Hay lugares que nunca se olvidan. Para Rubi, aquel pequeño pueblo siempre había sido el lugar al que regresaba cada verano. El rancho de sus abuelos, los mismos caminos de tierra, los caballos, las tardes interminables y una familia que prácticamente había crecido junto a la suya. Y luego estaba él. Wyatt Carter. Durante años fue simplemente el hermano mayor de su mejor amigo. El cowboy que siempre parecía estar cubierto de polvo, que sabía montar cualquier caballo y que tenía la extraña costumbre de aparecer justo cuando ella estaba a punto de meterse en problemas. Pero han pasado años desde el último verano. Y algunas cosas cambiaron. Ella no esperaba volver a encontrar el pueblo exactamente como lo había dejado. Mucho menos esperaba que Wyatt tampoco fuera el mismo. Porque quizás regresar al lugar donde comenzó todo no sea tan sencillo como recordar viejos veranos. Y quizás este verano tenga algo que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar.
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Prólogo
...7 años años atrás...
—¡Rubí, espera!
Ella corría por el camino de tierra con las sandalias en una mano y el cabello revuelto por el viento.
—¡Logan, apúrate!
—¡Tú eres la que corre demasiado!
Los dos llegaron hasta la vieja cerca que separaba el rancho de sus abuelos del camino que llevaba hacia el pueblo.
Rubí se detuvo.
Su respiración estaba agitada.
Aquella tarde el cielo comenzaba a teñirse de naranja y, por primera vez, el rancho no parecía el lugar interminable de aventuras que siempre había sido.
Parecía que todo estaba terminando.
El auto de sus padres esperaba frente a la casa.
En unos minutos tendría que irse.
Otra vez.
—No quiero que termine el verano —murmuró Rubí.
Logan se apoyó contra la cerca.
—El próximo verano vuelves.
Rubí hizo una mueca.
—¿Y si no puedo?
—Entonces voy a buscarte.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Y cómo?
Logan se encogió de hombros.
—Tengo una bicicleta.
Rubí volvió a reír.
—Eres idiota.
—Pero volverás.
Ella lo miró.
Después levantó la mano y extendió el meñique.
—Lo prometo.
Logan entrelazó el suyo con el de ella.
—Cada verano.
—Cada verano.
Una voz llamó a Rubí desde la casa.
—¡Rubí! ¡Tenemos que irnos!
Ella soltó el dedo de Logan y corrió unos pasos.
Pero se detuvo.
Se giró una última vez.
—¡Logan!
—¿Qué?
—¡No dejes que nadie ocupe mi lugar!
—¡Jamás!
Rubí sonrió.
Y entonces se fue.
Sin saber que aquel sería el último verano que pasaría allí durante mucho, mucho tiempo.
...Siete años después...
El cartel apareció al otro lado de la carretera.
...BIENVENIDOS A BLACKWOOD....
Rubí lo observó desde la ventanilla del auto.
El corazón le dio un pequeño vuelco.
Había pasado una década.
Diez años desde aquella promesa.
Diez años desde la última vez que había recorrido aquellas calles.
Y, sin embargo, el pueblo parecía esperarla.
La misma gasolinera.
La misma cafetería junto a la carretera.
La pequeña iglesia blanca.
Incluso el viejo árbol donde ella y Logan solían esconderse cuando querían escapar de los adultos.
Rubí sonrió.
—No puedo creer que siga todo igual —murmuró.
Su madre, que conducía, soltó una risa.
—No todo.
Rubí la miró.
—¿Qué cambió?
—Tú.
Ella volvió la mirada hacia la ventana.
Quizás tenía razón.
Ya no era la niña que llegaba cada verano con una mochila llena de ropa y las rodillas siempre raspadas.
Ahora tenía veintidós años.
Una vida en otra ciudad.
Nuevas responsabilidades.
Y ninguna certeza sobre cuánto tiempo quería quedarse.
Pero había una cosa que sí sabía.
Había vuelto.
El auto salió de la carretera principal y tomó el camino que llevaba al rancho de sus abuelos.
Rubí reconoció el paisaje casi inmediatamente.
Los campos dorados.
Las cercas de madera.
Los caballos a lo lejos.
Sintió una sonrisa aparecer en sus labios.
Entonces lo vio.
Aquel lugar.
El rancho.
Su segundo hogar.
El mismo donde había pasado cada verano de su infancia.
El mismo donde había hecho aquella promesa.
Rubí apoyó la frente contra la ventanilla.
—Volví —susurró.
Pero esta vez no sabía cuánto tiempo se quedaría.
Ni sabía que, en aquel mismo rancho, alguien también había cambiado.
Alguien que ella recordaba perfectamente.
Alguien que ya no era el chico que había dejado diez años atrás.
Wyatt Carter.
Y aquel verano estaba a punto de comenzar.
Rubi:
Wytte: