Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.
Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.
Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.
Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.
Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 11
La luz suave de la mañana llenaba la habitación, pero el ambiente no era solo de calma: había sinceridad, y también una tensión clara, como dos personas que deciden poner todas las cartas sobre la mesa antes de cruzar cualquier línea. Se sentaron frente a frente, él en un sillón y ella en el borde de la cama, separados por un espacio que parecía lleno de palabras aún no dichas.
Ottavia entrelazó las manos sobre el regazo y rompió el silencio primero, con voz firme aunque bajita:
—Antes de seguir… necesito saberlo todo. Dijiste que sabes lo que está pasando. ¿Cuánto sabes?
Lorenzo la miró a los ojos sin apartar la vista, sin esquivar la pregunta. —Sé que Nereo te engaña. Sé con quién. Y hace cuánto tiempo empezó. No es un secreto para mí, aunque sé que para ti fue un golpe que te destrozó.
Ella sintió que el aire se le escapaba un instante, pero no lloró. Solo asintió despacio, como confirmando lo que ya sabía en el fondo. —¿Todos lo sabían? ¿Y yo era la única viviendo en la mentira?
—No todos —respondió él con suavidad—. Pero yo lo supe hace meses. Beatrice no es tan discreta como cree. Y Nereo… él siempre ha creído que puede tenerlo todo: la casa, la familia y lo que encuentra fuera. Hace años que hace lo mismo, solo que esta vez fue más lejos.
—¿Y tu rivalidad con él? —preguntó ella, levantando la vista para clavarle la mirada—. ¿Es solo por negocios? ¿O hay algo más?
Lorenzo se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, y habló con franqueza total:
—Va mucho más allá de contratos o ganancias. Hace tiempo Nereo destruyó a mi padre profesionalmente… con trucos, mentiras y tratos injustos. Mi padre nunca se recuperó. Yo construí Salvetti Global no solo para competir, sino para devolverle todo lo que le hizo. Es una deuda que llevo conmigo desde que era un muchacho. Y ahora… ahora también hay algo más: te veo a ti, y me duele ver lo que él te hace. No quiero que siga haciéndote daño.
Ottavia lo escuchó en silencio, entendiendo por fin por qué la conexión entre ellos se sentía tan profunda desde el principio. No era solo atracción: era que ambos habían sido heridos por la misma mano.
—Entonces somos aliados por dolor —dijo ella con una media sonrisa triste—. Qué curioso. Yo vine buscando venganza, no amor. Debes saberlo desde ahora. No te prometo nada. No te ofrezco un futuro. Solo quiero que Nereo pague cada lágrima que me ha hecho derramar.
Lorenzo asintió, sin ofenderse, sin desviar la mirada. —Lo entiendo perfectamente. Y te respeto por ello. No vine aquí para pedirte que te enamores de mí, ni para reemplazar a nadie. Vine para tenderte una mano y para hacer justicia. Pero hay algo que debemos dejar claro desde el principio.
Se levantó y caminó un paso hacia ella, deteniéndose a una distancia respetuosa.
—Establezcamos las reglas —dijo con voz serena y firme—. Sin mentiras entre nosotros. Sin expectativas que no podemos cumplir. Sin promesas de eternidad que no sabemos si podremos mantener.
—Estoy de acuerdo —respondió ella con rapidez—. Sin sentimientos. Sin futuro. Solo lo que hay aquí y ahora. Y la venganza que nos une.
—No solo venganza —corrigió él suavemente—. También hay deseo. Lo siento tú y lo siento yo. No lo neguemos. Pero ese deseo no nos obliga a nada más. Podemos estar juntos, compartir esto, y cuando todo termine… cada uno sigue su camino. Sin reclamos. Sin culpas.
Ottavia se puso de pie despacio, quedando frente a él, y midió cada palabra antes de soltarla:
—Entonces el trato es este: nos ayudamos mutuamente. Le damos a Nereo lo que se merece. Y mientras tanto… nos permitimos sentir lo que él nos negó: respeto, compañía, ese deseo que nos despierta. Pero el día que esto acabe… nos separamos sin preguntas. ¿Es así?
—Exactamente así —confirmó él—. Sin noviazgo. Sin matrimonio. Sin “para siempre”. Solo dos personas que se encuentran en medio de la tormenta y deciden no caminar solas.
—¿Y si uno de los dos se enamora? —preguntó ella, y aunque intentó mantener la calma, la voz le tembló levemente—. ¿Qué pasa entonces?
Lorenzo le acarició suavemente el brazo, sin posesión, solo con ternura. —Entonces lo diremos. Sin engaños. Pero no lo planeemos. Vivamos un día a la vez. Y respetaremos la decisión del otro, sea cual sea. Esa es la regla más importante: tu libertad siempre estará a salvo. Yo no te pediré más de lo que puedas dar.
Ottavia cerró los ojos un instante, sintiendo cómo el peso de todo lo que había pasado se repartía ahora entre dos personas en lugar de caer solo sobre ella. Al abrirlos, lo miró con determinación:
—Trato hecho. Sin promesas. Sin cadenas. Solo lo que somos y lo que decidimos compartir.
—Trato hecho —repitió él, y estrechó su mano entre las suyas con firmeza—. Y Ottavia… gracias por confiarme aunque sea un poco de ti. No te defraudaré.
Ella soltó una risa bajita, con un dejo de amargura pero también de alivio. —No me prometas eso. Recuerda: sin promesas. Solo hechos.
Lorenzo sonrió, y por primera vez esa sonrisa llegó tranquila y completa a sus ojos. —Tienes razón. Solo hechos. Y el primero es este: estoy aquí. Contigo. Porque lo elijo. Y mientras dure, será verdad.
Se acercó lentamente, dándole tiempo para retroceder si quería, y cuando ella no se movió, la besó en la frente, con una ternura que no esperaba. —Descansa ahora. No hay prisa. Nadie nos persigue. Y por hoy… basta de decisiones.
Ottavia se dejó caer suavemente en el abrazo que él le ofreció, y por primera vez en mucho tiempo, no pensó en el pasado ni temió el futuro. Solo existía ese momento: claro, honesto, y completamente suyo.
—¿No te da miedo? —preguntó Ottavia, mirándolo a los ojos—. Estar conmigo te pone en contra de Nereo de una forma aún más personal. Podría destruirte si descubre esto.
Lorenzo le acarició suavemente la mejilla, sin dudar un instante. —Lo que él hace con mentiras y engaños no se sostiene. Y yo no tengo miedo de estar del lado de la verdad… ni del tuyo.
—Recuerda lo que dijimos —le recordó ella con voz firme, aunque suave—. Sin promesas. Sin futuro. Solo ahora.
—Lo recuerdo —respondió él con una sonrisa tranquila—. Pero eso no me impide saber que estás aquí por tu propia voluntad. Y eso basta. No te pido que te quedes. Solo te pido que mientras estés… seas tú.