Alessia Castelli nació para obedecer. Hija de una de las familias mafiosas más poderosas de Italia, jamás ha podido decidir sobre su propia vida. Ni a quién amar. Ni con quién casarse. Ni siquiera qué sueños perseguir.
El día de su boda arreglada, todo cambia cuando es secuestrada por Fabiano Conti, el temido líder de la organización rival. Para él, Alessia no es más que la única pieza capaz de devolverle a la persona que más ama.
Mientras una guerra entre familias amenaza con desatarse, ambos descubren que existen prisiones mucho peores que una habitación cerrada. Ella jamás ha conocido la libertad. Él hace mucho tiempo que olvidó cómo se siente vivir sin culpa.
Entre amaneceres frente al Mediterráneo, pequeños actos de rebeldía y decisiones que nunca antes les permitieron tomar, Alessia y Fabiano comenzarán a cuestionar todo aquello para lo que fueron criados.
Porque, a veces, el enemigo no es quien te roba la libertad... Sino quien te enseña, por primera vez, cómo se siente tenerla.
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No cuando no eres libre (+18)
Fabiano
Alessia tiembla bajo mi cuerpo mientras su orgasmo baña mis dedos.
Vaya, eso fue rápido.
Me mira asustada y luego enrojece, completamente avergonzada.
—Lo siento. Lo siento —se disculpa.
Beso la comisura de su boca.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque… porque… esto es tan vergonzoso.
Sonrío antes de volver a besar sus pechos. Sus muslos se tensan bajo mi cuerpo. Todo su cuerpo lo hace.
Qué sensibles.
Sus dedos se entierran en mi espalda baja y luego bajan hasta la cima de mi trasero.
—¿Qué… qué haces? —pregunta con un hilo de voz cuando me deslizo por su cuerpo hasta quedar con mi rostro frente a su coño.
—¿Puedo?
Alessia enrojece, pero asiente.
Tiro sus bragas hasta que el elástico se rompe, dejándola completamente desnuda.
Es hermosa.
La mujer más hermosa que he tenido la fortuna de conocer.
—Tócate —le pido.
—Hazlo tú.
—Por favor —insisto—. Quiero verte.
Con el rostro encendido se acaricia tímidamente.
Su coño se contrae cuando sus dedos rozan su clítoris.
—Así, sigue —le ruego.
—Tienes gustos muy raros —me acusa. Sin embargo, no se detiene.
El primer suspiro abandona su boca cuando hace un círculo sobre su montículo hinchado.
El calor líquido se desliza de su coño hasta mi cama… y es lo mejor que mis ojos han visto en toda su vida.
—Fabi… —gime—. Por favor.
Amo como mi nombre se desliza de su boca.
Amo como su cuerpo tiembla expectante.
Amo la forma en que su coño responde.
Sin poder soportarlo más bajo mi boca y beso cada espacio que sus dedos acarician.
Mi lengua hace un perfecto contrapunto con sus caricias.
Alessia se retuerce mientras su espalda se separa del colchón.
Sus gemidos comienzan a llenar la habitación al mismo tiempo que sube su pie a mi espalda, abriéndose más para mí.
Entierro la lengua en su dulce coño mientras agarro mi polla, perdiendo la batalla.
Beso la unión de sus muslos antes de volver a enterrar mi lengua en su calor.
Su talón se clava en mi espalda cuando un grito invade la noche.
Un grito de libertad absoluta.
Un grito que atesoraré en mi memoria.
Se ríe mientras lucha para poder respirar y juro que es la visión más bonita que he visto.
Incluso más que su hermoso coño.
Enreda sus dedos en mi nuca y me obliga a deslizarme hacia su boca.
Nos fundimos en un beso abrumador mientras giramos por la cama.
—Fabi… —susurra cuando está a horcajadas con mi polla clavada en su trasero—. Te necesito.
Tomo su rostro en mi mano y beso la línea de su mandíbula.
—Yo también te necesito… Tanto.
—Quiero esto. Te quiero a ti… Por favor, hazme el amor.
Sonrío, pero luego todo mi cuerpo se tensa.
¿Qué estoy haciendo?
La pregunta me golpea con una fuerza brutal.
No porque no la desee, Dios sabe que la deseo, porque la deseo demasiado.
Alessia vuelve a acariciar mi rostro con una ternura que no merezco.
—¿Fabi...? —susurra, confundida.
Cierro los ojos apenas un instante, y entonces aparecen.
El vestido de novia.
La voz burlona de Lucio.
Los gritos llenos de miedo de Cloe.
Las reglas de un mundo que yo mismo ayudé a sostener durante años.
Si cruzo esta última línea... No seré yo quien pague las consecuencias.
Será ella.
Siempre ella.
Abro los ojos y vuelvo a mirarla.
Está preciosa… Con el cabello revuelto, las mejillas encendidas y los labios hinchados por mis besos. Confiando en mí de una forma que me rompe por dentro.
¿Cómo podría traicionar esa confianza?
Apoyo la frente contra la suya y respiro hondo una vez. Dos. Tres.
Necesito toda la fuerza que me queda.
—No puedo.
Siento cómo se queda inmóvil.
—¿No... quieres?
La pregunta me atraviesa el pecho.
Tomo su rostro entre mis manos.
—No vuelvas a pensar eso jamás. —Mi voz apenas sale—. Si supieras cuánto te quiero ahora mismo entre mis brazos... entenderías que decirte que no es lo más difícil que he hecho en mi vida.
Frunce el ceño.
No lo entiende. ¿Cómo podría entenderlo?
—Entonces...
Acaricio su mejilla con el pulgar.
—Porque mañana tendrás que seguir viviendo con las consecuencias de esta noche. —Trago saliva—. Y no permitiré que seas tú quien cargue con ellas.
Ella guarda silencio.
Yo también. Hasta que la abrazo con toda la fuerza que soy capaz, como si pudiera protegerla del mundo entero.
—Fabi... —susurra contra mi cuello—. No te detengas.
Su voz tiembla.
No hay miedo en ella. Solo confianza.
Cierro los ojos.
Esa confianza pesa más que cualquier deseo que haya sentido en mi vida.
—Por favor... —insiste con una dulzura que me rompe por dentro—. Estoy bien. Lo quiero.
Dios.
Claro que lo quiere.
Y precisamente por eso tengo que ser yo quien piense por los dos.
Apoyo la frente contra la suya y respiro hondo, obligándome a recuperar el control.
—Mírame.
Ella levanta los ojos, confundida.
—No es porque no te desee.
Una pequeña arruga aparece entre sus cejas.
—Entonces... ¿por qué? No lo entiendo.
Sujeto su rostro y la acerco al mío hasta que ambos respiramos el mismo aire.
—Porque por más que quiera no puedo mantenerte a mi lado. Un día volverás y tendrás que vivir con las consecuencias de esta noche.
Traga saliva.
—No me importa.
—A mí sí.
Sus ojos comienzan a humedecerse.
—Pero yo...
—Lo sé.
Beso su frente con una ternura que me duele.
—Ojalá el mundo fuera distinto —digo—. Ojalá pudiera amarte sin pensar en apellidos, en promesas, en hombres como Lucio. Ojalá pudiera olvidarme de todo —declaro mirándola a esos ojos que me miran tristes—. Pero si de verdad voy a darte algo... Quiero darte un futuro en el que puedas elegir. No uno que te haya arrebatado yo.
Ella baja la mirada.
—Creí que ya no me querías besar.
Una risa triste escapa de mi pecho.
—Ese es precisamente el problema, Alessia. —Levanto su barbilla con suavidad para que vuelva a mirarme—. Si no te quisiera tanto entre mis brazos, esto sería muchísimo más fácil.
—Quizá pueda ocultarlo de alguna manera —susurra aferrándose a algo—. Nunca he… Quiero que seas tú, esa también es mi decisión.
—No es tu decisión. No cuando no eres libre. No cuando sigas en cautiverio —digo sujetando su precioso rostro—. No cuando elegirme te traerá dolor en el futuro.
—Si ellos se enteran…
—Sí… No lo harán. No si puedo impedirlo.
Todo el aire abandona sus pulmones.
—Odio que puedas pensar con claridad en este momento.
—Lo sé.
—¿Puedo quedarme aquí y seguir abrazándote?
—Todo lo que quieras —le juro.
Espero que por ahora eso sea suficiente.
Mientras su respiración se hace más profunda, comprendo la verdad más aterradora de todas.
Ya no estoy luchando para mantenerla lejos de mí.
Estoy luchando para encontrar una forma de no perderla.
los niños iguales a Fabiano 🥰
construyeron una familia antes de casarse
Yesenia te felicito por otra historia excelente
Gracias 🌷