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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

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Capitulo 15

El eco del beso aún quemaba sobre los labios de Helena, pero la revelación de la carpeta esparcida bajo sus caderas funcionó como una sacudida de agua helada. Con una fuerza nacida de la desesperación, apoyó las palmas de las manos sobre el pecho desnudo de Leonardo y lo empujó.

Esta vez, él se lo permitió. Dio dos pasos hacia atrás, acomodándose el cabello oscuro con una parsimonia que a Helena le pareció la cúspide de la insolencia.

Helena bajó del escritorio de caoba. La camisa blanca de él, arrugada y abierta en el pecho, apenas le cubría los muslos. Sus piernas temblaban, pero la rabia le devolvió la voz.

—No te atrevas a tocarme otra vez —siseó ella, señalando los documentos desparramados—. Quiero escuchar de tu propia boca la verdad, Leonardo. Sin rodeos. Sin tus besos manipuladores. Dime que todo lo que hay aquí es cierto.

Leonardo la miró. La penumbra del despacho acentuaba la compostura de sus facciones, la línea dura de su mandíbula y el brillo gris de sus ojos, helados y calculadores. No había pánico en él. Tampoco había arrepentimiento.

—Es cierto —dijo él. Su voz resonó con una frialdad aterradora, limpia de cualquier tinte de culpa—. Cada palabra, cada firma y cada movimiento.

El aire pareció escaparse de los pulmones de Helena. Aunque lo había leído minutos atrás, escucharlo admitirlo con esa indiferencia glacial fue como un golpe físico en el estómago.

—¿Por qué? —preguntó ella, la voz quebrándosele en una mezcla de rabia y dolor—. ¡Él era mi prometido! Nos arruinaste la vida a todos... A mi hermana, a mí, a mi familia. ¿Por qué demonios empujaste a Mateo a los brazos de Victoria?

—Porque Mateo era un estorbo —respondió Leonardo, dando un paso lento hacia ella. Su presencia volvió a llenar el espacio, imponente y sofocante—. Y porque nunca iba a permitir que ese imbécil te pusiera una mano encima para siempre.

—¡Era mi elección! —gritó Helena, sintiendo cómo las lágrimas de impotencia quemaban en el borde de sus ojos, aunque se negó a dejarlas caer—. ¡Era mi vida!

—No, Helena. Tu vida con él habría sido una condena —dijo él, cortando la distancia entre los dos con una calma escalofriante. Se detuvo a centímetros de ella, obligándola a levantar la vista por la diferencia de estatura—. Mateo estaba en bancarrota antes de que yo interfiriera. Su padre es un adicto al juego y él es un cobarde. Iba a usar tu nombre y la fortuna de tu familia para salvarse. Yo solo le di una salida fácil: Victoria. Tu hermana siempre quiso el título de tener al heredero de los inmobiliarios, y Mateo necesitaba una tabla de salvación. Le puse el anzuelo y él se tragó hasta el hilo.

—¡Y me dejaste a mí destruida! —acusó ella, golpeando su pecho con el puño cerrado.

Leonardo ni siquiera se inmutó ante el golpe. En un movimiento rápido y preciso, atrapó su muñeca y la tiró hacia él, pegando el cuerpo de Helena al suyo. El calor que emanaba de su piel desnuda la envolvió al instante, traicionando a sus sentidos con una oleada de tensión sexual que la hizo jadear.

—Te dejé espacio para que te dieras cuenta de la clase de hombre que tenías al lado —murmuró él, bajando la cabeza hasta que su aliento cálido chocado contra la mejilla de ella—. Esperé dos años, Helena. Dos años viendo cómo llorabas por un fantasma. Pero cuando viniste a mi oficina con ese plan ridículo de la falsa relación para hacerlo celoso... supiste que era mi oportunidad.

—Me usaste... —susurró ella, sintiendo el pulso acelerado de Leonardo contra su propia palma aprisionada.

—No te usé. Te atrapé —corrigió él con una franqueza brutal. Sus ojos grises descendieron a los labios de Helena, febriles y oscuros—. No la niegues, dulce Helena. Llevo enamorado de ti —obsesionado contigo— desde que teníamos doce años y te vi montar a caballo en el club por primera vez. Eres la única mujer que ha existido en mi cabeza. La única a la que deseo. La única a la que voy a tener.

Helena sintió un escalofrío helado y caliente recorriéndole la espina dorsal. La confesión no tenía nada de romántica en el sentido tradicional; era una declaración de propiedad absoluta, una sombra pesada que la rodeaba por completo.

—Estás loco, Leonardo —articuló ella, intentando zafarse, pero la mano libre de él bajó hasta su cadera, apretándola con la fuerza justa para clavar sus dedos en la tela fina de la camisa—. Esto no es amor. Es una enfermedad.

—Lmámalo como quieras —siseó él, inclinándose para rozar sus labios con la línea del cuello de ella, moliendo la piel sensible con un mordisco suave que sacó un gemido ahogado de la garganta de Helena—. Pero no me digas que no lo sientes. No me digas que prefieres la debilidad de Mateo antes que esto.

—Lo odio... te odio por lo que hiciste —mintió ella, aunque su cuerpo, traicionero y hambriento, se arqueó involuntariamente hacia el toque de él.

La fricción de la piel de Leonardo contra la suya volvió a encender la chispa que la quemaba desde la noche anterior. Era una locura, una adicción perversa: odiaba la mente calculadora de Leonardo, pero su tacto la desarmaba en segundos.

—Odiame todo lo que quieras, Helena —murmuró él contra su boca, envolviendo su talle con ambos brazos hasta alzarla ligeramente del suelo—. Odia que haya arruinado tu falso cuento de hadas. Odia que haya comprado las acciones de tu familia para que no te puedas alejar de mí. Odia que sea el único hombre capaz de hacerte temblar de esta manera.

Leonardo la besó. Fue un beso voraz, posesivo, castigador y cargado de una devoción tan oscura que le quitó el aliento. Su lengua se abrió paso sin pedir permiso, reclamándola con una intensidad que hizo que las rodillas de Helena cedieran. Ella enredó las manos en su cabello oscuro, respondiendo al beso con la misma rabia y el mismo deseo desbordado que la consumía por dentro.

Él la presionó contra la pared lateral del despacho, entre las sombras de la biblioteca. Las manos de Leonardo subieron por sus muslos, apartando la tela de la camisa blanca para acariciar la piel desnuda con una lentitud tortuosa que le sacó un jadeo bajo.

—No hay vuelta atrás, Helena —dijo él, separándose apenas un milímetro, con los labios encendidos y la mirada fija en los ojos de ella—. Ya sabes la verdad. Sabes lo que soy capaz de hacer por ti. Ahora dime... ¿vas a seguir pretendiendo que quieres huir de mí?

Helena lo miró, atrapada en la mirada del hombre que había manipulado su universo entero solo para tenerla en sus brazos. Apoyó la frente contra el hombro de él, respirando su aroma a sándalo y peligro, sabiendo en lo más profundo de su ser que la jaula ya se había cerrado, y que las cadenas eran de un fuego al que no quería renunciar.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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