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El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8: Asesino

No volví a ser el mismo después de aquella misión.

Las noches se convirtieron en mi peor enemigo.

Cada vez que cerraba los ojos volvía a aquella casa.

Volvía a los pasillos.

Volvía a las fotografías familiares.

Volvía a los juguetes.

Y sobre todo...

Volvía a aquel niño.

Siempre era el mismo sueño.

Escuchaba aquellas pequeñas pisadas.

Veía una sombra acercarse.

Y entonces despertaba sobresaltado.

Con el corazón acelerado.

Empapado en sudor.

Temblando.

A veces tardaba varios minutos en recordar dónde estaba.

La mansión.

Siempre la mansión.

Siempre aquellas paredes.

Siempre aquella prisión.

Durante el día intentaba ignorarlo.

Intentaba convencerme de que no importaba.

De que era una misión.

De que había obedecido órdenes.

Pero cuanto más lo repetía...

Menos lo creía.

---

Las semanas pasaron.

Y llegaron más trabajos.

Más órdenes.

Más nombres.

Más objetivos.

Más silencio.

Cada vez que regresaba sentía que algo desaparecía dentro de mí.

Una pequeña parte.

Una pequeña pieza.

Algo que no sabía nombrar.

Pero que estaba muriendo.

Los hombres de la mansión parecían satisfechos.

Los informes eran positivos.

Los resultados perfectos.

Proklyatyy Málchik.

El Niño Maldito.

Mi nuevo nombre.

Mi nueva identidad.

Una herramienta eficiente.

Una herramienta obediente.

Una herramienta útil.

Nada más.

Y precisamente por eso comprendí algo.

Si permanecía allí...

Terminaría convirtiéndome en aquello para siempre.

---

Una noche permanecí sentado junto a la ventana de mi habitación.

La nieve caía lentamente.

Como siempre.

El invierno parecía eterno.

Observé mi reflejo en el cristal.

Cabello blanco.

Ojos grises.

Rostro serio.

Apenas tenía siete años.

Y ya me sentía cansado de vivir.

No cansado físicamente.

Cansado por dentro.

Entonces apareció una pregunta.

Una pregunta que jamás me había atrevido a formular.

"¿Y si me voy?"

La idea parecía absurda.

Ridícula.

Imposible.

Nadie escapaba de aquella mansión.

Nadie.

Pero una vez que la pregunta apareció...

No desapareció.

Al contrario.

Se hizo más fuerte.

Más insistente.

Más peligrosa.

Hasta convertirse en una decisión.

---

Los días siguientes observé todo cuidadosamente.

Guardias.

Horarios.

Rutas.

Puertas.

Ventanas.

Movimientos.

Años de entrenamiento me habían enseñado a analizar cualquier entorno.

Y ahora utilizaría esas habilidades contra quienes me las enseñaron.

Mientras tanto oculté un pequeño cuchillo dentro de la manga de mi suéter.

Era una locura.

Lo sabía.

Pero ya no me importaba.

Porque por primera vez en mi vida tenía algo parecido a una meta propia.

No era impresionar al jefe.

No era obedecer órdenes.

No era convertirme en el mejor.

Era escapar.

---

La oportunidad llegó antes de lo esperado.

Dos hombres aparecieron frente a mi habitación.

—El jefe quiere verte.

Mi corazón se detuvo durante un segundo.

Luego continué caminando.

Sin protestar.

Sin preguntar.

Sin mostrar emoción.

Como siempre.

Pero por dentro algo había cambiado.

Aquella vez no iba a buscar respuestas.

Aquella vez no iba a buscar aprobación.

Aquella vez iba a terminar algo.

---

Los pasillos parecían más largos que nunca.

El sonido de nuestros pasos resonaba sobre el mármol.

La nieve golpeaba las ventanas.

Todo parecía extrañamente tranquilo.

Como si la propia mansión ignorara lo que estaba a punto de ocurrir.

Finalmente llegamos.

La enorme puerta negra volvió a aparecer frente a mí.

La misma puerta.

La misma oficina.

El mismo hombre.

Entré.

Los guardias permanecieron afuera.

Y allí estaba él.

Sentado detrás del escritorio.

Observándome.

Como siempre.

Con aquellos ojos vacíos.

Con aquella mirada que parecía contener un infierno entero.

Durante unos segundos ninguno habló.

El silencio dominó la habitación.

Finalmente fui yo quien rompió el silencio.

—Quiero disculparme.

Mi voz sonó tranquila.

Incluso para mí resultó sorprendente.

—Por la última vez.

El hombre permaneció inmóvil.

Observándome.

Analizándome.

Luego asintió ligeramente.

—Acepto tus disculpas.

Nada más.

Ni afecto.

Ni emoción.

Ni interés.

Como siempre.

---

Entonces ocurrió algo inesperado.

Se levantó.

Por primera vez desde que entré en la habitación.

Comenzó a caminar hacia mí.

Lentamente.

Sin prisa.

Seguro de sí mismo.

Seguro de todo.

Como alguien que jamás había imaginado la posibilidad de fracasar.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

No por miedo.

Por decisión.

Porque sabía que aquella era mi única oportunidad.

La única.

El hombre se detuvo frente a mí.

Lo suficientemente cerca.

Lo suficientemente cerca.

Y entonces actué.

---

Todo ocurrió en un instante.

Mi mano se movió sola.

Rápida.

Precisa.

Años de entrenamiento concentrados en un único movimiento.

El cuchillo abandonó mi manga.

Y el tiempo pareció detenerse.

Vi sorpresa por primera vez en aquellos ojos.

Una sorpresa mínima.

Casi imperceptible.

Pero estaba allí.

El hombre retrocedió.

Perdió el equilibrio.

Y ambos terminamos cayendo.

El impacto resonó por toda la habitación.

Durante un segundo permanecimos inmóviles.

Cara a cara.

Padre e hijo.

Por última vez.

---

Lo observé.

Y él me observó.

No había odio.

No había rabia.

No había amor.

Solo silencio.

Un silencio extraño.

Como si los dos comprendiéramos que habíamos llegado al final de algo.

Toda mi vida había girado alrededor de aquel hombre.

Toda.

Y ahora...

Ahora ya no sabía qué sentir.

Porque la rabia que me había acompañado durante años parecía haberse apagado.

Dejando únicamente vacío.

---

Entonces escuché pasos.

Los guardias.

La puerta se abrió violentamente.

Gritos.

Órdenes.

Confusión.

La realidad regresó de golpe.

Me puse de pie inmediatamente.

No podía quedarme.

No podía dudar.

No podía mirar atrás.

Corrí.

---

La ventana estaba abierta.

Sin pensarlo.

Salté.

El aire helado golpeó mi rostro.

El mundo desapareció durante unos segundos.

Luego llegó el impacto.

La nieve amortiguó parte de la caída.

Pero el dolor atravesó todo mi cuerpo.

Apreté los dientes.

Me levanté.

Y corrí.

---

Corrí como nunca antes.

Atravesé patios.

Jardines.

Muros.

Campos cubiertos de nieve.

Detrás de mí resonaban voces.

Órdenes.

Persecución.

Pero no miré atrás.

Ni una sola vez.

Porque sabía que si lo hacía...

Tal vez me detendría.

Y ya había pasado demasiados años detenido.

---

La tormenta comenzó a intensificarse.

La nieve golpeaba mis ojos.

Mis piernas ardían.

Mis pulmones dolían.

Pero seguí avanzando.

Un paso.

Otro.

Otro más.

Sin dirección.

Sin plan.

Sin destino.

Por primera vez en toda mi vida era libre.

Y aquello resultaba aterrador.

Porque la libertad significaba algo que nunca había tenido.

La posibilidad de elegir.

---

Finalmente tropecé.

Mis piernas cedieron.

Caí sobre la nieve.

El frío atravesó mi ropa.

Permanecí inmóvil durante varios segundos.

Respirando con dificultad.

Observando el cielo gris.

Escuchando el viento.

Podía levantarme.

Podía seguir corriendo.

Pero durante aquel instante simplemente permanecí allí.

Solo.

Completamente solo.

Sin la mansión.

Sin órdenes.

Sin entrenamientos.

Sin cadenas.

Y mientras la nieve comenzaba a cubrir lentamente mi cabello blanco, comprendí algo.

No sabía quién era.

No sabía a dónde iba.

No sabía qué haría mañana.

Pero por primera vez desde el día en que nací...

Mi vida me pertenecía.

Y aunque el mundo entero quisiera perseguirme...

Aunque el invierno quisiera devorarme...

Aunque los fantasmas de mi pasado jamás dejaran de seguirme...

No volvería a mirar atrás.

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