En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 15
Los días posteriores al secuestro transcurrieron con una extraña calma. Una calma incómoda.
Ni los soldados imperiales ni los caballeros del ducado habían conseguido encontrar el paradero de Gideón Dorman. Era como si se hubiera desvanecido de la faz del reino.
Aquello no le gustaba nada a Xenia.
Los enemigos visibles eran fáciles de enfrentar. Los que permanecían ocultos eran los verdaderamente peligrosos.
Por esa razón había pasado gran parte de aquellos días encerrada en su laboratorio. Mientras los demás creían que estaba fabricando únicamente las pociones sanadoras solicitadas por el emperador, ella también trabajaba en otros proyectos.
Proyectos mucho más personales.
Sobre una mesa descansaban varios frascos de diferentes colores mientras Xenia tomaba notas apresuradamente en una libreta.
—Si esta mezcla funciona debería provocar una nube de humo irritante durante unos segundos... suficiente para escapar —murmuró mientras agitaba cuidadosamente un pequeño recipiente.
A pocos centímetros había otra poción.
Una que, según sus cálculos, produciría un fuerte ardor temporal en los ojos de cualquiera que la recibiera directamente en el rostro.
No era elegante.
No era refinado.
Pero si alguna vez volvían a secuestrarla, pensaba pelear.
Estaba tan concentrada en sus experimentos que ni siquiera escuchó la puerta abrirse.
—Sabía que te encontraría aquí.
Xenia levantó la vista.
Cordelis observaba el laboratorio con los brazos cruzados y una expresión que anunciaba problemas.
—Madre.
—Llevas encerrada casi una semana.
—He estado trabajando.
—Precisamente.
Xenia tuvo un mal presentimiento.
Cordelis sonrió.
Y aquella sonrisa hizo que la joven sospechara todavía más.
—Vamos a una fiesta de té.
La respuesta fue inmediata.
—No.
—Sí.
—No.
—Ya acepté la invitación.
—Puedes ir sola.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque te estoy llevando conmigo.
Xenia dejó escapar un suspiro cansado.
—Madre...
—No aceptaré excusas.
La duquesa se acercó hasta ella y le acomodó algunos mechones de cabello que habían escapado de su peinado.
—Necesitas salir, respirar aire fresco y recordar que existe un mundo fuera de este laboratorio.
—Mi laboratorio es un lugar perfectamente agradable.
—Para ti sí.
—Eso es lo importante.
Cordelis cerró los ojos.
Por momentos sentía que estaba criando una alquimista anciana atrapada en el cuerpo de una joven noble.
—Partimos en una hora.
—Madre...
—Una hora.
Y salió del laboratorio sin darle oportunidad de seguir protestando.
Xenia observó la puerta cerrada durante varios segundos.
Luego dejó escapar otro suspiro.
Derrotada.
Cuando estuvo lista, encontró a Cordelis esperándola en la entrada principal.
Como siempre, la duquesa lucía impecable. Su elegante vestido azul marino resaltaba su belleza madura, mientras que su cabello dorado caía perfectamente acomodado sobre sus hombros.
—Te ves preciosa —dijo Cordelis.
—Eso es porque tú elegiste el vestido.
—Exactamente.
Xenia decidió no discutir.
El viaje transcurrió sin incidentes. Varios guardias escoltaban el carruaje, una medida que Viktor insistía en mantener desde el secuestro.
Finalmente llegaron al Marquesado Astoria.
La mansión era elegante incluso para los estándares de la nobleza. Grandes jardines decoraban la entrada y fuentes de mármol adornaban los caminos principales.
Una mujer de cabello castaño oscuro los recibió apenas descendieron del carruaje.
—¡Cordelis!
Las dos damas se saludaron afectuosamente.
—Ha pasado demasiado tiempo, Eleanor.
—Lo sé. Ya comenzaba a pensar que te habías olvidado de mí.
Entonces la marquesa dirigió la atención hacia Xenia.
Sus ojos se iluminaron.
—Así que esta es la famosa Xenia Edevane.
Xenia hizo una impecable reverencia.
—Es un placer conocerla, lady Eleanor.
—Ahora entiendo por qué toda la capital habla de ti.
Xenia sintió inmediatamente una punzada de cansancio.
Otra vez.
Todo el mundo parecía empeñado en recordarle que se había vuelto famosa.
—Espero que solo sean exageraciones.
—Oh, querida, definitivamente no lo son.
La sonrisa divertida de la marquesa hizo que Xenia sospechara que aquella tarde sería mucho más complicada de lo que había imaginado.
Y sus sospechas se confirmaron apenas entraron al salón principal.
Varias damas ya se encontraban reunidas alrededor de las mesas de té.
Algunas conversaban.
Otras reían.
Pero prácticamente todas giraron la cabeza al mismo tiempo cuando vieron entrar a Xenia.
Aquella atención repentina hizo que la joven sintiera deseos de regresar corriendo a su laboratorio.
—Mírenla, es ella.
—La hija de los Edevane.
—La que creó las pociones para Su Majestad.
—Es más joven de lo que imaginaba.
Los murmullos comenzaron a extenderse por todo el salón.
Cordelis sonrió orgullosa.
Xenia, en cambio, sintió que le estaba empezando a doler la cabeza.
Y lo peor era que todavía no sabía que, entre todas aquellas damas, había alguien observándola con una expresión muy distinta.
Una joven noble de cabello negro y ojos esmeralda.
Alguien que no parecía impresionada.
Alguien que parecía molesta.
Y cuya mirada permanecía fija sobre Xenia como si acabara de encontrar a una rival.
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