historia de una chica curvy y un cantante que se conocen por casualidad enfrentan prejuicios obstáculos para separarlos pero ellos luchan con todo para estar juntos
(es un cuento corto y reflexivo
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manos ala obra
Manos a la Obra
Sin descanso, Tobías y su ayudante comenzaron a evaluar los daños. Damián, aunque no sabía de mecánica, se puso a su entera disposición, buscando herramientas, limpiando piezas y llevando informes al resto del grupo. Sergio y Oswaldo, por su parte, aprovecharon la conexión a internet del taller para dar aviso a la organización de la gira y ajustar los tiempos de montaje en la ciudad destino.
—Es grave, pero tiene arreglo —confirmó Tobías tras una hora de inspección minuciosa—. Tenemos que cambiar la manguera principal y reparar varios componentes del sistema eléctrico que se vieron afectados por el sobrecalentamiento. Nos tomará un par de horas más, pero saldrán de aquí rodando.
La noticia fue recibida con un suspiro colectivo de alivio. Lila preparó café caliente con lo que encontró en un pequeño rincón de la oficina del taller, repartiendo tazas para todos: mecánicos, músicos y acompañantes. Ese pequeño gesto de hospitalidad y cuidado unió aún más al grupo, convirtiendo la noche de desgracia en una experiencia de hermandad inesperada.
Damián observaba a su alrededor: el trabajo experto y dedicado de quienes les habían rescatado, la colaboración de sus compañeros, la presencia serena y eficaz de Lila que todo lo arreglaba con su sola presencia. Aquel percance le había enseñado que no importaba cuán oscuro o desolador fuera el camino, siempre podía surgir ayuda en la forma menos esperada, y que la verdadera fortaleza residía en la unión y en la capacidad de no rendirse ante la adversidad.
Faltaban pocas horas para el amanecer cuando el motor del autobús volvió a rugir con firmeza, limpio y reparado. El sol comenzaba a asomarse tímidamente en el horizonte cuando, tras despedirse y agradecer infinitamente a Tobías por su valiosa ayuda y desinterés, la caravana volvió a ponerse en marcha, esta vez con paso firme y seguro hacia el escenario que los esperaba.
El sol ya había ascendido con fuerza cuando el autobús, reparado y rugiendo con regularidad, avistó por fin la ciudad destino. Las calles bullían de actividad, y al acercarse al recinto del concierto, la evidencia de su retraso era innegable: largas filas de personas esperaban a la entrada, camiones de producción se movían con urgencia y los coordinadores hablaban por radio con gestos de ansiedad.
Al entrar al área reservada, el vehículo apenas tuvo tiempo de detenerse antes de que se acercara el jefe de producción, con el rostro contraído por la tensión.
—¡Casi nos dan por perdidos! —exclamó, aunque al verlos sanos y salvos, su gesto se suavizó en parte—. Hemos tenido que correr el cronograma al límite, reducir pruebas y avisar a la seguridad. La gente lleva horas esperando y hay rumores de cancelación que nos han hecho sufrir.
Damián bajó del vehículo con las piernas cansadas pero el espíritu alerta.
—Sé que estuvimos fuera de comunicación y que el retraso ha sido difícil —dijo con tono sincero y responsable—. Tuvimos una avería grave en zona aislada, pero aquí estamos. Estamos listos para dar lo mejor en el escenario y disculparnos ante el público si es necesario.
Lila se mantuvo a su lado, con la ropa aún marcada por la noche difícil, pero con la postura erguida y la mirada firme.
—Todos han hecho un esfuerzo inmenso por llegar —añadió ella—. Solo necesitamos unos minutos para acomodarnos y estaremos listos para salir.