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El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:263
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NACIDO EN EL UMBRAL

Jonás no se acordaba del día en que nació. No porque fuera muy chiquito, sino porque nunca se lo contaron como un nacimiento normal.

La primera memoria que tenía era una sala blanca, muy grande, con luces que no dejaban sombra. Tenía 5 años y estaba sentado en una silla que le quedaba enorme. Frente a él había un vidrio y detrás del vidrio había hombres con batas blancas anotando cosas.

Del otro lado del vidrio estaba su papá.

No le decía papá, le decía doctor Marín. Su papá era el doctor Elías Marín, el jefe científico del Proyecto Umbral.

El Proyecto Umbral no era como lo contaban en los archivos desclasificados. No era un proyecto para ver si había vida después de la muerte. Era un proyecto para abrir una puerta y traer algo de vuelta. El gobierno quería un arma que no necesitara soldados. Algo que pudiera borrar la identidad de un enemigo sin matarlo. Que lo dejara vacío.

Y para eso necesitaban un niño.

Elías Marín no tuvo hijos con una mujer. Tuvo un hijo con el proyecto. Usó su propio ADN y lo mezcló con lo que habían traído del otro lado en la primera apertura, en 1998. Una sustancia negra que no era sangre, que se movía sola. De esa mezcla nació Jonás en una incubadora, no en una sala de parto.

Por eso Jonás no tenía mamá. Por eso en su registro civil la madre aparecía como N.N.

Hasta los 8 años vivió dentro de las instalaciones de La Esmeralda, una base subterránea en los llanos. No iba al colegio, le enseñaban ahí adentro. Le enseñaban a dibujar símbolos, a repetir frases en un idioma que no existía, a quedarse quieto durante horas mirando una pared negra para ver si veía algo.

A los 9 años fue la primera vez que lo metieron a la sala del umbral.

La sala era un círculo de piedra negra, igual a la base del Trono que Mateo veía en el juego. En el centro había una consola, pero no era negra, era blanca, más grande, con cables que salían del piso. Era el prototipo, la madre de todas las HEX.

Le dijeron que se sentara. Le pusieron unos electrodos en la cabeza. Su papá estaba detrás del vidrio, con las manos cruzadas.

—¿Qué ves, Jonás?

—Nada.

—Mira bien.

Y entonces lo vio. Detrás de su papá, reflejado en el vidrio, había un hombre sin rostro. Alto, con un abrigo largo, parado justo detrás de Elías. Jonás gritó.

Ese fue el primer contacto. El Otro Lado no hablaba, solo mostraba. Le mostró a Jonás su futuro: él vendiendo cajas negras en un mercado, él con una máscara blanca, él sin rostro.

Desde ese día, Jonás empezó a perder cosas. Primero se le olvidó el nombre de su juguete favorito. Después se le olvidó la cara de una de las enfermeras que lo cuidaba. A los 10 años ya no se acordaba de su cumpleaños.

Su papá le decía que era normal, que era el precio de ser un puente.

—¿Puente para qué? —preguntaba Jonás.

—Para que ellos puedan cruzar sin romper la puerta. Tú naciste en los dos lados, tú puedes aguantar lo que un humano normal no aguanta.

A los 15 años hicieron la prueba final. Lo iban a sentar en el Trono. El Trono real, el que estaba en el Otro Lado. No el de piedra del juego de Mateo, el de verdad, hecho de caras.

Lo prepararon durante meses. Le tatuaron símbolos en la espalda, le hicieron ayunar, le hicieron repetir el juramento: "Yo soy la llave que no abre, yo soy la puerta que no cierra."

Lo sentaron.

Y el Trono lo rechazó.

No fue como con Mateo que la consola lo eligió. El Trono de verdad lo escupió. Jonás sintió que le arrancaban algo del pecho y se desmayó. Cuando despertó, estaba en un hospital de Bogotá, solo, con 18 años, sin saber cómo había pasado el tiempo, con una cicatriz en la ceja y con un papel en el bolsillo que decía: SI VES AL HEREDERO, AVISA.

Su papá había desaparecido. La base de La Esmeralda había sido cerrada y quemada. Todos los archivos del Proyecto Umbral fueron borrados. A Jonás lo dejaron en la calle con una cuenta con plata y una orden: sobrevive y busca copias de la consola para preparar el camino.

Los Sin Rostro lo encontraron a los 19.

No lo encontraron, lo reclamaron. Porque Jonás no era humano del todo. Tenía parte de ellos en la sangre. Por eso podía verlos sin volverse loco del todo.

Le explicaron la verdad que su papá nunca le dijo: Elías Marín no quería crear un arma. Quería recuperar a su primera esposa y a su primera hija que habían muerto en un accidente. Creyó que en el Otro Lado podía encontrar sus identidades guardadas. Por eso hizo a Jonás, para que fuera el que cruzara y las trajera.

Pero el Otro Lado no guarda identidades para devolverlas. Las guarda para usarlas.

Cuando Elías entendió eso, intentó cerrar la puerta desde adentro y se quedó atrapado. Su rostro fue el primero que Los Sin Rostro tomaron. Por eso Jonás a veces, en sueños, veía a un hombre sin rostro que le decía hijo.

Ahora, con 25 años, después de haber tocado la consola de Mateo y haber recibido la marca blanca, Jonás entendió todo lo que había sido.

La marca blanca no era un rechazo. Era una coronación invertida. Los Sin Rostro no marcan a los que no sirven para matarlos, los marcan para convertirlos en su líder. Porque solo alguien que nació de los dos mundos puede mandarlos en el mundo humano.

Esa noche, después de salir corriendo de la casa de Mateo, Jonás no se fue a su apartamento. Se fue a la bodega abandonada del sur donde guardaba las cajas HEX que le quedaban.

Había 14 cajas todavía.

Las abrió todas. Adentro no había consolas. Había máscaras. Catorce máscaras blancas, lisas, idénticas a la que él usaba.

Y en el centro de la bodega, sentado en una silla de plástico, había un hombre sin rostro, con el abrigo largo, esperándolo.

Jonás no se asustó. Ya no.

—¿Eres mi papá? —preguntó.

El ser ladeó la cabeza. Y por primera vez en 10 años, Jonás escuchó la voz de su papá dentro de esa cosa sin boca.

—No, Jonás. Soy lo que quedó de él. Él me dio su rostro para que yo pudiera hablar contigo.

—¿Qué quieren que haga?

—Que hagas lo que naciste para hacer. Liderarlos.

—Yo no quiero ser como ustedes.

—No vas a ser como nosotros. Vas a ser más. Nosotros no tenemos rostro porque nos los quitaron. Tú vas a tener todos.

El ser se levantó y puso una mano, que no era mano sino sombra, sobre la marca blanca de Jonás.

La marca dejó de doler y empezó a expandirse. Ya no era solo una línea en la mano. Ahora era una red de venas blancas que le subía por el brazo, por el cuello, hasta llegarle a la mandíbula.

Jonás se miró en un espejo roto que había en la bodega. Su rostro seguía ahí, pero por un segundo vio cientos de rostros superpuestos sobre el suyo, como si tuviera todas las caras que Los Sin Rostro habían robado.

—Mateo Rivas cree que es el juez —dijo la voz de su papá—. Pero un juez sin verdugo no sirve. Tú vas a ser su verdugo. Tú vas a ser el que limpie a los impuros que él no se atreve a juzgar.

—¿Y si no quiero?

—Entonces te quedarás sin rostro como los 23. Y tu amigo Mateo te condenará sin saber que te condena.

Jonás cerró los ojos. Cuando los abrió, las 14 máscaras del piso se levantaron solas y se pusieron detrás de él, flotando, con cuerpos invisibles debajo.

Ya no estaba solo. Tenía un ejército.

—Dile a Mateo que el juego cambió —dijo—. Ya no es Némesis contra la policía. Ahora es Heredero contra Heredero. El negro contra el blanco.

Tomó una de las máscaras blancas nuevas, no la suya vieja, una que brillaba un poco más, y se la puso.

Esta vez la máscara no se sentía como un disfraz. Se sentía como piel.

Salió de la bodega y los 14 sin rostro lo siguieron en silencio por las calles de Ibagué, que a esa hora estaban vacías y con niebla.

En su cuarto, Mateo se despertó de golpe. La consola estaba encendida en rojo y mostraba un mensaje que nunca había salido:

"ADVERTENCIA: SE HA CORONADO AL HEREDERO BLANCO. EL TABLERO YA TIENE DOS REYES."

Y en el mapa, los 23 puntos rojos que antes se movían sin rumbo, ahora se movían todos hacia el mismo lugar: la bodega del sur. Hacia Jonás.

La guerra ya no era entre el bien y el mal.

Era entre dos amigos que habían nacido para destruirse.

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