Kira Drago conocida como la "Madrina". Una de las influencias más poderosas en la mafia italiana. Muere en un atentado orquestado por el señor Vittorio.
Kira le promete a su subordinado volver, pero sabe que es su final.
...
Feng Juexing la fénix nacida para gobernar a Yanhuang es envenenada e inducida a un sueño profundo justo antes de poder pasar el nirvana y renacer. Y todo esto, hecho por su hermana Feng Fuhuo y su propio esposo humano.
Misteriosamente Kira despierta en un cuerpo que no es suyo, sino de Juexing.
Ahora como la nueva fénix, se propone recuperar el trono, reconstruir Yanhuang y desterrar todos los secretos que este nuevo mundo guarda.
Pero pronto se da cuenta que hay algo más en Yanhuang. Una energía que no debería estar ahí y parece estar ligada a Anyue, su esposo humano.
Ahora el próximo plan es buscar respuestas y solo quizás reunir las almas de Anyue y hacer que vuelva a la vida.
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Capítulo 16: Un incidente en el viaje y un clan ancestral.
La noche lentamente cayó.
Las bestias espirituales seguían moviéndose por el camino sin detenerse.
Descansarían hasta salir de aquel bosque oscuro.
El ruido de los carruajes se oía desde afuera.
Adentro el silencio reinaba, una barrera invisible alrededor del carruaje de la emperatriz silenciaba todo ruido que pudiera molestarla.
La luz de una linterna espiritual iluminaba dentro.
Hui Ying fingía dormir cerrando los ojos, recargada contra la madera. Sus oídos y esencia escaneaba a los alrededores buscando signos de peligro o presencias ajenas.
De pronto abrió los ojos, miró a Juexing que miraba ocupada un informe.
—Majestad, quédese adentro —dijo. Lanzó una pequeña corriente de qi a la placa de su cintura, un llamado al escuadrón y salió por la ventana del carruaje en silencio.
Unos minutos después los carruajes se detuvieron abruptamente.
Juexing tuvo que agarrarse de su asiento para no perder el equilibrio.
Cuando se estabilizó y escaneó con los oídos afuera. Todo parecía tranquilo. Nada fuera de lo común, solo el carruaje quieto.
Esa calma la puso en alerta de inmediato.
Y recordó el silenciador alrededor de su carruaje.
Movió la mano y la barrera de silencio fue levantada.
Los sonidos por fin llegaron.
Espadas chocando entre sí. Las bestias espirituales chillando ante el alboroto.
Y la voz de demonios ajenos.
—¡No rompan la formación! —Ordenó el comandante Jin entre todo ese ruido.
Juexing guardó sus documentos y lentamente abrió la ventana.
Lo que vio la hizo fruncir el ceño.
Un séquito de más de 100 demonios rodeaban la comitiva.
Los guardias apenas podían defenderse.
Hui Ying y su escuadrón peleaban frente a su carruaje, evitando que los maleantes llegaran a ella.
—¡Entreguen lo que llevan o mueran protegiendolo! —gritó uno de los demonios desde el frente.
—Ladrones —murmuró Juexing con molestia.
No esperaba que Yanhuang terminara tan deplorable, que incluso habían ladrones apenas unos kilómetros fuera de la capital.
Abrió la puerta.
—¡Majestad, quédese adentro! —habló la demonio águila al escuchar el click de la puerta del carruaje.
—¿Majestad? —El líder de los atacantes alzó una ceja, pero no detuvo sus ataques. Al contrario, sonrió y siguió avanzando. Porque sabía que si un noble iba acompañando esa comitiva, era natural que llevaran cosas valiosas.
Juexing puso un pie al suelo.
Su presencia fue como una roca caer contra el agua. Llenando el ambiente
La pelea cesó de golpe.
Los ladrones sintieron el peligro en el aire.
Los guardias imperiales rápidamente volvieron a sus posiciones aprovechando el momento.
Juexing bajó completamente.
Su figura resplandeciente iluminó la oscuridad.
El rojo de su túnica roja fue suficiente para que los demonios retrocedieran.
Ningún ser en todo el imperio se veía así usando un tono rojo. No como si esa túnica fuera su segunda piel espiritual.
—Bajen las armas y hablemos como seres civilizados —dijo. Levantando la palma, una flama carmesí se formó. Chisporroteando con cada segundo.
—Feng Fuhuo —el líder de los ladrones tragó saliva, pero no retrocedió—. ¡Asesina! ¡Incluso si muero, vengaré a mi gente!
Los ojos de sus seguidores se llenaron de una furia descontrolable.
—¡Matenla! —gritaron y se lanzaron a un nuevo ataque. Esta vez dirigidos al demonio que creían que era Feng Fuhuo.
—¡Protejan a su majestad! —Ordenó el comandante Jin.
Los guardias se movieron para rodear a la emperatriz.
—Mi nombre es Feng Juexing, no Feng Fuhuo —la voz de la joven resonó en todo el valle, mientras avanzaba hacia los demonios.
Con un movimiento de la mano, su qi fue convertido en una corriente carmesí que barrió al enemigo sin darles tiempo de siquiera alzar sus armas.
—¿Feng…Juexing? —El líder tardó un segundo en reaccionar y fue lanzado junto a sus subordinados a varios metros entre la oscuridad.
Los espirales de energía envolvieron el cuerpo de Juexing mientras volvía a avanzar.
—¿Ustedes quienes son? —preguntó al sentir un rastro de algo puro y antiguo provenir de los demonios, a pesar de que intentaran ocultarlo con el olor de animales muertos sobre sus túnicas grotescas.
—Nosotros somos…
Una hora más tarde, los ladrones estaban reunidos todos alrededor de una fogata a un lado del camino principal.
Las bestias espirituales descansaban sobre el pasto y los carruajes se encontraban dentro de una cúpula mágica, transparente que la emperatriz había creado para protegerlos de cualquier otro ataque.
Los guardias junto al comandante Jin y Hui Ying patrullaban a la redonda, alertas por si hubiera más amenazas.
—No esperábamos que fuera cierto lo de su despertar —dijo el líder de los demonios, llamado Lian.
—Yo tampoco —sonrió Juexing recargada contra un árbol mientras observaba el cielo nocturno, lleno de estrellas.
—Su señoría. Quiero decir, majestad, ¿cómo despertó? —Preguntó Lian, incrédulo. Sabía que hace mil años, dijeron que la futura emperatriz habia sido envenenada y que no volvería a despertar. Pero ahora ahí estaba, parada frente a ellos con una energía poderosa que le hizo recordar a su maestro.
—Solo abrí los ojos una mañana y luego interrumpí una ceremonia —se encogió de hombros ella. Era lo único que realmente pasó. Esperaba ir al infierno, pero terminó despertando en ese cuerpo.
—Supimos del alboroto que causó en la capital. Aunque creímos que era solo una actuación de Feng Fuhuo —agregó el demonio mirando el fuego de la fogata.
—¿Que fue lo que les hizo Fuhuo? —Juexing los miró finalmente—. ¿Y por qué ocultan su verdadera esencia?
Lian levantó los ojos y confrontó la mirada de la fénix. Sonrió levemente. A los ojos de otros demonios eran simples seres. Pero frente a un fénix las cosas cambiaban. Esa joven podía ver su energía pura, era bastante natural. Después de todo, los fenix estaban ligados al poder antiguo de sus ancestros. Por lo que podían sentir una conexión con la energía de ellos.
—Somos la última raza de los demonios ancestrales que quedaron después de la guerra —explicó él.
—¿La última raza? ¿Por qué nunca escuché de ustedes? —Juexing arqueó una ceja. No. Definitivamente nunca los había visto.
—En aquel tiempo nos refugiamos en las montañas de Tianya hasta que la anterior emperatriz nos encontró al sentir nuestra energía —explicó Lian.
—Entonces, ¿la emperatriz sabía de su existencia y eso tiene algo que ver con Fuhuo? —volvió a preguntar la joven. Interesada en el asunto.
Lian soltó un largo suspiro y comenzó a contar el triste desenlace del clan de los lotos blancos después de la guerra de los antiguos dioses que estalló en el pasado.
Los lotos eran criaturas puras alimentados en su crecimiento de la energía primordial de los fénix y dragones ancestrales, por lo que su constitución era especial. Una gota blanquecina de su sangre curaría venenos sin antídoto, devolvería a la vida lo que estaba muerto, incluso aumentaría el cultivo de cualquier ser. Ellos en sí mismos eran una medicina andante. Y cuando la guerra estalló, sus señores los enviaron a un lugar seguro y sellaron la entrada para que el enemigo no los encontrara. Así fue como sobrevivieron a la catástrofe que mató a todos los demonios e inmortales de sangre pura en aquel entonces. Luego de cientos y miles de años permanecieron encerrados ahí, hasta que un día la montaña que los mantenía a salvo colapsó. Su escondite fue descubierto y como no habían sabido nada de lo sucedido, trataron de volver a su vida cotidiana esta vez lejos de las civilizaciones de demonios.
Buscaron a su antiguo señor, al no encontrarlo y ver lo diferente que era el continente desde esa guerra, supieron que todas esas inigualables criaturas de la antiguedad que surcaron los cielos alguna vez, habían muerto.
Pasó un tiempo hasta que un fénix por primera vez fue visto rodando por su hogar. Y ahí fue donde conocieron a la antecesora de Juexing. Aún era joven en aquel momento. La joven fenix entendió la situación de los lotos sagrados y les ofreció un hogar donde pudieran vivir seguros sin que nadie supiera de su identidad.
Los lotos confiando en el descendiente de su señor aceptaron.
La joven emperatriz de Yanhuang los visitó regularmente.
Los siglos transcurrieron en paz.
Hasta que vieron el nacimiento de las dos fénix.
La emperatriz creyendo que Fuhuo sería la próxima soberana, los presentó ante los lotos quienes la rechazaron por llevar contaminada su sangre de fénix.
Pasó muy poco tiempo para que la misma soberana volviera arrepentida por su decisión, asegurando que esta vez elegiría a la fénix correcta y esa era: Feng Juexing.
Luego de un tiempo Feng Fuhuo volvió a su hogar, destruyó la barrera de la emperatriz y se llevó a varios de los lotos. Nadie más supo que pasó con aquellos que fueron llevados.
Los lotos presintiendo que estaban en peligro, huyeron de ese lugar y pasaron años escondiéndose en diferentes lugares. Pero siempre terminaban siendo encontrados por la conexión con Fuhuo. Y uno por uno fue cazado según las órdenes de esa mujer.
Y finalmente optaron por contaminar su propia esencia pura para despistar a los cazadores.
Así vivieron los últimos cientos de años, huyendo y camuflandose.
Juexing escuchó la historia atenta.
No podía creer que todavía existiera una raza de lotos milenarios en Yanhuang.
Aunque algo no cuadraba con esa historia, específicamente lo de Fuhuo rompiendo la protección de la anterior emperatriz.
—¿Cómo es que Feng Fuhuo entró a su hogar si su cultivo está por debajo del de la emperatriz anterior? —Preguntó.
—Uso magia corrompida —Lian apretó los puños con fuerza—. Esa energía oscura que atacó a los antiguos fénix y los destruyó. Feng Fuhuo usó eso para destruir el sello de la emperatriz.