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Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:153k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18: El cebo

No sabía nada de casinos ni de favores comprados cuando sonó mi teléfono, dos días después de que Max me devolviera la pulsera. Era Daniela, algo que no pasaba nunca sin que hubiera un chisme o un reclamo de por medio.

—Renata, necesito verte —dijo, con la voz apretada, casi sin aire—. Tengo más cosas del abuelo. Cosas que mi papá quería tirar y yo... las guardé. No se lo digas a nadie, por favor.

Algo en el tono me sonó raro, demasiado urgente para ser Daniela, que llevaba meses sin dirigirme la palabra si no era para lanzarme un desprecio disfrazado de comentario casual. Pero mencionó "cosas del abuelo", y esa frase, sola, bastaba para bajarme cualquier alarma que debiera haber sonado más fuerte.

—¿Qué cosas?

—No puedo decírtelo por teléfono. Ven a las siete, a la nave que está sobre la avenida, la que dice "se renta" en la fachada. Sola, Renata. Si llevas a alguien, mi papá se va a enterar y me va a matar por habérmelas quedado.

Colgué con un nudo raro en el estómago, entre la desconfianza y las ganas de creerle. Julián, si le contaba, me hubiera dicho que no fuera, con esa insistencia suya que a veces se me hacía sofocante y otras veces era exactamente lo que necesitaba. Doña Meche me hubiera pedido que esperara a que alguien más me acompañara, y hasta hubiera querido venir ella misma con su bolsa de mandado como si eso fuera a protegerme de algo.

Me quedé viendo el teléfono un buen rato, dándole vueltas a la posibilidad de que fuera una trampa. Pero pensé en las manos de mi abuelo, en la pulsera que apenas llevaba dos días de vuelta conmigo, y pensé que si de verdad Daniela tenía algo más suyo, no podía arriesgarme a perderlo por exceso de cautela. No le dije a nadie adónde iba.

—————

El edificio era una nave comercial abandonada en la periferia de la ciudad, de esas que alguna vez fueron bodega y ahora solo tenían ventanas rotas y un letrero de "se renta" descolorido por años de sol. Nada que ver con las calles de Lomas de Chapultepec, con sus jardines cortados al milímetro; aquí el pasto crecía entre las grietas del concreto y el aire olía a óxido.

Estacioné cerca de la entrada y me quedé un momento con las manos en el volante, respirando hondo tres veces, como si eso alcanzara a prepararme para lo que fuera que estuviera por encontrar adentro. Antes de bajar, hice lo que ya se había vuelto costumbre desde que empecé a enfrentarme a mi propia familia: activé la grabadora del celular y lo guardé en la bolsa del abrigo, con el micrófono apuntando hacia afuera.

Empujé la puerta metálica, que chirrió más fuerte de lo que hubiera querido, y me quedé quieta un segundo, esperando alguna reacción desde adentro. Nada se movió.

Adentro, la luz apenas entraba por los ventanales rotos, cortada en franjas sobre el piso de cemento.

—¿Daniela?

Nadie contestó de inmediato. Di unos pasos más, y el eco de mis propios tacones me pareció, de pronto, demasiado ruidoso.

—Aquí —dijo su voz, desde algún rincón en sombra.

Salió detrás de una columna, y detrás de ella, otras cinco mujeres que yo no conocía, todas con la misma expresión vacía de quien está ahí por dinero y no por rencor propio. Retrocedí un paso, calculando la distancia hasta la puerta, pero ya me habían cerrado el paso por los dos lados.

—¿Qué es esto? —pregunté, ya con el corazón latiéndome demasiado rápido, aunque mantuve la voz firme.

—Esto es lo que te mereces por arruinarnos la vida a todos —dijo Daniela, y algo en su propia voz temblaba, como si necesitara convencerse a sí misma tanto como a mí—. Por venir a quitarnos todo. Por hacer que mi papá terminara así. Por hacer que yo terminara así.

—Daniela, lo que le pasó a tu papá se lo hizo él solo. Y tú no tienes que hacer esto. Todavía puedes irte.

—No puedo —dijo, y por un instante pareció más asustada que yo—. Ya no puedo.

No alcancé a decir nada más. La primera de las mujeres me empujó por detrás, con fuerza suficiente para tirarme contra el piso de cemento, y el golpe me sacó el aire de los pulmones antes de que pudiera siquiera levantar los brazos para cubrirme.

—————

No sé cuántos golpes fueron. Perdí la cuenta entre el dolor y el esfuerzo de proteger la cara, la cabeza, cualquier parte que no pudiera reponerse después. Alguien me insultaba mientras me pateaban las costillas; alguien más me jaló del pelo. Daniela no golpeaba, solo miraba, con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre el asco y las ganas de vomitar.

Con la poca claridad que me quedaba, metí la mano temblando a la bolsa del abrigo, saqué el celular a medias y logré, a ciegas, mandarle a Julián mi ubicación con un solo mensaje, tres palabras: Ayuda. Aquí. Ahora.

Una de las mujeres me vio moverme y me arrancó el teléfono de la mano de un manotazo, tirándolo lejos, sobre el concreto, donde la pantalla se hizo trizas contra el piso. Recé, en ese segundo, la misma jaculatoria corta que mi abuela me había enseñado antes de que nada de esto empezara: Virgencita, que llegue a tiempo, que alguien llegue a tiempo.

—Ya, ya está bien —dijo Daniela, con la voz quebrada, como si de pronto el juego se le hubiera ido de las manos—. Ya fue suficiente.

—Bianca dijo que tenía que doler —contestó una de las mujeres, sin dejar de verme desde arriba, con un desprecio que no era personal, solo profesional.

El nombre me llegó entre el zumbido de los oídos, filtrándose despacio, como agua fría bajo la puerta: Bianca. No tuve tiempo de procesarlo. Alguien me dio una última patada en el costado y todas retrocedieron, como si de pronto algo las hubiera puesto en alerta.

Me quedé tirada en el piso de cemento, con la mejilla contra el concreto frío, con la boca sabiendo a sangre y el cuerpo entero latiendo de un dolor que no lograba ubicar del todo. Escuché, lejos primero y luego más cerca, el sonido de pasos apresurados que se acercaban desde la entrada de la nave, decididos, sin dudar de dirección.

No sabía si era ayuda. No sabía si era más gente de Bianca, terminando lo que las otras habían dejado a medias. Solo sabía que no tenía fuerzas para levantar la cabeza y averiguarlo, y que el corazón, a pesar del dolor, me latía más rápido por el miedo a que fueran los pasos equivocados que por cualquier otra cosa que me estuviera doliendo en ese momento.

1
Ana Cortes
deberia cambiarle el título a la novela porque a pesar de todo lo que le hizo Mark a Renata ella si lo perdono y se caso con él muy larga la novela y muy estúpida la protagonista y credula hasta el final de muy poco le sirvió los tres años en la carcel
Ana Cortes
A Renata hay que hacerle un machitun porque por dios que le pasan desgracias como que me esta cansando de seguir leyendo
Ana Cortes
esta Renata ya se esta pasando de ingenua a estúpida creerle a su prima
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Daisy Mendez
ni yo tampoco, esta escritora como que no recuerda la secuencia de lo que ha escrito de la novela, hay muchas inconsistencias
Daisy Mendez
yo tampoco entiendo porque no saca a luz ese secreto de una vez, si con eso la desenmascara y prueba su inocencia
Romina
cayo redonditlo, patético
Ricarda Gomez
Me gustó este capítulo asta que por fin le dio donde le dolió a bianca🥰
Romina
si con todas las sospechas no entendiste... es que vivías en otro mundo
Mercedez Peréz
bueno deje su his


buenoo dejo su historia o mejor dicho lei muy poco y busque el ultimo capitulo para ver si algo cambio pero su protagonista igual de tonta bueno espero leer algo mejor de ud y no tan larga si no tiene un buen tema
Mercedez Peréz
pero escritora siempre lo mismo esta mujer ya cansa
Mercedez Peréz
ñla verfad ya cansa esta mujer es tonta o se ase no aprendio nada mucho bla bla y no ase nada
Mercedez Peréz
ssi es mary se supone que tendria que saber defenderse pero se ve que ez.bastante tonta..cualquiera la srrincona y no ase.nada no siempre la.vsn a defender. bueno leere.un.poco mas porque sigue.lo mismo dando buelta en lo mismo como va a.ser que descubrio tremendo robo del tio y quedo como aqui no paso nada
Olinda Elena Almeron Muñoz
No soy amiga de criticas negativas,pero realmente están pintando a los protagonistas como tarados mentales
Mercedez Peréz
bueno ya. bamos escritota como todas su protagonista empieza de nuevo con el y a otro con el ccuento.rdpero.que no y este equivocada
Romina
amiga 10 párrafos arriba decías que viajaron juntos 🤦🏻‍♀️
todavia no entiendp proqur sigo leyendo
Romina
haciéndose pasar?
vos te pasas de tarada
Romina
es evidente que la autora se olvidó que Daniela ya le había hecho lo mismo
Romina
corriendo ojo si tiene una bota por dios
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