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Me Robaron el Rostro, Pero No Mi Venganza

Me Robaron el Rostro, Pero No Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza / Época / Pareja destinada / Brujas / Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:176.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Liora Valcendra

Serena Bridge lo perdió todo: su rostro, su libertad, diez años de su vida.
Su prima le robó la cara con magia prohibida. Su esposo la encerró en una celda sin luz. Y cuando por fin murió, nadie lloró por ella.
Pero la muerte no fue el final.
Serena despierta en su cuerpo de dieciocho años, el día antes de su boda con el marqués Víctor Flores —el mismo hombre que la traicionará—. Esta vez no será la esposa obediente que agacha la cabeza. Esta vez tiene los recuerdos de una vida entera de sufrimiento… y un plan.
Recuperar su dote. Destruir a Isabella. Escapar del matrimonio que la condenó.
Lo que no esperaba era cruzarse con Alejandro Durán, el Duque de Hielo —un hombre al que toda la corte teme y nadie se atreve a mirar a los ojos—. Frío, letal, implacable. Dicen que no tiene corazón.
Pero cada vez que Serena está en peligro, él aparece.
Y cada vez que ella lo rechaza, él se acerca un paso más.
En una corte donde las alianzas cambian con el viento y la magia oscura acecha en las sombras, Serena descubrirá que la venganza tiene un precio… y que el corazón del Duque de Hielo esconde secretos más peligrosos que cualquier hechizo.

NovelToon tiene autorización de Liora Valcendra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2: La pesadilla de otra vida

La noche cayó sobre la residencia Flores como un manto de terciopelo negro. Ni una sola estrella asomaba entre las nubes espesas que se arrastraban por el cielo.

Serena estaba sentada junto a la ventana de su alcoba, con el cabello todavía húmedo cayéndole sobre los hombros. No se había molestado en secarlo por completo. El agua de la fuente aún le impregnaba la piel con un frío que no tenía nada que ver con la temperatura.

Tenía los ojos fijos en el jardín oscuro, pero no veía las rosas ni los setos recortados. Veía otra cosa. Veía todo.

La puerta se abrió con un crujido suave.

—Señora, le traje sopa de jengibre. —Bianca entró con una bandeja entre las manos. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar, pero su paso era firme—. Tiene que calentarse por dentro, se lo suplico.

Serena tomó el tazón sin apartar la mirada de la oscuridad. El líquido le quemó los labios y le bajó por la garganta como una brasa líquida, pero el escalofrío que le recorría los huesos no cedió ni un poco.

Porque ese frío no venía de la fuente. Venía de diez años de recuerdos que no debería tener.

*Tres años.* Serena apretó el tazón entre los dedos. *Hace tres años me casé con Víctor Flores y creí que era la mujer más afortunada del imperio.*

Las imágenes la asaltaron sin piedad.

Se vio a sí misma con diecisiete años, cruzando el umbral de la residencia Flores envuelta en un vestido de seda blanca bordado con hilos de oro. Su padre, el Conde Edmund Bridge, ministro imperial de primer rango, había negociado la unión durante meses. La familia Bridge le entregó una dote que habría bastado para comprar tres mansiones. Y ella, tonta, ingenua, estúpida, entró sonriendo como si le hubieran regalado el mundo.

La noche de bodas, Víctor no apareció en la alcoba nupcial. Serena lo esperó hasta que las velas se consumieron. Al amanecer, una sirvienta le informó con la mirada baja que el Marqués había dormido en su estudio.

*"Tiene asuntos urgentes que atender, señora. No se lo tome a mal."*

No se lo tomó a mal. No se lo tomó a mal durante semanas, ni durante meses. Víctor no cenaba con ella, no le dirigía más que monosílabos cuando se cruzaban en los pasillos, no la miraba a los ojos. Serena preparaba sus platos favoritos, le bordaba pañuelos, reorganizaba la biblioteca según los gustos de él. Nada. Ni una sonrisa. Ni un gesto.

Y entonces llegó Isabella.

Una noche de tormenta, Serena escuchó golpes en el portón principal. Bajó con una lámpara de aceite y encontró a su prima de rodillas bajo la lluvia, empapada hasta los huesos, temblando como un animal herido.

—Prima, no tengo a dónde ir. —Isabella levantó la cara surcada de lágrimas—. Mi padre murió y los acreedores me echaron de casa. Por favor, déjame quedarme aunque sea en el cuarto de servicio.

Serena la levantó del suelo con sus propias manos. Le dio la mejor habitación de invitados, le compró ropa nueva con su dinero de dote, le asignó dos doncellas personales.

*Qué buena eres, Serena. Qué generosa. Qué imbécil.*

Isabella no perdió el tiempo. Sus movimientos eran los de una cazadora paciente que conoce cada debilidad de su presa.

"Accidentalmente" se cruzaba con Víctor durante sus ejercicios matutinos en el jardín, vestida con blusas que le dejaban los hombros al descubierto. "Casualmente" le llevaba pastelillos al estudio a media tarde, con sonrisas tímidas y mejillas sonrojadas. "Por coincidencia" aparecía en los corredores iluminados por la luna justo cuando él daba sus paseos nocturnos.

Y Víctor, que nunca le había dedicado una sola mirada a su esposa legítima, empezó a sonreír cuando Isabella entraba en la habitación.

Serena los descubrió una tarde en el estudio. La puerta estaba entreabierta. Isabella tenía las manos en el cuello de Víctor y sus bocas estaban unidas en un beso que no dejaba lugar a interpretaciones.

—¡Víctor! —Serena se llevó la mano al pecho como si le hubieran clavado un hierro candente.

Isabella se separó de un salto, cubriéndose la boca con los dedos.

—Serena, yo... no puedo controlarme, perdóname, soy terrible, soy...

Las lágrimas brotaron perfectas, cristalinas, ensayadas. Pero Serena no miró a Isabella. Miró a su esposo. Esperó una disculpa, una explicación, cualquier cosa.

Víctor se acomodó la chaqueta con calma y le devolvió una mirada plana, irritada, como si ella fuera una sirvienta que hubiera entrado sin llamar.

—¿Ya terminaste? Estamos ocupados.

Y Serena, la Serena de antes, la cobarde, la sumisa, agachó la cabeza y se fue. Siguió siendo la esposa perfecta. Siguió usando su dote para pagar las deudas de la residencia Flores. Siguió tragándose cada humillación como si fuera agua.

Hasta aquella noche.

Los truenos sacudían la mansión como puños de un gigante furioso. Serena despertó con la boca seca y la cabeza pesada. Quiso moverse, pero tenía las muñecas y los tobillos atados con cuerdas gruesas. Estaba acostada sobre una superficie de piedra helada.

Levantó la cabeza y el pánico le inundó el cuerpo.

Un círculo de magia negra brillaba bajo ella, trazado con tinta roja que apestaba a sangre y hierbas podridas. Símbolos antiguos pulsaban con una luz enfermiza. Velas negras rodeaban el altar de piedra, y sus llamas se movían en direcciones imposibles, como si el viento soplara desde abajo.

Isabella estaba de pie frente a ella. Pero ya no era la Isabella que lloraba y suplicaba. La máscara de inocencia había desaparecido y en su lugar había una expresión de avidez pura, de hambre animal. Le brillaban los ojos como a un depredador que por fin tiene a su presa inmovilizada.

Y detrás de ella, recargado contra la pared con los brazos cruzados, estaba Víctor.

—¿Qué... qué están haciendo? —La voz de Serena salió rota, irreconocible.

Víctor la miró como quien mira un mueble que ya no necesita.

—¿De verdad creíste que me casé contigo por amor? —Soltó una risa corta, seca, desprovista de todo—. El poder de tu padre, tu dote, las conexiones del Conde Bridge con la corona... eso era todo lo que necesitaba de ti. Tú como persona nunca estuviste en mis consideraciones.

Isabella empezó a cantar.

No era un canto humano. Las palabras le salían de la garganta como serpientes de humo, guturales y oscuras, en un idioma que hacía temblar las paredes. El círculo bajo Serena cobró vida. La luz roja se intensificó hasta volverse blanca, cegadora.

Y entonces el dolor comenzó.

Le arrancaron el rostro. No de golpe, no con un cuchillo. La magia se lo desprendió centímetro a centímetro, como si le estuvieran desollando el alma junto con la piel. Serena gritó hasta que se le desgarró la garganta. Gritó hasta que dejó de tener voz. El dolor era tan absoluto que dejó de ser dolor y se convirtió en otra cosa, algo para lo que no existían palabras.

Cuando terminó, Isabella se pasó las manos por su rostro nuevo. *El rostro de Serena*. Cada línea, cada rasgo, cada lunar. Perfecto. Idéntico.

Desde ese día, Isabella se convirtió en "Serena Bridge." Y la verdadera Serena fue arrojada a una mazmorra húmeda bajo la residencia, sin rostro, sin nombre, sin nada.

Diez años.

Diez años encadenada en la oscuridad, alimentada con sobras, olvidada por el mundo. Mientras tanto, Isabella usó su cara y su apellido para casarse con el Príncipe Heredero y ascender hasta convertirse en Emperatriz del imperio.

En el octavo año, Isabella falsificó pruebas de traición contra la familia Bridge. Sellos imperiales alterados, cartas fabricadas, testigos comprados. El Conde Edmund fue arrestado al amanecer. El juicio duró tres días. La sentencia fue inmediata.

Decapitado en la plaza pública.

Roland, el hermano mayor de Serena, el general que había defendido las fronteras del imperio durante quince años, fue ejecutado junto con sus soldados leales. Sebastián, el juez principal que jamás dictó una sentencia injusta, murió en su celda antes de que lo llevaran al cadalso. Teodoro, el comerciante que alimentaba a medio distrito con sus negocios, desapareció en una fosa común.

Lady Elena, su madre, se arrojó desde la torre más alta de la residencia Bridge antes de que los soldados la alcanzaran.

La familia Bridge fue aniquilada. Borrada. Como si nunca hubiera existido.

El último día de Serena en la mazmorra, Isabella bajó a visitarla. Llevaba túnicas de emperatriz bordadas con águilas imperiales doradas y una corona con gemas del tamaño de ojos humanos. Se agachó frente a los barrotes y le dedicó una sonrisa con el rostro robado.

—Gracias, prima. Por tu cara, por tu familia, por todo lo que era tuyo. Me quedó perfecto, ¿no crees?

Serena reunió lo último que le quedaba de fuerza y escupió las palabras entre los dientes podridos:

—Ojalá te pudras. Ojalá todo lo que robaste te devore desde adentro. En esta vida o en la siguiente, yo misma voy a arrancarte hasta el último trozo de lo que me quitaste.

Murió esa misma noche, con las maldiciones todavía calientes en los labios.

El tazón de sopa de jengibre tembló entre los dedos de Serena. El líquido se derramó sobre su muñeca y la quemadura la trajo de vuelta al presente como un latigazo.

Bajó la mirada hacia sus manos. Eran manos jóvenes, sin cicatrices. Y en la muñeca izquierda brillaba el brazalete de rubíes de la familia Bridge, el que su madre le puso el día de su boda.

*En la otra vida, Isabella me lo quitó junto con todo lo demás.*

Pero ahora estaba ahí. Cálido contra su piel. Real.

—Padre sigue vivo —murmuró Serena. Se le enrojecieron los ojos, pero no cayó ni una sola lágrima—. La familia Bridge sigue en pie. Roland sigue comandando las fronteras. Sebastián sigue en los tribunales. Todavía hay tiempo.

*Todavía hay tiempo.*

Se giró hacia Bianca. La muchacha estaba arrodillada junto a la cama, con los ojos muy abiertos, porque algo en la expresión de su señora le había cambiado de tal forma que apenas la reconocía.

La Serena que miraba a Bianca ya no tenía nada de aquella joven dulce que se disculpaba por existir. Sus ojos eran acero templado al fuego. Cada palabra que pronunció cayó como el filo de una espada sobre piedra.

—Bianca, a partir de hoy, vas a recordar cada cosa que te diga. Isabella no es una huérfana desvalida. Es una serpiente venenosa que está esperando el momento exacto para atacar. Y Víctor Flores... —Apretó el brazalete de rubíes hasta que los bordes se le clavaron en la palma—. Ese hombre no merece ser mi esposo, y mucho menos yerno de la familia Bridge.

Bianca se dejó caer con ambas rodillas al suelo. Las lágrimas le corrían por las mejillas sin control, pero asintió con tanta fuerza que todo el cuerpo le tembló.

—Se lo juro por mi vida, señora. No voy a olvidar ni una sola palabra.

—Bien. —Serena dejó el tazón sobre la mesa y se puso de pie. La sopa derramada le goteaba de los dedos, pero no se limpió—. Porque esta vez no voy a ser la esposa obediente que se traga su propio veneno. Esta vez van a ser ellos los que traguen.

Afuera, la luna desapareció detrás de un banco de nubes negras. El jardín se hundió en una oscuridad total y los rosales se convirtieron en siluetas sin forma, como centinelas de un campo de batalla que aún no comenzaba.

En algún rincón de la arboleda, un ruiseñor soltó un trino largo, agudo, solitario. Sonó exactamente como el primer compás de una marcha de guerra.

1
Refugio Vizcarra
ajá, esa es mi pregunta también.
Roxana Gardilcic
una historia, linda, emocionante , muy bien escrita, me gusta mucho lo descriptiva que es sin ser agobiante. felicitaciones
Rosario Zapata
cabron es poco ese victor es una escoria asquerosa 🤮🤮🤮🤮🤮
Fernanda Perez
gracias
gracias
Rose M
burna interesante. Algo confusa en tiempos y personajes pero muy entretenida
Arantza
Bonita historia, y excelente trama. Solo algunas incongruencias en el desarrollo. Pero por lo demás es excelente.
Pa Tr
no eran 12 años? 🤔
Pa Tr
Ya se tenía que haber ido la tonta al final le hace daño ya verás 🤔
Fernanda Perez
donde vive
quien es Leopoldo
Gris Lopez
ahora si creo que fue hecho con IA...😱 ....ningún autor cambiará hechos tan cruciales en la historia...(que decepcionante....debería haber algún programa para detectar esto y que contenido así no entren a la aplicación )....
Fernanda Perez
no estoy entendiendo varias cosas
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
Espero que tengas un buen plan para no volver a caer ante ese par de desgraciados que te hicieron la vida imposible en tu anterior vida
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
interesante 😸😸😸😸
Maria Cantillo
bonita historia
Maria Cantillo
bueno las cosas van tomando curso
Maria Cantillo
bueno Isabella Victor te vio eres una persona mala el te dió todo lo que le negó a Serena y aún así lo dejaste inválido sin valor dignidad prefiere pagar que morir envenenado y al fin tuvo algo de sentido común firmó algo que se llamaba matrimonio pero solo era una carcel para Serena y para la familia beneficios
Maria Cantillo
gracias por compartir todo esto bendiciones
Lucia Calderón
Historia interesante, con bien léxico ehilp discursivo
Maria Cantillo
tipa que aprendido fue todo lo contrario a los valores y se justifica en que Serena tiene la culpa de nacer en esa familia la envidia es unal terrible
Maria Cantillo
arriba Serena suéltate de ese Victor que condene al tal Leopoldo por las 3000 muertes hagan justicia
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