¿Cuánto tiempo toma borrar a una persona que nunca fue realmente tuya?
Alba tiene cuarenta y dos canciones guardadas en una playlist titulada simplemente "Nuestra". Cuarenta y dos fragmentos de una historia que siempre vivió en el "tal vez", en las miradas a escondidas y en las promesas que se quedaron a mitad de camino.
Mateo no fue su novio. No fue un error. Fue su "casi algo": ese espacio gris donde los sentimientos son más intensos porque nunca llegan a ser oficiales. Pero ahora que el silencio entre ellos es más fuerte que la música, Alba ha tomado una decisión: cada noche borrará una canción. Y con cada canción, intentará borrar un recuerdo.
Desde el primer acorde bajo la lluvia hasta el último mensaje sin responder, Alba recorrerá el mapa de su corazón roto para entender en qué momento el "nosotros" se convirtió en un "casi".
A veces, el desamor más difícil de superar es aquel que nunca tuvo un nombre.
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El eco de lo que no fue.
Capítulo 8: El eco de lo que no fue. [Presente]
El cortafuegos no es una muralla china; es más bien una cerca de madera que cruje cuando sopla el viento. Y hoy, el viento sopla fuerte, como si quisiera arrancar cada tabla y dejarme expuesta. Estoy en la cafetería, la misma a la que íbamos los jueves, y aunque han cambiado las lámparas y el menú, el aire sigue oliendo a café barato y a promesas rotas.Intento concentrarme en mis apuntes, pero las letras se deshacen en la página como si fueran arena. El aroma del café me traiciona, me lleva de vuelta a esas tardes en que él se sentaba frente a mí, con esa sonrisa que parecía un refugio. Mi dedo roza el icono de contactos. Es una adicción silenciosa, un hábito que no confieso a nadie. Sé que está bloqueado, sé que no veré nada, pero el impulso de saber si está "en línea" es como un tic nervioso que no puedo controlar.Para frenar la ansiedad, me pongo los auriculares. El algoritmo de la playlist no tiene piedad: parece conocer mis heridas mejor que yo misma.Track 8.[Pasado]
Recuerdo el día que Mateo me dijo que se mudaba de ciudad por unos meses. No fue una tragedia griega, fue peor: fue una conversación casual, como quien habla del clima.—Es una oportunidad, Alba. No cambies esa cara —dijo él, mientras sonaba esta canción en la radio de la cafetería.Yo quería gritarle que no quería encontrar a "alguien como él", que quería que fuera él quien se quedara. Pero en lugar de eso, sonreí y le dije que todo estaría bien. Me pasé toda esa tarde escuchando a Adele, convenciéndome de que si lo amaba, debía dejarlo ir con elegancia. Qué estúpida. La elegancia no sirve de nada cuando el corazón se te está cayendo a trozos en el suelo de una cafetería barata.Él se fue prometiendo que la distancia no cambiaría nada. Y tenía razón: no cambió nada, porque él ya se había ido emocionalmente mucho antes de subirse a aquel autobús. Recuerdo su espalda alejándose, la mochila colgando como un símbolo de todo lo que yo no podía retener.[Presente]
Miento. No le deseo lo mejor. O quizás sí, pero lejos de mí. La rabia del capítulo anterior se ha transformado en un vacío pesado, como un hueco en el pecho que no se llena con nada. Me doy cuenta de que bloquearlo fue la parte fácil; lo difícil es bloquear la idea de que él ya encontró a alguien más, alguien que no tiene que borrar sus canciones para poder respirar.Saco el teléfono. Mis dedos tiemblan sobre el botón de "Desbloquear". Un solo clic y veré su cara. Un solo clic y romperé mi propia promesa. La pantalla brilla como una tentación, como un espejo que me devuelve la imagen de mi propia debilidad.Miro la pantalla. Miro el nombre del Track 8.
—No hoy —me digo en voz alta, aunque nadie me escucha.Click.
"¿Deseas eliminar esta canción de la playlist?"
Eliminar.El silencio que sigue es más fuerte que cualquier melodía. El eco de lo que no fue me acompaña, como un fantasma que se sienta a mi lado en la mesa. Afuera, el viento sigue soplando, y la cerca de madera cruje como si también estuviera cansada de sostenerse.Faltan 34 canciones. El camino se siente cada vez más largo, pero mis pasos, aunque lentos, son solo míos. Y en ese acto pequeño, en ese gesto de borrar una canción, siento que estoy reconstruyendo algo: no la historia con Mateo, sino la historia conmigo misma.Quizás algún día, cuando llegue al último track, ya no necesite mirar la pantalla para recordarme que sobreviví.