Valérie era una bibliotecaria tranquila que encontró un final trágico a manos de un hombre obsesionado con ella. Sin embargo, la muerte no fue el final, sino el comienzo de una pesadilla aún más compleja. Ha reencarnado en el cuerpo de Maeve Cipriano, la recién nacida hija del Primer Ministro del poderoso Reino de las Rosas.
Su nueva vida es un paraíso de opulencia: rodeada de cunas de oro, sirvientas guerreras entrenadas de élite y una catadora de alimentos personal, Maeve vive en el pináculo del poder. Pero su padre, Santiago Cipriano, un hombre marcado por un pasado de pobreza, guerra y una terrible traición familiar que lo llevó a encarcelar a su propio padre, la adora con una intensidad que roza lo asfixiante.
El verdadero horror llega cuando los recuerdos de su vida pasada se aclaran y Valérie comprende dónde está: ha renacido dentro de la trama del segundo libro de una trilogía de fantasía oscura que leyó anteriormente. Y el papel que le corresponde no es el de una heroína salva
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Capítulo 13: Seis Años Después y el Dulce Aroma de un Nuevo Comienzo
Han transcurrido seis años desde aquel día, y mi vida ha cambiado de formas que jamás imaginé. A mis catorce años, me encuentro inmersa en la preparación intensiva para mi debut en la alta sociedad. Pero no es la vida social lo que me mantiene ocupada, sino mi imperio personal: mi biblioteca se ha convertido en la joya del pueblo y, con paso firme, está escalando hasta ser reconocida en todo el reino. He logrado expandirme, adquiriendo los locales contiguos para ampliar mis colecciones. Además, junto a mi madre, experta en el conocimiento de las plantas, inauguramos un negocio de perfumería que ha sido todo un éxito.
Respecto a Orión... bueno, tras su partida no volví a saber de él. Le escribí cartas durante años, buscando alguna señal, pero el silencio fue su única respuesta. Tras dos años de esperar en vano, finalmente me rendí y dejé de escribir. Sin embargo, conservo intacto aquel libro que me regaló, y a veces, en noches de insomnio, releo la dedicatoria que marcó con tanto cuidado:
—«Mil razones para pensarte, cien para admirarte y una sola para no olvidarte: quererte» —susurro para mí misma, dejando que las palabras aún me ericen la piel.
En cuanto a mis visitas al castillo, intento evitarlas a toda costa. Cuando la cortesía me obliga a asistir, percibo una dinámica extraña entre Sebastián y Cataella; es una tensión silenciosa, casi magnética, que no logro descifrar, aunque intento convencerme de que son solo imaginaciones mías.
Para aliviar estas cargas, he encontrado una nueva amiga. Es una chica serena, amante de la cocina, con quien paso horas experimentando entre especias y fogones. Justo ahora, nuestras risas inundan la cocina mientras preparamos peras al vino, un postre elegante que requiere paciencia y delicadeza.
—¡Cuidado, Maeva! —exclamó ella, riendo mientras sostenía la botella de vino tinto—. Si añades el vino demasiado rápido, las peras no absorberán el tono rubí que buscamos. ¡Queremos que queden como joyas, no como sopa!
—¡Eso intento, Elena! —respondí entre carcajadas, tratando de verter el vino con un hilo constante mientras ella especiaba el almíbar con canela y anís estrellado—. ¿Crees que el aroma sea suficiente para impresionar a quienes vengan hoy?
—¡Si el sabor queda tan bien como huele, vamos a tener a todo el pueblo haciendo fila en tu biblioteca para pedirnos la receta! —respondió ella, dándome un pequeño empujón juguetón en el hombro—. ¡Míralas, ya empiezan a tomar color! Es como si el vino las estuviera transformando en algo especial, justo como cuando empezamos a trabajar en la perfumería.
Me quedé mirando cómo el líquido espeso comenzaba a burbujear suavemente, envolviendo la cocina en un aroma dulce y profundo. Por un momento, olvidé las intrigas del castillo y la ausencia de Orión; en esa cocina, con el aroma del vino y la calidez de una nueva amistad, sentí que, por fin, estaba construyendo mi propio orden en este mundo.
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«¡Por si a más de uno se le antojó y quieren probar la receta en casa,
aquí les dejo el secreto de nuestras deliciosas peras al vino! Perfectas para impresionar a cualquiera:
Receta: Peras al Vino
Ingredientes: 4 peras peladas (manteniendo el tallo), 500ml de vino tinto, 150g de azúcar, 1 rama de canela, 1 estrella de anís, una tira de piel de naranja.
Preparación:
En una olla pequeña, calienta el vino con el azúcar, la canela, el anís y la piel de naranja hasta que el azúcar se disuelva.
Coloca las peras peladas dentro de la olla, asegurándote de que queden casi cubiertas.
Cocina a fuego lento durante unos 25-30 minutos, girándolas ocasionalmente hasta que estén tiernas y hayan adquirido un color vino intenso.
Retira las peras. Sube el fuego del vino sobrante para reducirlo hasta obtener un jarabe espeso. Sirve las peras bañadas en esta reducción.