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Imperio De Mentiras.

Imperio De Mentiras.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Atracción entre enemigos
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

El imperio más codiciado de Italia que no le pertenece a nadie… excepto a él.

Ella heredó algo que no le pertenecía y él está dispuesto a quitárselo.

Entre pasiones calculadas y verdades que amenazan con destruirlos a ambos, la pregunta no es quién ganará… sino quién caerá primero en su propia trampa.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

La puerta de la oficina principal se cerró con un chasquido ahogado, dejando a Fabiola sumergida en el silencio absoluto de su despacho.

Caminó hacia la enorme mesa de caoba, todavía sintiendo el eco del agarre de Alejandro en su mano derecha. Había algo en la calma de ese hombre que no cuadraba con el perfil habitual de los inversionistas agresivos. Los hombres de negocios que ella conocía presionaban, alzaban la voz, presumían influencias o intentaban acorralarla con arrogancia. Alejandro, en cambio, se había movido como un fantasma: con una elegancia impecable, una paciencia calculada y una mirada que parecía saber demasiado.

*Nadie es tan perfecto*, pensó Fabiola, cruzando los brazos mientras contemplaba el ventanón. *Y nadie compra la cadena de suministros de un competidor en veinticuatro horas por pura intuición.*

Las palabras de su tío Arturo en la biblioteca volvolvieron a resonar en su cabeza: *"Ese apellido me trae recuerdos lejanos... Ten cuidado, Fabiola"*.

Se dejó caer en su sillón de piel, acercó el teclado y encendió su monitor. Fabiola era una mujer pragmática. No creía en corazonadas ni en supersticiones; creía en los datos, en las auditorías y en los antecedentes.

Abrió una ventana de navegación privada y comenzó el rastreo.

Tecleó primero: **`Alejandro Santamaría`**.

Los primeros tres millones de resultados mostraron lo esperado:

* **`Santamaría Holdings: Reestructuración de activos en el sector industrial`** (Revista *Milano Finanza*).

* **`El joven filántropo que revoluciona los fondos de inversión privados en Europa`** (Artículo de portada de *Forbes Italia*).

* **`Donación millonaria a la fundación de investigación pediátrica de Turín`** (Nota de prensa).

Fabiola frunció el ceño. Las fotos que acompañaban los artículos lo mostraban impecable, sonriendo con la justa medida de amabilidad frente a alcaldes, gobernadores y diplomáticos.

Pasó a las bases de datos corporativas internacionales. Ingresó sus credenciales de acceso al registro mercantil de Zúrich y al archivo financiero de Luxemburgo. Buscó la trayectoria de *Santamaría Holdings* en los últimos diez años.

Todo estaba redactado con una precisión quirúrgica:

* Pagos de impuestos al día, sin una sola mora.

* Auditorías externas aprobadas por las firmas más prestigiosas del mundo.

* Ningún litigio pendiente.

* Ningún historial de quiebras, ni demandas laborales, ni investigaciones por competencia desleal.

Era una hoja de vida pulcra. Demasiado pulcra.

—Vamos... tiene que haber algo —murmuró para sí misma, tecleando aceleradamente.

Buscó su nombre vinculado al de su padre: **`Héctor Galván + Alejandro Santamaría`**.

> *Resultado: Sin coincidencias directas.*

Buscó en el archivo de prensa antigua de los últimos veinte años: **`Santamaría + Automotriz + Turín`**.

> *Resultado: Menciones generales sobre concesionarios locales sin relación con la firma.*

No había juicios, no había escándalos de prensa rosa, no había socios enfurecidos dando declaraciones a periódicos de chismes. Si Alejandro Santamaría tenía un pasado, estaba cubierto por un manto de cristal impenetrable.

Fabiola recostó la espalda contra el asiento, soltando un largo suspiro de frustración. En el papel, Alejandro era la definición misma del éxito legítimo, el ciudadano ejemplar y el socio corporativo ideal.

Lo que ella no podía ver —lo que ningún buscador ni registro mercantil en el mundo podía mostrarle— era que esa impecable huella digital había sido construida a base de millones de euros en sobornos a funcionarios de inteligencia, fiscales a los que él mismo les pagaba la carrera y expertos en ciberseguridad que operaban desde la sombra bajo las órdenes directas de Dominic.

Para el mundo legal, Alejandro Santamaría era un cisne blanco. Para el mundo real, era el dueño de la noche.

Un suave golpe en la pantalla de su teléfono móvil la sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de texto de un número no guardado, pero que reconoció al instante:

> **De: Alejandro Santamaría**

> *“Espero que la revisión de antecedentes haya sido de su agrado, señorita Galván. Nos vemos en la primera reunión de consejo del viernes. Que tenga un buen día.”*

Fabiola sintió que un choque eléctrico le recorría la espalda. Miró la pantalla del teléfono y luego el monitor de su computadora.

Él sabía que lo estaba buscando. Y lo peor de todo no era que lo supiera... sino que no tenía absolutamente nada que esconder que ella pudiera encontrar.

—¿Cómo es posible que lo supiera? —murmuró Fabiola para sí misma, poniéndose de pie de golpe. La pantalla de su teléfono aún parpadeaba con el mensaje de Alejandro, quemándole los ojos.

La paranoia, una emoción que raras veces se permitía sentir, comenzó a reptar por su cuello como un hielo fino. Pasó la mirada por cada rincón de su amplio despacho. Caminó hacia la pared principal, retiró el cuadro del primer prototipo diseñado por su padre y examinó el marco con yemas de dedos minuciosas. Revisó los bordes de la rejilla del aire acondicionado, las bases de las lámparas de pie y hasta el reverso de la escultura de bronce que adornaba la mesa de centro.

Nada. No había micrófonos, ni lentes de cámaras ocultas.

Regresó a su escritorio y miró fijamente el monitor. ¿Un ataque cibernético? Si el departamento de informática de Galván Motores había sido vulnerado desde afuera, significaba que Alejandro tenía acceso en tiempo real a su pantalla, a sus búsquedas y a sus correos institucionales. Sintió un escalofrío de impotencia. Sabía que pelear contra un enemigo que podía ver sus movimientos antes de que los ejecutara era una batalla perdida.

Pero entonces, Fabiola se detuvo un segundo, con la respiración contenida en medio de la oficina.

*Si él realmente me está espiando... si todo esto es un juego para desarmarme...*

No iba a dejar que Alejandro Santamaría la convirtiera en una presa fácil en su propio terreno.

Caminó con decisión hacia la parte posterior de su escritorio. Rodó la pesada silla de piel y se agachó frente a la cajonera inferior. Sacó una pequeña llave dorada que siempre llevaba oculta en la costura interna de su bolso de mano y abrió el compartimento secreto con un chasquido metálico seco.

De entre los archivos confidenciales de la empresa, extrajo un sobre de manila de color negro, desgastado por los años y con las esquinas levemente dobladas.

En ese sobre no había balances financieros ni estrategias de marketing. Ahí reposaban los documentos legales privados que su padre, Héctor Galván, le había entregado en mano solo tres semanas antes de morir en aquel maldito tramo de la carretera.

Fabiola regresó a su sillón y deslizó el contenido del sobre sobre la caoba pulida.

Entre los folios de papel grueso con el sello notarial de Turín, aparecieron las escrituras de cesión absoluta de la herencia, las cuentas bancarias en el extranjero y la estructura accionaria original de la compañía. Pero mientras pasaba las páginas con dedos temblorosos, sus ojos se detuvieron en una cláusula adicional que jamás le había prestado la debida atención: un anexo firmado en la década de los noventa, donde su padre establecía un fondo de reserva para *"litigios por derechos de autor y reclamos de patentes de terceros"*.

Fabiola fruncio el ceño.

—¿Derechos de autor? —susurró, pasando el dedo sobre la tinta corrida del documento—. Tu empresa era limpia, papá... Tú mismo me dijiste que todo lo levantaste desde cero.

Un pensamiento aterrador empezó a germinar en su mente. ¿Y si Alejandro no había adivinado su búsqueda en Internet por pura astucia corporativa? ¿Y si Santamaría no estaba buscando el control del *Galván-V12*, sino algo que su padre había escondido en ese mismo expediente negro?

Fabiola volvió a guardar los papeles con cuidado, selló el sobre negro y lo apretó contra su pecho. La duda, por primera vez desde la muerte de Héctor Galván, había sembrado su primera semilla en la mente de la heredera. Y si Alejandro Santamaría quería jugar a las sombras, ella estaba dispuesta a bajar al mismo infierno para descubrir la verdad.

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Isis Vargas Pinzon
Mientras actualizas me iré a leer otra de tus novelas, chica, pero por favor, no tardes mucho, ésta historia está buenísima 👏👏👏 felicidades por tu excelente redacción y gran talento para escribir, eres de las pocas escritoras que he leído sin faltas de ortografía 👏👏👏👏👏 mis respetos chica.!!!
Isis Vargas Pinzon
Alejandro y Stefano parecen gemelos y Elena es preciosa, mucho más que Fabiola que es la protagonista de ésta historia 😳😳😳
Isis Vargas Pinzon
Mmmm... me imaginé más hermosa y sensual a Fabiola, y a Alejandro más atractivo y de belleza italiana como el actor de 365 días que está woow, súper sexy.!!!
Dalia Hache: Jajajajajaja si, es que fue más o menos acorde a como serian 🤭🤭🤭🤭
total 1 replies
Isis Vargas Pinzon
Inténtalo cabron de mier...a ver quién sale perdiendo 🤣😂 y Elena ya se dió cuenta de lo bajo que a caído al haber estado con los dos hermanos, la tonta, es una mujer sin pizca de dignidad ni amor propio.
Isis Vargas Pinzon
Ándele cabrones jajajaja jajajaja jajajaja
Isis Vargas Pinzon
Por fin se está poniendo emocionante la historia, nunca debe faltar una Elena en la vida de los protagonistas 😂🤣👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
Qué tal.??? Ella no se deja y siempre quiere tener el control 😂😂😂
Isis Vargas Pinzon
¡¡¡ Woow.!!! ¡¡¡ Qué chingoneria de mujer 😳 y Alejandro fascinado... que comience la seducción.!!! ❤️❤️
Isis Vargas Pinzon
Quiero fotos de Fabiola y Alejandro por favor Escritora, estoy muy emocionada y sumamente intrigada con lo que pasará con éstos dos, tan fuertes en su personalidad pero a la vez no dejan de ser humanos... muy interesante la trama 👏👏👏👏👏
Dalia Hache: Voy a poner fotos de los personajes, gracias por la sugerencia 🥰🥰
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Jessie Zurita
que falta de respeto terminar una novela así que pasa después ??
Dalia Hache: La novela no se ha terminado 🤔🙄🤣🤣🤣
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