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Bajo La Luna De Desierto: El Contrato Del Alfa

Bajo La Luna De Desierto: El Contrato Del Alfa

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Mafia / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Para salvar a su clan de la ruina, Zaira acepta un matrimonio forzado con Tariq Al-Rashid, el despiadado Alfa de la mafia vampírica de Dubái. Obligada a renunciar a su libertad, se adentra en un palacio de lujo y misterio que parece salido de Las mil y una noches. Pero el peligro real la espera al cruzar el umbral: el hombre con el que debe casarse no es su prometido inicial, sino el implacable y magnético padre de este, un inmortal de mirada abrasadora que esconde el secreto de un viaje en el tiempo. Entre sedas, dunas plateadas y miradas que queman, Zaira descubrirá que la línea entre el odio y la pasión más ardiente es tan fina como un suspiro.

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Capítulo 7: Las Dunas del Tiempo

El impacto no fue físico, sino una sacudida que pareció desligar el alma de la carne. La luz dorada que emanaba del arco de basalto se volvió un torbellino ensordecedor de susurros antiguos, aromas a resinas extintas y ráfagas de un calor que no pertenecía al aire acondicionado del palacio moderno de Dubái. Por un instante eterno, Zaira sintió que flotaba en un vacío sin peso, sujetada únicamente por los brazos de Tariq. La presión del pecho del Alfa contra la espalda de ella era el único ancla que la mantenía cuerda mientras el universo conocido se desarmaba a su alrededor.

Cuando sus pies volvieron a tocar suelo firme, una marea de arena cedió bajo el peso de ambos. El aire frío de la cripta subterránea desapareció, reemplazado por un calor seco, abrasador e implacable que quemaba al respirar.

El silencio que siguió a la tormenta luz fue absoluto.

Zaira cayó de rodillas sobre una duna gigantesca, buscando aire en sus pulmones mientras el mareo le hacía girar la cabeza. El amuleto de lapislázuli sobre su pecho, que minutos antes pulsaba con un fuego azul frenético, ahora descansaba apagado y frío como el hielo.

—Respira despacio, pajarillo. Deja que tu cuerpo se adapte —la voz de Tariq resonó a su lado, grave y firme, actuando como un bálsamo inmediato contra el pánico.

El Alfa permanecía de pie a un metro de ella, erguido como un titán contra el horizonte. Pero no era el mismo hombre de la cripta. La ropa de lino moderno que vestía se había transformado en la travesía: ahora llevaba una túnica de viaje de lana fina en tonos arena, ceñida a la cintura por un cinturón de cuero tachonado con hebillas de bronce antiguo. A su costado no colgaba la daga de plata de su clan moderno, sino una cimitarra de acero persa con empuñadura de cabeza de león.

Zaira bajó la mirada hacia sí misma y ahogó un suspiro de asombro. Su pantalón y su blusa de seda habían desaparecido. En su lugar, vestía una túnica amplia de color carmesí sujetada por broches de plata en los hombros, y velos ligeros de gasa que cubrían sus brazos del sol inclemente.

—¿Dónde... dónde estamos? —logró articular Zaira, pasándose la mano por la frente, sintiendo el calor del mediodía arder sobre su piel.

Tariq extendió la mano hacia ella. Sus dedos largos y cálidos envolvieron los de la joven con una firmeza protectora que disipó los últimos vestigios del mareo. La levantó con una facilidad pasmosa, pegando por un segundo el cuerpo de Zaira al suyo. La mirada del Alfa recorrió los alrededores con una mezcla de reconocimiento ancestral y gravedad absoluta.

—No estamos en el 'dónde', Zaira, sino en el 'cuándo' —dijo él, señalando con la cabeza hacia el horizonte.

Frente a ellos no se alzaban los rascacielos de cristal y luz LED de Dubái, ni las autopistas que cortaban el desierto. Ante sus ojos se extendía un océano infinito de dunas de color ocre y dorado bajo un sol inclemente que ocupaba el centro del cielo. A varios kilómetros de distancia, al pie de una cordillera de montañas rocosas, se divisaba la silueta de una gran ciudad amurallada con cúpulas de adobe, torres de vigilancia y el verde vibrante de un oasis gigantesco que alimentaba a miles de palmeras.

—Isfahán... —susurró Zaira sin saber de dónde había salido ese nombre de sus propios labios. Un escalofrío de electricidad le recorrió la espina dorsal.

—El imperio persa. Año 820 de la era antigua —completó Tariq, girándose para mirarla. Sus ojos ámbar, que en el mundo moderno debían ocultarse tras la sombra de los negocios y la mafia, brilla en este tiempo con una ferocidad salvaje y natural—. Este es el reino de mi juventud. El lugar donde mi linaje no era una leyenda de la noche, sino la dinastía que gobernaba las sombras entre las grandes rutas de la seda.

—El portal nos arrojó aquí... ¿por qué? —Zaira dio un paso involuntario hacia el borde de la duna, contemplando la inmensidad del paisaje milenario. El viento del desierto levantó su velo carmesí, haciéndolo ondear como una bandera de fuego en la inmensidad.

—El amuleto no reacciona por accidente —explicó Tariq, acercándose por detrás hasta que su pecho rozó la espalda de ella. Deslizó sus brazos alrededor de la cintura de Zaira, acomodándola contra su torso con un instinto de posesión implacable—. Samir intentó forzar la cerradura del tiempo con sangre corrupta. El artefacto nos trajo al punto de origen para proteger la matriz. Si la matriz del tiempo es destruida en el pasado, nuestro imperio en el presente jamás existirá... y tú y yo nunca nos habríamos encontrado.

El contacto de los brazos de Tariq sobre su abdomen envió una ráfaga de calor que nada tenía que ver con el sol del desierto. Zaira echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro del inmortal, sintiendo la firmeza de su mandíbula rozar su sien.

—¿Significa que estamos atrapados? —pregunto ella en un susurro, buscando la mirada del Alfa.

—Nunca estarás atrapada si estás conmigo —respondió Tariq con una convicción que no admitía dudas. Inclinó la cabeza y rozó con sus labios la curva sensible del cuello de Zaira, provocando que la joven entreabriera la boca en un suspiro ahogado—. Pero debemos movernos. En este siglo, la noche pertenece a mi clan, pero el día pertenece a los cazadores de la corte del Sah. Y si ven a un Alfa viajando con una mujer de tu belleza sin una escolta de mil hombres, la guerra empezará antes de llegar a las puertas de la ciudad.

Tariq tomó la mano de Zaira y la guió ladera abajo por la duna, hundiéndose en el calor y el polvo del pasado.

Caminaron durante casi dos horas siguiendo la cresta de las colinas de arena para evitar las rutas comerciales transitadas por caravasares. A pesar de la dureza del terreno, Tariq no mostraba la menor señal de cansancio. Su naturaleza incombustible le permitía avanzar con pasos ágiles, manteniendo siempre un ojo en el horizonte y otro en la mujer a su lado. Cada pocos minutos, el Alfa se detenía, obligando a Zaira a beber agua de una cantimplora de cuero que había aparecido junto a sus prendas al cruzar el portal, preocupándose de que el calor no consumiera sus fuerzas mortales.

—Tus ojos han cambiado —comentó Zaira de pronto, deteniéndose a la sombra de un afloramiento rocoso mientras Tariq vigilaba el valle.

—¿En qué sentido? —preguntó él, girándose hacia ella.

—En el palacio moderno, en tu mirada había una carga constante. El peso de dirigir un imperio, de controlar a la mafia, de ocultar quién eres al resto del mundo —Zaira se armó de valor y dio un paso hacia él, alzando una mano para rozar la mejilla esculpida del inmortal. La piel de Tariq estaba firme y templada, despidiendo ese aroma sutil a sándalo que la embriagaba desde la primera noche—. Aquí pareces... completo. Como si el aire del pasado te devolviera algo que habías perdido.

Tariq cerró los ojos por un segundo, disfrutando del roce de los dedos de Zaira contra su piel. Atrajo la mano de ella hacia sus labios y depositó un beso lento e intenso en la palma, haciendo que un cosquilleo abrasador descendiera directamente hacia el vientre de la joven.

—Lo que había perdido no era el aire de este siglo, Zaira —murmuró él, abriendo sus ojos ámbar para clavar su mirada en los de ella con una devoción incandescente—. Era a ti. Pasé mil años recordando la curva de tus hombros, el sonido de tu voz cuando dices mi nombre y la firmeza de tu mirada cuando intentas desafiarme. Estar en este siglo no es nada si no estás a mi lado.

Zaira sintió que el pulso se le aceleraba en la garganta. La intensidad del amor de este hombre, forjado a través de eras y batallas, la envolvía con una fuerza irresistible. No había rastro del contrato, ni de las dudas de la mafia, ni de la sombra de Samir. En este desierto infinito, solo existían ellos dos.

Incapaz de contener la atracción que la arrastraba hacia él, Zaira se empinó sobre sus pies y rodeó el cuello del Alfa con sus brazos. Tariq la atrapó en el acto, rodeándole la cintura con sus brazos de hierro y levantándola unos centímetros del suelo para sellar sus labios en un beso ardiente.

El choque de sus bocas fue hambriento, desesperado, como si el tiempo acumulado entre ambos exigiera ser cobrado en cada segundo. Tariq moldeó los labios de Zaira con un dominio salvaje pero cuidadoso, devorando su aliento mientras la lengua del inmortal exploraba la calidez de su boca. Zaira gimiós contra sus labios, enredando sus dedos en el cabello oscuro y denso de él, adhiriéndose a su cuerpo como si el universo entero pudiera disolverse a su alrededor.

Tariq la presionó suavemente contra la pared de piedra de la roca, usando su cuerpo masivo para protegerla de la vista del valle. Sus manos descendieron por la espalda de Zaira, moldeando la curva de su cadera a través de la fina tela carmesí, levantando ligeramente la túnica para sentir el contacto directo de la piel cálida de sus muslos.

—Tariq... —musitó ella cuando él interrumpió el beso para trazar una línea de fuego con sus labios por la mandíbula de ella, descendiendo hasta la pulsación desbocada de su yugular.

—Dime que me deseas, Zaira —pidió él en un murmullo cavernoso, con la punta de sus colmillos rozando apenas la epidermis de la joven, enviando ondas de placer eléctrico por toda su espina dorsal—. Dime que no te arrepientes de haber cruzado el fuego conmigo.

—Te deseo —confesó ella sin dudar, arqueando el cuello para darle un acceso más profundo, rindiéndose por completo a la fascinación que el Alfa ejercía sobre su ser—. Jamás me arrepentiría de estar contigo.

El Alfa dejó escapara un gruñido satisfecho que retumbó en las paredes de la roca. Se inclinó para besar de nuevo el nacimiento de su pecho, rozando con sus labios la tela que cubría su busto agitado, cuando un silbido agudo cortó el aire seco del mediodía.

Tariq reaccionó con la velocidad del rayo. Se giró sobre sí mismo en un parpadeo, cubriendo a Zaira con su cuerpo mientras su mano derecha interceptaba un proyectil en el aire a escasos centímetros de sus rostros.

Un dardo de hierro con plumas de halcón quedó atrapado entre los dedos del inmortal.

—Nos encontraron —sentenció Tariq, la ternura apasionada de su rostro borrándose en una fracción de segundo para dejar ver la máscara de acero del guerrero.

Al pie de las dunas, rodeando la formación rocosa, diez jinetes vestidos con armaduras de cuero tachonado y turbantes negros surgieron de la nada. Montaban sementales árabes de pelaje oscuro y sostenían arcos cortos y lanzas con puntas de plata que refulgían bajo el sol.

—¡El demonio de la noche camina bajo el sol! —gritó el líder de los jinetes, desenvainando una espada ancha—. ¡Capturen a la mujer y lleven la cabeza del Alfa ante el Visir!

Tariq bajó a Zaira al suelo y la colocó a sus espaldas, ocultándola en la hendidura de la roca. Su mano fue directamente a la empuñadura de la cimitarra de cabeza de león. El acero persa emergió de la vaina con un canto metálico y frío que pareció congelar el calor del desierto.

—Quédate detrás de mí, mi luna —dijo Tariq, su voz convirtiéndose en un susurro mortal mientras sus ojos ámbar se teñían por completo del rojo encendido del depredador inmortal—. Es hora de recordarle a este siglo por qué mi estirpe gobernó este imperio.

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Martha Divas Delgado
o me encantó un asta pronto creo por k una historia así es hermosa 🥰
Martha Divas Delgado
🥰continuarán con su legado k bello zaira está embarazada☺️
Martha Divas Delgado
🤭 me gusta k tariq cuente los capítulos k faltan para finalizar la historia
Martha Divas Delgado
hay dios pensé k jafar los iba a atrapar 🥹 en el pasado
Martha Divas Delgado
me encantan esta historia le doy todo
Renata Mabel
🦆✨
Martha Divas Delgado
autora no tardes mucho en actualisar
Martha Divas Delgado
hayyyyy me encanta hay muchos peligros por dios
Martha Divas Delgado
🥰 me encanta es un camino k recorrerán juntos a ver k pasa con samir
Martha Divas Delgado
🥰 se está poniendo más buenaaaaaaaaaa🤭
Martha Divas Delgado
ufffffffff empesamos bien 🤭
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