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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

​La mañana nació con una luz inusualmente dorada, como si el cielo mismo hubiera decidido otorgar una tregua a la atribulada mansión Volkov. Ian, por primera vez en semanas, se despertó sin el peso de la fatiga en sus párpados. Sus mejillas tenían un leve rastro de color y sus ojos, antes apagados por los fármacos, buscaban con curiosidad el movimiento de las cortinas.

​Elena entró en la habitación con una bandeja que no contenía viales ni jeringas, sino un tazón de frutas frescas y una idea que sabía que haría temblar los cimientos del protocolo de Liam.

​—Hoy no vamos a estar entre estas cuatro paredes, pequeño guerrero —dijo Elena, guiñándole un ojo—. El sol reclama tu presencia y yo no soy de las que contradicen a la naturaleza.

​—¿Papá me dejará? —preguntó Ian, con esa voz pequeña que siempre buscaba la aprobación del "gran CEO".

​—Papá no tiene opción —respondió ella con una sonrisa traviesa—. Porque hoy, la doctora manda.

​Convencer a Liam fue más fácil de lo que Elena esperaba, quizás porque él todavía cargaba con el peso del arrepentimiento por haber dudado de ella. Sin embargo, cuando Elena le entregó una cesta de mimbre y le indicó que se quitara la corbata, Liam la miró como si le estuviera pidiendo que liquidara una de sus empresas tecnológicas.

​—Elena, tengo tres conferencias con el mercado asiático y un informe de riesgos que...

​—El único riesgo aquí, Liam, es que tu hijo crezca pensando que su padre es un busto de mármol que solo habla por teléfono —lo interrumpió ella, acercándose para desabrocharle, con una familiaridad que le aceleró el pulso, los dos primeros botones de la camisa—. Quítate el traje. Ponte algo que se pueda manchar de hierba. Es una orden médica.

​Diez minutos después, Liam Volkov bajaba las escaleras con unos pantalones de lino y una camisa blanca de mangas remangadas. Se veía más joven, menos imponente, pero extrañamente más accesible.

Elena lo esperaba en el porche con Ian, quien llevaba un sombrero de paja y una sonrisa que Liam no recordaba haber visto en años.

​Caminaron hacia la parte más alejada del jardín, un rincón oculto tras los sauces llorones donde las cámaras de seguridad apenas alcanzaban a ver sombras. Era un santuario de verde y silencio.

​Elena extendió una manta de cuadros sobre el césped. Sacó sándwiches de pollo que Rosa había preparado con un amor casi maternal y limonada fresca. Al principio, Liam se sentó con la espalda recta, como si estuviera en una junta de accionistas, mirando su reloj cada cinco minutos. Pero Elena no se lo puso fácil.

​—¡Liam, atrapa! —gritó ella, lanzándole una pelota de cuero gastada que había encontrado en el desván.

​Liam la atrapó por puro reflejo. Miró la pelota y luego a Ian, que lo observaba con expectación. El CEO suspiró, dejó su teléfono sobre la manta —boca abajo, por primera vez en su vida— y se puso de pie.

​Lo que siguió fue un milagro doméstico. El hombre que movía millones con un chasquido de dedos empezó a correr por el césped, persiguiendo a un niño que reía hasta que le faltaba el aliento. Liam no era un experto jugador, pero ver su figura recortada contra el sol, riendo mientras esquivaba los intentos de Ian por quitarle el balón, hizo que a Elena se le apretara el pecho de una forma que nada tenía que ver con la medicina.

​Era la imagen de lo que podría ser. Una familia. Sin contratos, sin espías, sin el peso del apellido Volkov.

​Elena los observaba desde la manta, sintiendo una calidez que la asustaba. Se dio cuenta de que se había enamorado no del poder de Liam, sino de la grieta que ella misma había abierto en su armadura. Amaba al hombre que se tiraba al suelo para dejar que su hijo le ganara, al hombre que la miraba de reojo con una gratitud que quemaba más que el sol.

​—¡Mira, Elena! ¡Papá es rápido, pero yo soy más! —gritó Ian, lanzándose sobre las piernas de su padre.

​Liam cayó sobre la hierba, arrastrando al niño con él en un abrazo lleno de cosquillas. Sus risas llenaron el aire, rompiendo el hechizo de frialdad que había gobernado esa casa durante tanto tiempo. Liam levantó la vista y sus ojos azules se encontraron con los de Elena. En ese intercambio de miradas, no hubo jerarquías. Hubo un reconocimiento silencioso: se necesitaban.

​Desde la ventana del segundo piso, tras el cristal ahumado de su suite, Sabrina observaba la escena. Sus dedos, con las uñas pintadas de un rojo violento, apretaban el borde del alféizar con tal fuerza que la piedra parecía protestar.

​No sentía amor por Liam, ni afecto por Ian. Lo que sentía era la pérdida del control. Ver a Liam sin traje, jugando como un hombre común, y a esa "doctora de barrio" sentada en su jardín como si fuera la reina del castillo, le provocaba una bilis amarga en la garganta.

​—Crees que has ganado, Ríos —susurró Sabrina, su voz un siseo ponzoñoso—. Crees que puedes entrar en este mundo y quedarte con mi lugar.

​Sabrina se dio cuenta de que su estrategia de "novia preocupada" ya no funcionaría. Liam la miraba ahora con una sospecha que rozaba el desprecio. Su estatus de futura esposa, ese seguro de vida que le daría el poder absoluto sobre la fortuna Volkov, pendía de un hilo de seda que Elena estaba cortando día a día.

​Tomó su teléfono y marcó un número privado.

—Necesito que aceleres el plan. No me importa el costo. Si no puedo ser la dueña de esa casa, me aseguraré de que no quede nada de ella por lo que valga la pena pelear.

​Abajo, ajenos a la sombra que los vigilaba, la tarde caía con una suavidad de ensueño. Liam regresó a la manta, sentándose al lado de Elena mientras Ian se entretenía buscando hormigas entre las raíces de un árbol.

​Liam estaba sudado, tenía briznas de hierba en el cabello y respiraba con dificultad, pero se veía feliz. Se giró hacia Elena y, sin previo aviso, le tomó la mano. No fue un beso, ni un gesto erótico; fue el apretón de alguien que encuentra tierra firme tras un naufragio.

​—Gracias —dijo Liam. Su voz era profunda, vibrante de una emoción que ya no intentaba ocultar—. Por un momento... me olvidé de quién se supone que soy. Me sentí como... como si estuviéramos en casa. En una casa de verdad.

​Elena sintió que sus defensas terminaban de desmoronarse. Se apoyó ligeramente en su hombro, inhalando el olor a sol y a vida que ahora emanaba de él.

—Es que esta es tu casa, Liam. Solo tenías que invitar a entrar a la persona adecuada.

​—Lo sé —susurró él, apretando su mano—. Y no voy a dejar que esa persona se vaya nunca.

​Se quedaron así, viendo cómo el sol se ocultaba tras los sauces. Por un par de horas, la mansión Volkov no fue una cárcel, ni un campo de batalla. Fue el escenario de un amor que empezaba a florecer entre las ruinas de la desconfianza. Pero ambos sabían, en el fondo de sus corazones, que la tormenta final de Sabrina estaba por llegar, y que ese día de familia era solo la calma antes de que todo estallara.

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Melisuga
Es una linda historia.
😍😍😍
Melisuga
¿Está embarazada?
😃
Melisuga
¿El mayordomo también es de apellido Petrov?
😳😳😳
Melisuga
No sé de dónde saca Ian que el olor a limón es malo. 🤔
Melisuga
Espero que Ian esté mencionando a Petrov porque no sabe que fue despedido y no porque Liam lo dejó trabajando con él a pesar de su traición.
Melisuga
¡Bien por Elena!
👏🏼👏🏼👏🏼
Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
Melisuga
¡Calladita te ves más bonita, Sabrina! Estás poniendo más clavos en el ataúd de tu familia con semejante confesión.
Melisuga
¡Qué horror!
😱😱😱
Maritza Suarez
👍
Melisuga
Ya me extrañaba que Liam fuera desfalcado por Sabrina de esa manera tan burda.
Melisuga
¿Liam no tiene también una empresa de ciberseguridad?
Melisuga
¿Pero a Sabrina no se la habían llevado presa del hospital?
Melisuga
O sea, ¿No usaron el quirófano con los monitores manipulados para el engaño? Espero que así haya sido.
Melisuga
Espero que también cambie el quirófano al que llevará a Ian.
Melisuga
Debió mandarle el audio a Liam sin decirle a Sabrina que lo había grabado. 🤷🏻‍♀️
Melisuga
Quiero creer que todo es un montaje de Liam para que Sabrina se confíe. Caso contrario, ¡Que se vaya al mismísimo infierno Liam por estúpido, imbécil, prepotente y soberbio!
🤬🤬🤬
Melisuga
Liam no es más tonto porque no practica. ¿Desde cuándo Elena conoce sus secretos industriales? Pero aún, ¿Cómo es capaz de equiparar la salud de su hijo a sus empresas? Realmente, Elena merece salvar a Ian y luego seguir su vida y encontrar un hombre que la valore y ame sin secretos ni desconfianza. Si al final de la novela se queda con Liam, me entristecerá muchísimo su perdida de dignidad y amor propio.
Melisuga
No pueden salirle mal las cosas a Elena. Es entendible que aparezcan imprevistos en el transoperatorio pero, por favor, estimada escritora, que no pase a mayores.
Melisuga
Espero que revise su maletín antes de salir. Es algo que hace cualquier profesional de la salud cuando va a enfrentarse a cualquier situación: verificar sus herramientas y suministros.
Melisuga
Espero que ocurra algún imprevisto de último minuto que impida que logren llevar a cabo tan maquiavélico plan.
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