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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El nombre PARTE 2

Esa tarde Devan llegó a la oficina con los documentos de la semana y algo en su expresión que Ren ya reconocía como la señal de que había algo además de los documentos.

—¿Qué? —dijo Ren.

—Ricart —dijo Devan, depositando las carpetas con su eficiencia habitual—. Me escribió esta mañana.

—¿Sobre qué?

—Sobre el bebé —dijo Devan—. Me preguntó si habíamos decidido un nombre.

Ren lo miró.

—¿Ricart te preguntó por el nombre del bebé?

—Por mensaje escrito —confirmó Devan—. Con su letra oficial. Como si fuera una comunicación de protocolo.

Ren procesó eso.

«Ricart, que no sabe cómo hacer las cosas de forma no oficial todavía, le preguntó a su hermano por el nombre del bebé con letra de protocolo», pensó. «Eso es lo más Ricart que he escuchado y al mismo tiempo lo más humano.»

—¿Qué le respondiste?

—Que todavía no lo habíamos decidido —dijo Devan—. Y que cuando lo decidiéramos probablemente lo sabría antes de que lo anunciáramos oficialmente.

—¿Por qué?

Devan la miró con esa calma suya.

—Porque —dijo— me pareció lo correcto decírselo.

Ren lo miró durante un momento.

En los ojos verdes de Devan había algo que no era exactamente felicidad pero que se le acercaba — la calidad específica de alguien que está reconstruyendo algo que creía perdido y que descubre, con cada ladrillo, que la estructura todavía sostiene peso.

—Bien —dijo Ren—. Cuando lo decidamos te lo digo primero para que se lo puedas decir a él.

Devan asintió.

Abrió la primera carpeta.

Y la tarde procedió con la normalidad de siempre — documentos, análisis, las preguntas de Devan que siempre llegaban al centro de lo que importaba — con ese hilo adicional de algo que se reparaba despacio, sin declararlo en voz alta, como las flores entre las piedras del jardín que crecían sin que nadie las plantara deliberadamente.

......................

Más tarde, mientras Ren caminaba hacia el jardín interior para el descanso de la tarde que el Doctor Elias había prescrito con la misma firmeza con que prescribía las ocho horas, pasó frente al estudio de Kael.

La puerta estaba entreabierta.

Kael estaba adentro, de espaldas, mirando por la ventana con la postura que tenía cuando procesaba algo que no era trabajo.

Ren se detuvo en el umbral.

No entró todavía.

Solo lo miró — la espalda recta, los hombros con ese peso que había aprendido a leer como distinto al peso de los documentos, las manos detrás de la espalda con los dedos ligeramente tensos.

«Está pensando en el nombre», pensó Ren. «O en el bebé. O en la lista de dieciséis con notas al margen. O en los tres que descartó esta mañana y los trece que no.»

O en todo eso al mismo tiempo, que era también posible porque Kael procesaba en capas simultáneas que ella había aprendido a reconocer aunque no siempre pudiera leerlas completamente.

El bebé se movió.

No sutilmente — con la opinión clara de alguien que lleva semanas desarrollando una personalidad propia dentro de un espacio que se achica con cada semana que pasa.

Kael se giró.

No porque hubiera escuchado a Ren — que no había hecho ningún ruido. Sino con ese reflejo que había desarrollado en las últimas semanas de buscarla cuando estaba presente aunque no hubiera señal audible de ello.

La miró.

Miró el vientre.

—¿Se movió? —dijo.

—Con fuerza —dijo Ren.

Kael cruzó el estudio.

Se detuvo frente a ella — a la distancia que ya no era la distancia de los primeros capítulos ni la distancia calculada de los corredores cuando todavía había protocolo entre ellos. Era la distancia de las personas que han elegido estar cerca y que han dejado de medir esa cercanía.

Puso la mano sobre el vientre con la atención que había aprendido en las últimas semanas — no impulsiva, no apresurada.

El bebé no repitió el movimiento de inmediato.

Eso era también su personalidad, Ren lo había notado — el bebé se movía cuando quería, no necesariamente cuando había audiencia.

—No va a moverse por encargo —dijo Ren.

—Lo sé —dijo Kael. No retiró la mano.

El estudio estuvo en silencio durante un momento.

—Kael —dijo Ren.

—¿Qué.

—El nombre del número doce —dijo Ren—. ¿Cómo lo encontraste?

Kael tardó un momento.

—En los registros del Ducado —dijo—. Los históricos. Hay un Prevail de cuatro generaciones atrás que lo llevó. —Una pausa—. Era el Duque que plantó el cerezo.

Ren lo miró.

«El nombre que termina de forma abierta», pensó. «Lo eligió el hombre que plantó el cerezo.»

El bebé se movió.

Esta vez sí — con la fuerza de siempre, con las opiniones propias de siempre — bajo la mano de Kael, que se tensó levemente con la concentración de quien recibe algo importante y quiere estar seguro de no perderlo.

—Ahí está —dijo Ren.

—Sí —dijo Kael, en voz más baja de lo habitual.

Y en el estudio con la tarde entrando por la ventana y el cerezo afuera y el bebé moviéndose bajo la mano de Kael, algo que no tenía nombre todavía — o que tenía dieciséis nombres en lista con notas al margen y uno guardado por Ren para el momento exacto — existía de todas formas con la solidez de las cosas reales.

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