Valentina Montero lleva siete años entregándole todo a su matrimonio. Vendió la herencia de sus padres, levantó una empresa desde la quiebra y renunció a su propia vida para que Andrés Fuentes alcanzara el éxito. Pero la noche en que él recibe el premio de Empresario del Año, en lugar de agradecerle, pronuncia el nombre de otra mujer frente a cientos de invitados. Minutos después, le entrega los papeles de divorcio ya firmados. Camila Gallardo, joven, ambiciosa y conectada con una de las familias más poderosas del mundo empresarial, ocupa ahora su lugar.
Sin hogar, sin familia y con la dignidad hecha pedazos, Valentina se niega a hundirse. Con la experiencia que ganó en años de trabajo invisible, consigue un puesto directivo en una de las corporaciones más importantes del país. Poco a poco, la mujer que todos descartaron empieza a brillar con luz propia. Y mientras ella asciende, la vida de quienes la humillaron comienza a desmoronarse: secretos enterrados salen a la luz, alianzas se quiebran y el arrepentimiento llega demasiado tarde.
En medio de su renacimiento, un hombre poderoso que la conoce desde mucho antes de que el mundo le diera la espalda empieza a demostrarle que el amor no siempre tiene que doler. Pero Valentina ha aprendido a desconfiar, y abrirle el corazón a alguien de nuevo es un riesgo que no sabe si está dispuesta a correr, sobre todo cuando las rivales que quieren verla destruida no se han dado por vencidas.
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Episode — 6.
Capítulo 6
Dos días habían pasado.
Valentina dedicó ese tiempo a actualizar su currículum, reorganizar su portafolio y registrar toda la experiencia que había acumulado mientras ayudaba a construir la empresa de Andrés.
No se describió como ama de casa, sino que plasmó lo que realmente había hecho. Gestionar la operación diaria, supervisar el flujo de caja, negociar con proveedores, diseñar estrategias de eficiencia y administrar a más de cien empleados.
Cuando Lorena leyó el documento, no pudo evitar sacudir la cabeza con admiración.
—Si no te conociera, juraría que fuiste directora de operaciones en una gran empresa.
—Solo escribí lo que de verdad hice —Valentina esbozó una sonrisa.
—Ese es justo el problema —Lorena señaló la pantalla de la computadora portátil—. Todo este tiempo, el mundo conoce a Andrés Fuentes como el fundador de la empresa. Pero detrás del escenario estabas tú, haciendo que todo funcionara. ¡Tch! Ese Andrés, ¡traidor desagradecido! Tarde o temprano el karma le va a caer encima y le va a destruir la vida. Igual que él destruyó la tuya, Vale.
Valentina se limitó a suspirar.
Poco después, Lorena pulsó el botón de enviar.
—Listo. Tu currículum ya entró al sistema de la empresa.
—Ojalá haya buenas noticias —Valentina soltó el aire.
Al mismo tiempo.
Torre del Grupo Valverde.
Decenas de expedientes cubrían el escritorio de Santiago. Como director general, no revisaba a todos los candidatos. Sin embargo, para la posición de gerente general, la decisión final recaía en él.
—Señor, estos son los doce mejores candidatos que seleccionó Recursos Humanos —dijo su secretaria.
—Déjelos aquí.
—Sí, señor.
Uno a uno fue abriendo los expedientes y leyendo cada dato con minuciosidad. Hasta que sus manos se detuvieron en un nombre: Valentina Montero. Su mirada se agudizó. Pasó a la siguiente página. Experiencia en gestión operativa, elaboración de informes financieros.
Incluso reestructuración durante una crisis empresarial, con optimización de costos de operación. Santiago lo leyó todo sin saltarse una sola línea.
Transcurrieron unos instantes antes de que cerrara el expediente con calma.
—¿Señor? —la secretaria volvió a asomarse.
—Incluya a Valentina Montero en la lista de candidatos que pasan a entrevista.
—Sí, señor.
—Y asegúrese de que el proceso de selección sea exactamente igual al de los demás candidatos.
—Por supuesto, señor.
Ningún trato especial. Santiago la aprobó por una sola razón: las capacidades de esa mujer lo ameritaban.
Al día siguiente, a las nueve de la mañana, Valentina se presentó en la torre del Grupo Valverde. Vestía un blazer color crema sencillo y pantalón de vestir negro. Llevaba el cabello recogido en un moño pulcro y apenas un toque de maquillaje. Tomó aire antes de cruzar el vestíbulo; aquel edificio era mucho más imponente que la empresa de Andrés.
Empleados iban y venían con paso acelerado. A los pocos minutos, una recepcionista se acercó.
—Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarla?
—Soy Valentina Montero, tengo una cita para entrevista.
—Un momento, por favor.
Mientras la recepcionista verificaba los datos, las puertas del elevador privado se abrieron.
Varios empleados se hicieron a un lado de inmediato.
—Buenos días, señor Valverde.
—Buenos días, señor.
Valentina también giró la cabeza, movida por la curiosidad.
Un hombre alto salió del elevador con paso firme y sosegado. Un traje negro sobrio le envolvía la figura atlética, irradiando autoridad sin necesidad de estridencias. La mirada penetrante y la expresión impasible de su rostro seguían siendo igual de difíciles de descifrar que años atrás. La diferencia era que ahora las líneas de la madurez acentuaban aún más el carisma de Santiago.
Santiago también dirigió la vista hacia la sala de espera; sus ojos se posaron en Valentina un instante. Solo un segundo, y siguió de largo. Su expresión no cambió, como si fueran dos completos desconocidos.
Valentina tampoco lo saludó. Para ella, aquello era un lugar de trabajo, no una reunión de exalumnos.
Sin embargo, cuando Santiago entró al elevador ejecutivo que lo llevaría al piso de dirección, la imagen de Valentina aún le cruzó la mente. Se veía mucho más delgada de lo que recordaba.
Por otro lado, en la casa de los Fuentes.
Ese día, toda la familia extendida se había reunido para celebrar el galardón que recibió Andrés y, de paso, el cumpleaños de Gustavo.
Tíos.
Tías.
Primos.
Todos estaban ahí.
En la sala resonaban las risas.
—Menos mal que Andrés se divorció rápido de Valentina.
—Tantos años de casados y el vientre, vacío.
—¡Desde el principio dije que esa mujer era estéril!
Varios primos de Andrés se unieron a las risas; eran los mismos que en cada reunión familiar no perdían oportunidad de llamar estéril a Valentina. Carmen permanecía callada, cada vez más incómoda con la conversación.
En ese momento, llegó un mensajero.
—Con permiso, traigo un sobre para el señor Andrés Fuentes.
Andrés recibió un sobre con el logotipo de un hospital.
—Ah, deben ser los resultados del chequeo médico de la empresa.
Sin sospecha alguna, lo abrió de inmediato. Varios hojas de resultados de laboratorio cayeron sobre sus manos. Conforme leía, el color fue abandonando su rostro.
—¿Andrés? ¿Qué pasa? —Gustavo frunció el ceño.
Andrés no respondió. Seguía clavado en los resultados. En la sección de conclusiones, la impresión era tajante: El análisis de semen muestra azoospermia no obstructiva: no se detectaron espermatozoides en el eyaculado tras examen microscópico y centrifugación. Esta condición determina infertilidad de factor masculino. Se recomienda evaluación complementaria por un médico especialista en andrología para determinar la causa de la alteración en la espermatogénesis.
Las hojas resbalaron de las manos de Andrés. Gustavo las recogió al vuelo.
Los ojos se le desorbitaron.
—Carmen… lee esto, rápido —la voz le tembló.
Carmen leyó cada línea con el rostro cada vez más lívido; las manos le empezaron a temblar.
—Esto… esto no puede ser…
Una de las tías, picada por la curiosidad, intervino.
—¿Qué resultados son?
Sin esperar respuesta, le arrebató la hoja a Carmen.
Segundos después, la sala enmudeció. Todos los miembros de la familia fueron leyendo el documento por turnos; los rostros se les fueron transformando uno a uno. Las sonrisas y las burlas contra Valentina que antes llenaban la habitación se esfumaron sin dejar rastro.
El primo que más veces la había llamado estéril tragó saliva.
—Tío… entonces eso quiere decir…
La frase quedó a medias.
Todos entendieron el significado de aquellos resultados. Durante siete años, el problema nunca había estado en Valentina. Quien padecía la infertilidad era… Andrés.
Pero esa verdad llegaba cuando Valentina ya no formaba parte de su familia.