—No puedes hacer esto. —Jenny se pasó las manos por la cara—. ¿Entiendes lo que me juego? La casa, el apellido, todo. Si esto se sabe, la que se hunde soy yo, no tú.

—Ya sé. —Alzó la vista, y los ojos le brillaban de verdad, húmedos en la penumbra—. Por eso vengo a esconderme en una escalera como un ladrón, Jenny. Porque sé lo que te juegas y aun así no puedo estar lejos de ti. ¿Eso no cuenta para nada?

Y así, con esa facilidad suya para prender y apagar el enojo ajeno, para volver su propia imprudencia una prueba de amor, la desarmó.

—Jenny. —Le tomó las dos manos en la oscuridad—. Vamos a hacer un trato. Lo nuestro solo lo sabemos tú y yo. No te estorbo con él. No lo provoco. No me muestro delante de él. Solo quiero mantener esto que tenemos, nada más. ¿Va?

Ella lo miró, aturdida, con la promesa que acababa de hacerle a don Fernando todavía tibia en la boca. Dos juramentos el mismo día, en direcciones opuestas, y ella en medio de los dos como una cuerda tensándose. Solo mantener esto. Sonaba tan modesto dicho así, tan sin peligro. Como si un secreto pudiera quedarse pequeño y quieto para siempre.

Asintió sin pensarlo bien, arrastrada.

—Va.

Lucas sonrió, y de pronto, con una solemnidad infantil que no cuadraba con nada de lo que estaba pasando, levantó el meñique en el aire, entre los dos, esperando.

—Júramelo. De meñiques.

Y en la penumbra de la escalera, con un hombre agonizando dos pisos arriba y su esposo a punto de bajar, Jenny alzó el meñique y lo enganchó con el de él.

1
geissell camejo
Pobrecita. En tremendo problema está metida
Nelida Poly Rivera
🤣🤣🤣🤣🤣
Nelida Poly Rivera
jaja🤣🤣🤣
Nelida Poly Rivera
esperemos que no termine mal todo ese enredo
Nelida Poly Rivera
😡😡😡
Nelida Poly Rivera
ya no me gusta lo que piensa ella 😡
Nelida Poly Rivera
que insufrible este tipo 😡
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🙈
Nelida Poly Rivera
que pesado ese niñito😡
yeshua
Hola, es primera vez que leo algo así de bueno, seguiré leyendo cuando pueda/Smile//Smile//Applaud//Applaud/
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