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A los cuarenta me casé con el compañero de mi hijo

A los cuarenta me casé con el compañero de mi hijo

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / Amor a primera vista / Ella Mayor Que Él / Casada con el millonario / Completas
Popularitas:59.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dupi

El día de su vigésimo aniversario de bodas, Beatriz Nava descubre a su marido con una mujer mucho más joven.
“¿A tu edad, quién te va a querer?”, le dice él antes de echarla de la casa a la que entregó veinte años de su vida.
Herida, furiosa y decidida a demostrar que todavía está viva, Beatriz termina en los brazos de un joven mecánico de veintidós años. Solo pretende olvidarlo todo durante una noche. Pero a la mañana siguiente descubre que Dante Villarreal no es un desconocido: es compañero de universidad de su hijo y heredero de una de las familias más poderosas de México.
Dante no quiere ser un secreto ni una aventura pasajera. La desea en su cama, pero también a su lado, frente a su familia y ante el mundo entero.
Mientras su exmarido intenta recuperar el control, la sociedad la juzga y la familia Villarreal trata de separarlos, Beatriz tendrá que decidir si se atreve a empezar de nuevo con un hombre dieciocho años menor que ella.
Porque a los cuarenta una mujer no deja de desear. Y cuando por fin aprende a elegir su propio placer, nadie vuelve a decidir por ella.

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Capítulo 6

—Levántese, doña Herminia. —Di un paso atrás, incómoda, con las palmas por delante—. Por favor. No haga esto. Levántese, se va a lastimar las rodillas.

Pero ella siguió de rodillas sobre el tapete, llorando cada vez más fuerte, agarrada del borde de mi vestido con sus dedos flacos, y en su llanto, poquito a poco, sin que se diera cuenta, se le fue soltando la verdad. Porque la mentira cansa, y a la larga siempre se le sale a uno lo que de veras le duele.

—¡Es que quién me va a atender a mí, mija! —sollozó, jalándome la tela—. ¿Eh? ¿Quién? ¿Quién me va a lavar, quién me va a hacer de comer, quién va a estar al pendiente de mí y de esta casa cuando yo ya no pueda? ¡Y con todo lo que gastamos en tu boda, mija, el salón, el vestido, los músicos, todo, veinte años tirados a la basura, todo perdido!

Ahí estaba. Al fin. Sin maquillaje, sin rebozo, sin teatro.

No lloraba por amor. No lloraba por su hijo ni por mi matrimonio ni por el pobre Sebastián que tanto invocaban cuando les convenía. Lloraba por la criada gratis que se le iba de las manos. Lloraba por el dinero de una boda de hacía veinte años, como si yo se lo hubiera robado, como si mis veinte años de servicio no hubieran pagado ese salón mil veces. Sentí un frío tranquilo bajarme por el pecho, un frío casi limpio, el frío de ver por fin las cosas exactamente como son, sin el velo que una misma se pone para poder seguir.

Rodrigo apareció en el marco de la puerta de la cocina. Traía las manos en los bolsillos y ninguna sorpresa en la cara; debía llevar rato ahí, escuchando, esperando el momento. Se acercó a su madre, se agachó junto a ella, le puso una mano en el hombro y le habló al oído, bajito, creyendo que yo no oía desde donde estaba. Pero yo oía. Vaya que oía.

—Déjela, amá —le murmuró—. Déjela que se vaya. Que se divorcie si quiere. Al rato vuelve arrastrándose, ya verá, sola no dura ni un mes allá afuera. ¿A dónde va a ir? Y mientras tanto yo me caso con una más joven, más bonita, que me dé menos lata. Salimos ganando los dos. Cálmese.

Doña Herminia dejó de llorar de golpe, en seco, como quien le cierra la llave al agua. Se levantó sola, sin ayuda, sin ningún dolor en las rodillas que un momento antes no la dejaban ni moverse. Se sacudió la falda con las dos manos, muy tranquila.

—Pues tienes razón, mijo —dijo, y giró la cabeza y me clavó los ojos, ya secos, ya sin una gota—. La verdad, muchacha, nunca te quise. Nunca. Ni un día. Nada más me servías para el quehacer, para no estar sola. Ya estuvo bueno de fingir.

Sonreí. De verdad sonreí, con ganas, por primera vez en esa casa en no sé cuántos años.

—Gracias —dije, y lo dije en serio—. De verdad, gracias. Por fin algo honesto en esta casa. Ya me iba a acostumbrar a las mentiras.

Como el coche de Rodrigo seguía en el taller por el choque, tuvimos que ir a la Oficialía del Registro Civil en un cacharro prestado que se caía a pedazos, un vochito viejo de un compadre suyo que traqueteaba y rechinaba en cada tope y olía a gasolina. Ninguno de los dos dijo una palabra en todo el camino. Yo miraba por la ventanilla las calles pasar, y pensaba en lo raro que era hacer ese último trayecto juntos, en silencio, después de veinte años de silencios.

En la oficialía iniciamos el divorcio voluntario, de mutuo acuerdo. La empleada, una señora paciente con lentes y una montaña de folders en el escritorio, nos fue explicando el procedimiento con la calma de quien ha visto pasar mil matrimonios rotos por esa misma silla: que había que presentar un convenio firmado por los dos, cómo se repartían los bienes de la sociedad conyugal, qué se acordaba respecto del hijo, la pensión, la casa. Y ahí, justo ahí, empezó el jaloneo.

—El niño se queda conmigo —dijo Rodrigo de inmediato.

—Sebastián decide con quién vive, y ya casi cumple dieciocho —contesté—. Y la casa se parte a la mitad. Es sociedad conyugal, me corresponde la mitad, la trabajé veinte años.

—¿Cuál mitad? Si tú no pusiste un peso.

—Puse veinte años, Rodrigo. Puse mi sueldo entero mes con mes mientras tú...

Él subió la voz. Yo bajé la mía. Nos dijimos cosas, cada vez más filosas, hasta que la empleada dio una palmada seca sobre el escritorio que nos calló a los dos.

—A ver, a ver, señores. —Se quitó los lentes—. Aquí no vienen a pelear, aquí vienen a ponerse de acuerdo. El divorcio voluntario necesita que los dos estén de acuerdo y firmen el convenio en paz, por su propia voluntad. Si van a estar en este pleito, esto no procede. No lo puedo pasar así. Piénsenlo, pónganse de acuerdo entre ustedes, y cuando traigan el convenio bien redactado y firmado, regresan. Aquí los espero.

Salimos sin firmar nada. El trámite quedó en proceso, pendiente, colgando enterito de que Rodrigo quisiera cooperar, de que se dignara firmar. Y yo, viéndole la cara de suficiencia mientras se subía al vochito prestado, entendí una cosa que me apretó el estómago: que esa parte —su voluntad, su firma, su capricho— iba a ser la más cara de todas. Que un hombre así no suelta por las buenas, no porque quiera lo que tiene, sino porque no soporta que se lo quiten.

Volví al hotelito donde había pasado la primera noche. La dueña, una señora amable de delantal florido, me recibió con cara de apuro, secándose las manos en la tela.

—Mija, mira, no es por correrte, Dios me libre, pero por aquí abunda mucho ratero, mucho vago, y una mujer sola de noche... no me quedo tranquila, de veras. Anoche te oí llegar tarde y me dio pendiente. Búscate un lugarcito más seguro, ¿sí, mija? Por tu bien te lo digo, como si fueras mi hija.

Tenía toda la razón. Y después del asalto, yo no necesitaba que me lo repitieran dos veces. Al día siguiente me puse a buscar en serio, con calma, sabiendo por primera vez que el lugar que eligiera iba a ser mío y de nadie más. Encontré un edificio decente en la colonia Narvarte, a unas cuadras de una colega de la universidad, con portón, con luz en el pasillo, con una casera que me miró a los ojos al darme la mano. Renté un departamento de dos recámaras en contrato corto. Modesto, un poco viejo, con la cocina chica y las llaves que goteaban, pero limpio. Mío. El primer techo que era solo mío en toda mi vida adulta. El primero que no tenía que compartir, ni ganarme sirviendo, ni pedir permiso para habitar.

Esa noche, antes de acostarme, recorrí el departamento descalza, tocando las paredes, abriendo y cerrando los cajones vacíos que iría llenando con cosas mías y solo mías. Me asomé por la ventana a la calle desconocida. Nadie me esperaba, nadie iba a llegar pasada la medianoche a preguntarme con fastidio dónde había estado. Por primera vez en mi vida adulta, el silencio de una casa no era una espera: era un descanso.

Esa noche dormí de un tirón, profundo, sin soñar con nadie. Ni con Rodrigo. Ni con doña Herminia. Ni con Dante. Dormí como no dormía desde niña, como si el cuerpo entero por fin bajara la guardia.

A la mañana siguiente me levanté temprano, me preparé un café en mi cafetera nueva, me lo tomé de pie junto a la ventana viendo despertar la colonia, y abrí la puerta para irme a la universidad. Respiré hondo, con el bolso al hombro, lista para empezar de una buena vez mi vida nueva, esa que iba a construir yo solita, ladrillo por ladrillo.

La puerta de enfrente se abrió al mismo tiempo.

Y ahí, en el marco del departamento de enfrente, recién bañado, con una toalla al cuello y el pelo húmedo, con esa sonrisa insolente que ya me sabía de memoria, estaba él.

—¿Guapito? —Se me resbaló el bolso del hombro hasta el codo—. ¿Tú... tú vives enfrente de mí?

Dante se recargó en el marco de su puerta, cruzado de brazos, encantado de la vida, saboreando el momento como quien no podría estar disfrutándolo más. Ladeó la cabeza.

—Más bien —dijo, arrastrando las palabras—, ¿desde cuándo te viniste a vivir tú enfrente de mí?

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beba hernandez
OMG, y si son dos?👶🍼👶🍼😍😍
beba hernandez
El bebé de los girasoles 😍👶🍼😍😍
Anonymous aless
viejo manipulador, la hija está muy grande para tomar sus propias decisiones que ahora tiene que el intervenir
Anonymous aless
qué pensamiento tan retrógrado él le importa más el que dirán que su propia hija yo creo que va a estar muerto el viejo
Anonymous aless
viejo machista del pensamiento que las mujeres tienen que aguantar no pueden quejarse
Anonymous aless
jajajaja este sale con unas cosas, un hijo 4 años menor que el
Anonymous aless
en sus sueños solamente va a pasar él está muy confiado
Anonymous aless
viejo pecueca, destilando veneno, si el fue el primero que la desecho como si fuera un objeto que cuando ya no tiene utilidad lo botan a la basura
Roxana González
mi mamá le llevaba a mi papá 10 años y fueron muy felices, el nunca le soltó la mano y nunca la dejo trabajar, cuando el la conoció ya veníamos con ella éramos 3 y nunca nos hizo un feo al contrario siempre dice mis 3 hijos
beba hernandez
Si, seguro que es por la gata 🤣🤣🤣
Roxana González
así es te educan a la vieja escuela que una mujer debe de aguantar todo
Mercedes Jimenez
me encantó 😍 gracias escritora
Elizabeth Jimenez
Como 5 veces 🤣
Cecily~★
En serio Dante tuvo que mostrarle los billetes al viejo para que se pusiera de lado?
Lo peor es que ella cedió a ese truco barato de chantaje emocional 😒 Ya esto empieza a decaer 😟
Tan envalentonada que parecía Bea y se echa atras con el típico chantaje paternal, sabes la patada en el tuje que le meto 😑
Adriana Trejo
no me cuadra beatriz como acepta ese chantaje cuando ella misma lo sabe 🤦🏻‍♀️
Adriana Trejo
beatriz sino te das cuenta que para el amor no hay edad , otra te lo lleva a dante ! se puede cansar que tu estés es joven yo y mi edad yo y mi divorcio yo la línea y yo y mi hijo y yo mis 20 años a la basura ya bea 🤦🏻‍♀️🤷🏻‍♀️ acepta a dante porfa 🙏🤍⚘️
Adriana Trejo
hay pero si que eres ... bea , como te dejas que te agarren y encima una anciana 🤦🏻‍♀️ es de no creer 😡 , bueno deja de ser tonta bea y actúa pilas que andas de floja 🤷🏻‍♀️
Adriana Trejo
hay pero de que época estamos hablando acá , porque el divorcio existe y es por algo 🤔 y esa familia ya no tenía nada de familia en la que cayó por ser sumisa beatriz , bueno que más da bea es tu vida es tus años y sos vos la que decide como vivirla 🤷🏻‍♀️ sin terceros que te anulen , si esto no te da pausa para ponerte firme con dante no se 😑 sigue dando lastima ! bea
Adriana Trejo
hay beatriz 🤦🏻‍♀️ estas hasta las manos y no quieres aceptar 🤷🏻‍♀️🤷🏻‍♀️
Adriana Trejo
hay beatriz que paso para que mandaras a tu hijo a un internado 🤔 y no te acuerdes de los cumples 🤔 , me gustaría leer los pensamientos de dante con 22 años toda la vida para divertirse y se enamoro de bea , va a tener que hablar con beatriz clarito para que bea se anime con dante 🤔😁
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