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Renacer Entre Espinas

Renacer Entre Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Traiciones y engaños / Mujer poderosa
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Itz

"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."

NovelToon tiene autorización de Itz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Invierno

La mañana se sentía inusualmente tranquila.

Una fina lluvia cubría los jardines del Archiducado con un delicado manto plateado. Las gotas resbalaban por los pétalos de las rosas y el aroma de la tierra húmeda se colaba por la ventana entreabierta, envolviendo la habitación en una serenidad casi irreal.

Everly permanecía recostada sobre la cama, con la mirada perdida en el paisaje.

Observaba la lluvia caer.

Y era hermoso.

Hacía mucho tiempo que no encontraba belleza en algo tan simple.

Tres suaves golpes resonaron en la puerta.

—Adelante.

La puerta se abrió con cuidado.

Nana Lía entró con el paso apresurado, aunque una sonrisa serena iluminaba su rostro.

—Mi señorita, es hora de prepararse. Acaba de llegar un mensajero. El señor Archiduque y los jóvenes amos ya vienen de regreso. Debe estar en la entrada para recibirlos.

Everly permaneció en silencio unos segundos.

Aquellas palabras, que en otra vida habrían acelerado su corazón con la esperanza de recibir una sola mirada de aprobación, ya no despertaban nada en ella.

Solo sonrió.

Una sonrisa tranquila.

—Sí, Nana. Enseguida iré... Solo quería disfrutar un poco más de esta mañana.

Nana Lía la observó con atención.

Había algo diferente en su señorita.

Aquella paz no era la de una niña resignada.

Era la de alguien que había dejado de esperar aquello que jamás recibió.

—Entonces no los hagamos esperar demasiado —respondió con cariño.

Everly asintió.

Poco después, dos doncellas entraron para ayudarla a prepararse. El agua tibia alivió la tensión de su cuerpo mientras peinaban cuidadosamente su largo cabello plateado, que caía como un río de plata sobre su espalda.

Frente al espejo, observó su reflejo durante unos segundos.

Ya no apartaba la mirada.

Las cicatrices de su alma seguían allí.

Pero la joven que tenía delante ya no era la misma que había muerto en aquella horca.

Respiró profundamente.

Y salió de la habitación.

Dos horas más tarde, el sonido de los cascos de los caballos rompió la tranquilidad de la mansión.

Tres carruajes adornados con el escudo de la familia Belmonth cruzaron lentamente el enorme portón de hierro.

Los sirvientes se alinearon a ambos lados de la entrada.

Las doncellas inclinaron la cabeza.

Nana Lía permanecía junto a Everly e Iraide.

La pequeña no podía ocultar la emoción.

Se balanceaba sobre las puntas de sus pies, intentando ver antes que nadie quién descendía del carruaje.

El primero se detuvo.

La puerta se abrió.

Un hombre descendió con la elegancia y firmeza de quien había nacido para gobernar.

Su largo cabello blanco descansaba sobre un impecable uniforme negro adornado con discretos bordados plateados.

Sus ojos rojos, fríos como el invierno, recorrieron el lugar con la precisión de un comandante inspeccionando el campo antes de una batalla.

El Archiduque...

Alaric Belmonth había regresado.

Detrás de él descendieron dos jóvenes.

El primero, de porte impecable, cabello plateado corto y expresión severa, irradiaba la misma autoridad que su padre. Kael Belmonth caminaba con seguridad, como el heredero que todos esperaban.

A su lado apareció Eryan.

Su largo cabello plateado caía sobre sus hombros y sus facciones, aunque igual de serias, transmitían una calma difícil de describir.

Sus ojos recorrieron el jardín con curiosidad antes de detenerse brevemente en la figura de Everly.

El silencio se apoderó del lugar.

Alaric avanzó unos pasos.

Su mirada pasó primero por el mayordomo.

Después por los sirvientes.

Se detuvo apenas un instante en Nana Lía.

Finalmente llegó hasta Iraide.

Los rasgos del Archiduque se suavizaron apenas.

Casi imperceptiblemente.

—Has crecido mucho.

La pequeña sonrió con alegría.

—Bienvenido a casa, padre.

Alaric asintió.

Solo entonces levantó la vista hacia Everly.

Sus ojos se encontraron por primera vez desde su regreso.

En otra vida...

Ella habría contenido la respiración.

Habría esperado una sonrisa.

Una palabra.

Un gesto.

Cualquier cosa.

Ahora no.

Everly sostuvo aquella mirada con serenidad.

Sin miedo.

Sin ilusión.

Sin resentimiento.

Solo hizo una impecable reverencia.

—Bienvenido a casa, padre.

El Archiduque la observó durante un instante.

Había escuchado sobre el incidente ocurrido días atrás.

El médico le había informado de sus heridas.

Sabía que había estado al borde de un colapso.

Y, aun así...

No encontró palabras.

Solo inclinó ligeramente la cabeza.

La misma cortesía que habría dedicado a cualquier miembro de su casa.

—Me alegra ver que te has recuperado.

Eso fue todo.

Nada más.

Everly volvió a incorporarse.

—Gracias por su preocupación.

Su voz era tranquila.

Respetuosa.

Pero distante.

Tan distante...

Que, por primera vez, Alaric sintió una extraña incomodidad.

No supo explicar por qué.

Había esperado encontrar a la misma hija silenciosa que siempre buscaba una mirada de aprobación.

En cambio...

La joven que tenía delante parecía haber levantado un muro invisible entre ambos.

No había reproches.

No había tristeza.

Pero tampoco quedaba aquella necesidad desesperada de ser vista.

Y, por alguna razón que no lograba comprender...

Aquello le resultó inquietante.

Mientras tanto, Everly desvió la mirada hacia el cielo.

La lluvia había cesado.

Entre las nubes comenzaban a abrirse pequeños claros por donde la luz del sol se colaba tímidamente.

La tormenta había terminado.

Pero ella sabía...

Que otra mucho más peligrosa acababa de cruzar las puertas del Archiducado.

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