En toda historia existe un héroe, una heroína, un villano y luego estaban ellas.
Dos mujeres que competían incluso por quién era capaz de arruinar con mayor elegancia el día de la otra, toda la nobleza estaba convencida de que, tarde o temprano, una terminaría asesinando a la otra.
El destino también lo creyó, lo que jamás imaginó...era que, la noche de sus bodas, ambas morirían y despertarían dos almas completamente diferentes.
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DESAYUNO
Aurelia: (seguía sentada en la butaca, no había cambiado de postura desde que escuche aquel nombre, las palabras seguían resonando dentro de mi cabeza, no cualquier emperatriz, la emperatriz, la villana principal, una parte de mi quería llorar y una tercera solo quería despertar de este sueño tan extraño, todo tiene que tener una explicación y esta no va ser la excepción, mi cerebro, acostumbrado a resolver problemas, comenzó a trabajar automáticamente, opción uno estoy en coma pero hay un problema, los sueños no suelen doler cuando uno se muerde la mejilla, opción dos, estoy muerta, aunque no quiero pensar en esa posibilidad y tendría que pensar que mi Gabriela tampoco está, ¿Y si realmente he muerto?, respire profundamente, aun no debo sacar conclusiones ni entrar en pánico, primero debo observar e ir preguntando discretamente) Necesito hacerte varias preguntas
—Responderé cuanto esté a mi alcance, su majestad
Aurelia: Primero ¿Cómo te llamas?
—¿Mi nombre? soy Helena, jefa de las doncellas imperiales
Valeria: Mucho gusto, Helena, ¿Qué?
Helena: Su Majestad jamás me había llamado por mi nombre
Aurelia: Bueno las personas tienen nombre por alguna razón
Helena: Es un honor que Su Majestad lo recuerde
Aurelia: ¿Cuántos años tengo?
Helena: Veintisiete, su majestad
Aurelia: ¿Y cuánto tiempo llevo siendo emperatriz?
Helena: su coronación fue ayer, durante la ceremonia matrimonial
Aurelia: (Entonces todavía no ha pasado nada importante, intente recordar la novela, la boda, después ¿Qué seguía?, solo recordaba escenas sueltas, conversaciones, el juicio, las acusaciones, la heroína, pero no el orden, genial tengo la memoria de un pez) Helena, necesito saber algo muy importante ¿Cómo era yo?
Helena: Su Majestad siempre ha sido muy respetada
Aurelia: no voy a castigarte, solo responde con sinceridad
Helena: su majestad era muy estricta, perfeccionista, exigente, no le gusta que la contradigan
Aurelia: ¿Solo eso?
Helena: bueno majestad, toda la servidumbre le tiene miedo
Aurelia: (Excelente, debo empezar por el cariño de todo el palacio) debí ser agotadora
Helena: ¿...Perdón?
Aurelia: No me imagino viviendo conmigo (Las cuatro doncellas más jóvenes tuvieron que bajar rápidamente la cabeza para ocultar su expresión de absoluto desconcierto, antes de que nadie pudiera decir una palabra más, tres golpes secos resonaron al otro lado de la enorme puerta)
Helena: ¿Quién solicita audiencia con Su Majestad?
—El Gran Chambelán Imperial
Aurelia: (Helena abrió apenas la puerta, el anciano hizo una reverencia, su uniforme negro estaba impecablemente planchado, cada botón brillaba como si acabara de ser pulido, no levantó la vista habló mirando al suelo)
—Transmito un mensaje de Su Majestad Imperial, su Majestad desea compartir el desayuno con la emperatriz
Helena: Informaré a Su Majestad
Chambelán: El emperador llegará en treinta minutos
Aurelia: Necesito un favor, explícame todo, no tengo la menor idea de cómo desayuna una emperatriz
Helena: ¿Todo?
Aurelia: Todo, desde cómo se saluda al emperador, hasta cómo se sostiene una cuchara
Helena: Su Majestad ¿Recuerda su nombre?
Aurelia: Sí
Helena: ¿recuerda donde esta?
Aurelia: Más o menos
Helena: ¿Recuerda quién es el emperador?
Aurelia: Sé que existe
Helena: Traed agua
Aurelia: (Una doncella salió corriendo, otra acercó una silla la tercera tomó un pequeño abanico) ¡No, no! ¡La que necesita aire soy yo!
Helena: Perdone mi atrevimiento, Su Majestad, pero ¿ha recibido algún golpe en la cabeza durante la noche?
Aurelia: Podría decirse que sí
Helena: Eso explicaría muchas cosas
Aurelia: Créeme... explica demasiadas
Helena: Nunca inicie una conversación antes que el emperador, no lo interrumpa, no señale con el dedo, no se levante antes que él, no lo llame por su nombre de pila en público, no pregunte cuánto cuesta la vajilla
Aurelia: ¿ya había preguntado eso?
Helena: usted la mando a fabricar
Aurelia: entonces mejor no pregunto, ¿Siempre hay tantas reglas?
Helena: Estas son solo las básicas
Aurelia: ¿Las básicas?, ¿Cuántas faltan?
Helena: Aproximadamente cuatrocientas
Aurelia: (deje caer la frente sobre la mesa, una de las doncellas más jóvenes tuvo que girarse para ocultar una sonrisa, Helena comenzó a peinar cuidadosamente mi largo cabello dorado, mientras trabajaba, hablaba)
Helena: Su Majestad Imperial suele desayunar exactamente a la misma hora todos los días, jamás llega tarde, jamás llega temprano, come poco
Aurelia: Yo no, ¿Qué?
Helena: Su Majestad, usted siempre desayunaba muy poco
Aurelia: Pues se acabó, de ahora en adelante me alimentare mejor (Con razón estaba tan delgada, las puertas del enorme guardarropa se abrieron, cientos de vestidos perfectamente organizados aparecieron ante mis ojos, sentí que el alma abandonaba mi cuerpo) ¿Todos esos son míos?
Helena: Sí, Su Majestad
Aurelia: ¿Cuántos hay?
Helena: El inventario de primavera registra seiscientos doce
Aurelia: (Seiscientos doce, recuerdo que en Colombia tenía cuatro jeans favoritos y dos sudaderas)
Helena: ¿Cuál desea usar hoy Su Majestad?
Aurelia: Ese
Helena: Su Majestad ese vestido se utiliza para reuniones privadas
Aurelia: ¿Y?
Helena: No es apropiado para desayunar con el emperador
Aurelia: Entonces elijan ustedes, porque yo no distingo cuál es más elegante