Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 9
Al día siguiente empezó su licencia.
Lucía durmió hasta el mediodía y, cuando se levantó, decidió que no iba a pasar el día llorando por Bruno.
Se bañó, se puso tacos, un vestido ajustado y salió a arreglarse. Peluquería, uñas, maquillaje. Se miró al espejo del local y vio algo que había ido apagando durante años para no incomodar a un novio más bajo, más inseguro, más chico de lo que fingía.
—Nunca más.
Volvió con bolsas, el pelo rubio en ondas y una calma tensa.
El saco de Mateo seguía en su sofá.
También seguía la deuda de las camisas.
Lo llevó a una sastrería privada de Recoleta, de esas que no necesitaban cartel grande porque sus clientes ya sabían dónde tocar timbre. Pidió una camisa blanca a medida usando el saco como referencia.
—Es para mi novio —dijo, porque explicar "para mi jefe, con quien me acosté y a quien le rompí dos camisas" era un delirio.
La empleada tomó el saco, miró discretamente las iniciales bordadas: M.A.
Después lo llevó al fondo.
El sastre era un hombre mayor de bigote blanco y ojos vivos. Don Ernesto.
—¿Para tu novio? —preguntó.
Lucía sonrió.
—Sí.
—¿Y le rompiste la camisa?
—Accidente.
—Ajá.
Don Ernesto no le pidió seña. Solo su nombre y WhatsApp.
—Lucía Salcedo.
—Te aviso cuando esté.
—¿No necesita medir más?
—Con esa chaqueta alcanza.
Lucía salió pensando que la gente rica tenía reglas muy raras.
Esa noche, Valentina le escribió:
Valentina: Me comprometo el miércoles. Me gustaría que vinieras.
Lucía miró el mensaje con los ojos húmedos.
Valentina quería que ella fuera testigo del robo.
Lucía respondió:
Lucía: Felicitaciones. ¿Quién es el afortunado?
Valentina: Alguien que conocés. Ya vas a ver.
—Caradura.
Abrió la cámara oculta del auto.
Bruno estaba sentado al volante. Valentina, al lado. Discutían.
—No voy a casarme con vos —decía Bruno—. Te dije que esto no era amor.
—Estoy embarazada.
—Entonces arreglalo.
—¿Arreglarlo?
—Yo amo a Lucía.
Lucía apagó la pantalla.
Durante un segundo, casi se rio. Bruno podía decir que la amaba mientras le pedía a otra mujer que resolviera un embarazo. Qué talento para la miseria.
Al día siguiente llevó el auto al taller del tío de Valentina.
—La cámara anda rara —dijo—. Bruno me dijo que ustedes eran de confianza.
El hombre reconoció el vehículo y prometió revisarlo personalmente.
Lucía dejó las llaves.
El miércoles, el compromiso se canceló.
No hubo escándalo público. Salió prolijo: "motivos personales". Pero Lucía sabía leer entre líneas. El tío había encontrado la cámara, había escuchado a Bruno pedirle a Valentina que abortara y había llevado todo a su familia.
La alianza política se rompió antes de firmarse.
Bruno apareció en su departamento al día siguiente, con las llaves del auto y la cara destruida.
Vio el saco de Mateo sobre el sofá.
—¿De quién es?
Lucía seguía metiendo ropa en cajas.
—De mi novio.
—¿Qué novio?
—El mío. Terminamos, Bruno.
—Es por Valentina.
—Es por vos.
Él se acercó.
—Lu, escuchame.
—No me digas Lu.
—Yo te amo.
—Y la embarazaste.
Bruno se quedó blanco.
—Fue un error.
—Un error es mandar un mail sin adjunto. Lo tuyo fue logística completa.
—¿Hace cuánto sabés?
—Lo suficiente.
Él quiso agarrarle la muñeca. Lucía se apartó.
—No me toques. Me das asco.
Bruno tenía los ojos rojos.
—¿Quién es él?
—No te importa.
—¿Es Alcázar?
Lucía no respondió.
Ese silencio alcanzó.
—No te va a elegir.
—Vos tampoco me elegiste. Solo querías que yo no me diera cuenta.
Le abrió la puerta.
—Andate.
Bruno tardó en moverse. Cuando por fin salió, dejó una amenaza muda en el pasillo.
Lucía cerró la puerta y apoyó la espalda contra la madera.
No lloró enseguida.
Se acostó vestida y durmió de golpe.
Despertó horas después con un dolor fuerte en el estómago. Intentó levantarse, pero las piernas no le respondieron. Llamó a Martina. No atendió. Llamó a Simón.
—Simón...
Él cambió de tono de inmediato.
—¿Dónde estás? ¿Podés moverte?
—Casa... me duele...
No llegó a decir más.
Diez minutos después, la puerta cayó.
No fue Simón.
Fue Mateo.
—Sos increíble —dijo, con la voz dura y el miedo mal escondido.
Lucía, sudada y doblada del dolor, alcanzó a murmurar:
—Mi puerta...
—Después te compro otra.
La levantó en brazos.
Ella volvió a oler sándalo.
Y perdió la conciencia.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕