Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 15
El viernes por la noche, Evolett recibió un mensaje de Will que la dejó sin aliento.
📱 Tenemos que viajar mañana. Desfile en Lyon. Salimos a las siete. ¿Puedes?
Ella leyó el mensaje tres veces antes de responder. Lyon. Un desfile. Con Will. El corazón le latía con fuerza mientras escribía una respuesta.
📱Sí, puedo. ¿Qué necesito llevar?
📱Ropa formal para dos días. Te espero en la entrada del edificio a las siete. Descansa bien.
Evolett dejó el teléfono sobre la mesa y se quedó mirando la pantalla. Dos días. Dos días con Will, lejos de la oficina, lejos de las miradas curiosas de los empleados. Dos días en los que tendría que enfrentar lo que sentía, o al menos intentar entenderlo.
Lena llegó media hora después, con una bolsa de ropa y una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Lista para tu primera escapada romántica?
preguntó, dejando la bolsa en la cama.
—No es una escapada romántica
respondió Evolett, con un tono que intentaba ser firme.
—Es un viaje de negocios.
—Claro, claro
dijo Lena, con una sonrisa pícara.
—Por eso Will te ha invitado a ti y no a la señorita Dupont.
Evolett la miró con una mezcla de exasperación y diversión.
—Soy su asistente, y ya callate mejor dime qué se supone que debo ponerme? No tengo nada adecuado para un desfile.
—Para eso estoy yo
respondió Lena, abriendo la bolsa con un gesto dramático.
—He traído lo mejor, ya me se tu talla. Y te prometo que vas a deslumbrar.
Las dos horas siguientes fueron un torbellino de pruebas y descartes. Lena había traído vestidos, blusas, pantalones, chaquetas. Algunos eran demasiado atrevidos para Evolett, otros demasiado formales. Pero finalmente encontraron los conjuntos perfectos, un vestido midi de color burdeos, con un escote discreto y una falda que se movía con gracia. Combinado con unos tacones bajos y un collar plateado, Evolett se sintió transformada.
—Este es el que te pondrás mañana
dijo Lena, con satisfacción.
—Y este traje pantalón en gris claro y este vestido negro con detalles de encaje. Creo que con esto estás más que lista.
Evolett miró las prendas extendidas sobre la cama y sintió un nudo en el estómago.
—¿Crees que es demasiado? Quiero decir, es un viaje de negocios.
—Es un viaje con Will Cleim
corrigió Lena.
—Y no es solo negocios. Lo sé. Y tú también lo sabes.
Evolett guardó silencio. Lena tenía razón. Lo sabía. Pero admitirlo era aterrador.
Justamente unas horas después llegó el chófer de Will por Evolett que ya estaba más que lista, se despidió de Lena y salió directo al aeropuerto.
El sábado el despertador sonó a las siete. Evolett lo apagó y se quedó mirando el techo del hotel, sintiendo que su corazón latía con fuerza contra las costillas, habían llegado en la madrugada. Lyon se extendía más allá de la ventana, con el río Saona brillando bajo la luz de la mañana, pero ella apenas podía concentrarse en el paisaje.
Hoy era el dia del primer desfile. El desfile. Su primera gran cita en el mundo de la moda profesional.
Se levantó y abrió la maleta, donde las prendas que Lena había elegido descansaban perfectamente dobladas. El vestido burdeos para el desfile. El traje gris claro para el domingo. El vestido negro con encaje para la cena. Todo estaba listo, excepto ella.
La ducha fue rápida, pero el tiempo frente al espejo fue largo. Se miró al espejo, observando su reflejo con una mezcla de inseguridad y determinación. El vestido burdeos le quedaba perfecto, realzando el tono de su piel y el color de sus ojos grises. El collar plateado descansaba sobre su clavícula, y sus zapatos de tacón medio le daban una altura que la hacía sentir más firme.
No eres una impostora, se dijo a sí misma, recordando las palabras de Will en la oficina. Mereces estar aquí.
Cuando salió de su habitación, Will ya estaba esperando en el pasillo. Llevaba un traje azul marino, una camisa blanca impecable y una corbata de un tono burdeos que hacía juego con el vestido de ella. La mirada de Evolett se posó en la corbata, y sintió que el calor subía a sus mejillas.
—Qué coincidencia
dijo, señalando el color. Will siguió su mirada y sonrió.
—No es coincidencia. Sabía lo que ibas a llevar. Lena me envió una foto de todo.
—¿Lena te envió una foto?
preguntó Evolett, con los ojos abiertos de par en par.
—Dijo que era importante que combináramos. Que la prensa se fijaría en los detalles.
Evolett negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.
—Esa chica es un caso.
—Es una buena amiga
corrigió Will, con un tono que sugería que lo decía en serio.
—Y tiene razón en una cosa, la imagen importa.
Bajaron en el ascensor en silencio, pero no era un silencio incómodo. Evolett sentía que la presencia de Will la calmaba, como si su seguridad fuera contagiosa.
—¿Estás nerviosa?
preguntó él, mientras salían del hotel.
—Un poco
admitió ella.
—Nunca he estado en un desfile tan importante.
—No tienes por qué estarlo. Vas a estar a mi lado todo el tiempo. Y si alguien te pregunta algo, solo di que eres mi asistente de diseño. No tienes que impresionar a nadie. Solo tienes que ser tú.
Evolett asintió, sintiendo que sus palabras la envolvían como una manta cálida.