Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: El Regreso a Vallegris
Vallegris olía igual. A pescado. A sal. A miseria.
Pero Nicolás ya no era el mismo.
"La Gaviota Muerta" entró al puerto al amanecer. La gente dejó de trabajar para mirar.
"¿Ese es... el Fantasma?" susurró alguien.
Nico bajó del barco. Sin cajas. Sin miedo. Con el Colmillo Carmesí bajo el brazo y la Pluma-Colmillo en el cinturón.
10 años. 10 años cargando cajas en este muelle.
"¡Eh! ¡Tú!" gritó el capataz. "¿Dónde estabas? ¡Te despedí hace una semana!"
Nico lo miró. "Ya no trabajo para ti."
"¿Y para quién trabajas ahora, eh?"
"Para mí", dijo Nico. "Y para ellos."
Tocó el libro.
Las voces estaban tranquilas. 2.000 quedaban. Descansando.
El capataz se rió. "Vete a la mierda, Fantasma."
Nico siguió caminando. Hacia su barril.
Seguía ahí. Apestoso. Roto.
Pero ya no era su casa.
"Capítulo 8: El Regreso a Vallegris", escribió en el aire con la pluma. Las palabras brillaron y desaparecieron.
Marco bajó del barco con cajas de libros. Los que rescataron de la Isla Calavera.
"¿Qué hacemos, Capitán?"
"Reconstruimos", dijo Nico. "Aquí."
Se sentó frente a su barril. La gente se juntó. Curiosos. Con miedo. Con hambre.
"¿Qué es eso?" preguntó una niña.
"Un libro", dijo Nico. "¿Quieres escuchar una historia?"
La niña asintió.
Nico abrió el Colmillo.
"Había una vez una chica llamada Ana", empezó. "Tenía 17 años y quería coser vestidos..."
Mientras hablaba, algo pasó.
La gente se sentó. Primero 5. Luego 20. Luego 100.
Escuchaban.
Cuando terminó, la niña lloraba. "¿Ana está en el cielo?"
"Está aquí", dijo Nico tocando su cabeza. "Mientras la recordemos."
"13/10", susurró el libro.
Nico se quedó helado. "¿Qué?"
"Seguimos contando", dijo la voz ronca. "Siempre habrá historias."
Nico sonrió. Tenía razón.
Pasó todo el día contando historias. Las de Memorín. Las de Silas. Las de Elena.
Al caer la noche, el puerto estaba lleno. No de estibadores. De gente escuchando.
Y entonces llegó él.
Tomás. El ex-Rojosangre. Sin espada. Con ropa vieja.
La gente gritó. "¡Es el pirata!"
"¡Quietos!" gritó Nico. "Ya no hace daño."
Tomás se arrodilló frente a todos. "Quemé sus libros. Maté a sus amigos. Vengo a... a ayudar a reconstruir."
Silencio.
Y luego la niña se acercó. Le dio un pan. "Mi abuelo decía que todos merecen una segunda historia."
Tomás lloró.
Nico puso la mano en su hombro. "Empieza por limpiar."
Al día siguiente, Tomás y Nico levantaron algo en la plaza.
No un barril. Una mesa.
Y encima, libros. Los rescatados. Y otros nuevos que la gente fue trayendo.
"¿Qué es esto?" preguntó Marco.
"La primera biblioteca de Vallegris", dijo Nico. "Para que nadie más olvide."
La gente empezó a traer más. Un libro de recetas. Un diario. Una carta de amor.
"14/10", dijo el Colmillo.
Nico se rió. "No voy a parar, ¿no?"
"No", dijeron las voces. "Porque ahora escribes por gusto. No por miedo."
Esa noche Nico durmió en el suelo. Al lado de la mesa de libros. No en el barril.
Soñó. Por primera vez en 10 años, soñó sin gritos.
Soñó con Ana cosiendo. Con Silas cantando. Con Elena leyendo.
Amaneció.
Había 50 personas esperando. Con libros en las manos.
"¿Nos enseña a leer?" preguntó un hombre viejo.
Nico miró el Colmillo. Luego miró a la gente.
"15/10", dijo. "Sí. Les enseño."
Y empezó.
Letra por letra. Historia por historia.
El puerto de Vallegris ya no olía solo a pescado.
Olía a papel. A tinta. A esperanza.
Al atardecer llegó un barco. Con el símbolo de Noveltoon en la vela.
Un hombre elegante bajó. "¿Eres Nicolás?"
"Sí."
"Soy del Gremio de Escritores. Escuchamos lo que haces aquí. Queremos ofrecerte contrato."
Nico se quedó quieto.
10 años cargando cajas. 7 días escribiendo sin parar.
"¿Qué tipo de contrato?"
"Para escribir. Lo que quieras. Y que la gente lo lea en todo el mundo."
Nico miró a la niña. Estaba leyendo sola un libro. Con la boca abierta.
Miró a Tomás. Estaba arreglando un estante.
Miró el Colmillo. "16/10".
"¿Cuál es la respuesta?" preguntó el hombre.
Nico guardó la pluma.
"La respuesta es sí", dijo. "Pero con una condición."
"¿Cuál?"
"Que nadie más tenga que escribir para no volverse loco. Que escriban porque quieren recordar."
El hombre sonrió. "Trato hecho, Portador."
Nico firmó con la Pluma-Colmillo.
Cuando terminó, el libro brilló una última vez.
En la portada apareció:
"Fin del Volumen 1. Gracias por leer."
Nico cerró el Colmillo Carmesí.
Ya no pesaba.
Porque ya no cargaba dolor.
Cargaba historias.
Y eso pesa menos.
"Empezamos mañana", dijo Nico. "Volumen 2."
El mar de Vallegris aplaudió con las olas.