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Mi CEO Secreto: Cariño, No Me Hagas Llorar

Mi CEO Secreto: Cariño, No Me Hagas Llorar

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor prohibido / Completas
Popularitas:11.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MarOculto

Yael Yúnez tiene veinte años, cabello plateado, y un secreto que lo mantiene caminando en la cuerda floja: a los dieciocho se casó con su "hermano mayor", León Luján — el heredero que abandonó una fortuna familiar para estar con él.

Ahora León es el CEO de LX Capital, la firma de inversiones más temida de Ciudad del Valle. También es el nuevo patrono de UniValle, la universidad donde Yael estudia artes. Nadie sabe que el empresario de mirada glacial llega cada noche a casa a cocinarle pasta a un chico de pelo plateado que le pone apodos ridículos en WhatsApp.

Pero los secretos no duran para siempre.

Cuando una foto se viraliza, cuando los empleados de LX empiezan a murmurar sobre "la pareja del jefe", y cuando un hombre del pasado de León aparece con una obsesión peligrosa por Yael... el matrimonio oculto empieza a resquebrajarse.

Gonzalo Luján — hermanastro de León, vicepresidente del imperio que León rechazó — lleva años observando a Yael en silencio. Y ahora está decidido a tomar todo lo que León tiene: su empresa, su posición... y su esposo.

"Quiero que te divorcies de él."

"Señor Luján, la clínica psiquiátrica queda a dos cuadras. Todavía hay camas disponibles."

En medio del caos, Yael descubrirá la verdad que León siempre le ocultó: por qué se fue dos años, por qué nunca volvió a su familia, y qué fue exactamente lo que sacrificó — todo por un chico que ni siquiera sabía lo amado que era.

Contenido:
🔥 CEO posesivo que se derrite solo por su esposo
💍 Matrimonio secreto (¡ya están casados desde el capítulo 1!)
😭 "Te hago llorar pero después te consiento"
⚡ Villano obsesivo + drama familiar + plot twists
💕 Tres parejas, todas adorables
🌶️ Escenas subidas de tono (con mucho amor)

NovelToon tiene autorización de MarOculto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14

Bajo la mesa

—Entonces siéntate a mi lado.

Luca miró la silla junto a Héctor como si fuera una trampa con dientes.

Yael, que caminaba detrás de León, tuvo que morderse la lengua para no reírse. Doña Lidia ya había servido crema de elote, pollo en salsa de chile poblano, arroz blanco y tortillas recién calentadas. La mesa olía a casa, a mantequilla, a cilantro y a desastre romántico en proceso.

—Luca —dijo León, ocupando la cabecera—, siéntate. La comida se enfría.

—Sí, hermano.

Luca se sentó.

Al lado de Héctor.

La victoria silenciosa de Héctor fue tan pequeña que León no la vio. Yael sí. También vio cómo Luca acomodó la servilleta sobre las piernas con demasiada atención, como si la tela pudiera salvarlo de sentir la cercanía del hombre sentado a su derecha.

—¿Quieres agua? —preguntó Héctor.

—Tengo.

—Tu vaso está vacío.

—Es agua conceptual.

Héctor tomó la jarra y le sirvió.

—Prefiero la real.

Luca se quedó mirando el vaso llenarse.

—Gracias.

—De nada.

León, completamente ajeno a la tensión, le puso a Yael un plato con más pollo del que había pedido.

—Come.

—Me serviste como si estuviera entrenando para una competencia.

—Hoy casi no almorzaste.

—¿Quién te dijo?

León no respondió.

Yael giró hacia Simón por instinto, aunque Simón no estaba en la mesa. Luego miró a Luca.

Luca levantó ambas manos.

—Yo estaba ocupado sobreviviendo a mi propia vida.

Héctor tomó un sorbo de agua.

—¿Tan grave fue?

—No —dijo Luca.

—Sí —dijo Yael al mismo tiempo.

León miró a Yael.

—¿Pasó algo?

—Nada que requiera tu modo director —dijo Yael rápido.

—Entonces sí pasó algo.

—La foto todavía no salió. Eso es lo importante.

Héctor dejó el vaso sobre la mesa.

—¿Qué foto?

Yael se congeló.

León cortó un trozo de pollo con calma.

—Una estudiante tomó una foto durante la presentación del patronato.

—De ti —dijo Héctor.

—De nosotros —murmuró Yael, y luego se arrepintió.

Héctor levantó apenas una ceja.

Luca abrió mucho los ojos.

León le puso el trozo de pollo en el plato a Yael como si nada.

—No muestra nada comprometedor.

—Muestra tu cara de esposo —dijo Yael.

—No existe tal cara.

Doña Lidia, que entraba con más tortillas, tosió.

Yael la señaló.

—¡Hasta Doña Lidia lo sabe!

—Yo no dije nada, mi niño.

—Su tos tuvo opinión.

Héctor miró a León con una serenidad demasiado cómoda.

—Me sorprende que hayas tardado tanto en causar un rumor universitario.

—No causé nada.

—Te conozco.

León lo miró.

—No empieces.

—No he empezado.

Yael alternó la mirada entre ambos. Había algo extraño en ver a León con alguien que podía provocarlo sin miedo. Hugo lo hacía, claro, pero Hugo era familia por caos. Héctor lo hacía con una calma quirúrgica, como si supiera exactamente qué nervio tocar y cuándo retirar la mano.

Luca también lo miraba.

Demasiado.

Yael bajó la vista justo a tiempo para ver el pie de Héctor moverse bajo la mesa.

No fue un golpe.

Fue un roce.

La punta del zapato de Héctor tocó el tobillo de Luca, lento, deliberado, apenas un segundo. Luca se quedó completamente rígido. La cuchara le tembló entre los dedos y chocó contra el plato con un sonido pequeño.

León levantó la vista.

—¿Ahora qué rompiste?

—Nada —dijo Luca, demasiado agudo.

Héctor siguió comiendo con una tranquilidad insultante.

Yael tapó su sonrisa con el vaso.

—Está nervioso porque la crema está muy caliente —dijo.

Luca lo fulminó con la mirada.

—Sí. La crema. Terrible. Quemaduras emocionales.

—Sopla —dijo Héctor.

La mesa quedó en silencio.

Yael casi se ahoga con el agua.

León, inexplicablemente, no entendió nada.

—La comida está a buena temperatura.

—Claro —dijo Yael, con la voz rota por contener la risa—. Temperatura familiar.

Doña Lidia decidió retirarse antes de verse obligada a declarar como testigo.

La cena continuó con una normalidad falsa. León habló con Héctor sobre una fundación médica que buscaba inversión; Héctor respondió con datos y un par de críticas tan precisas que León terminó pidiendo que le enviara un informe. Yael comió porque León lo vigilaba. Luca comió porque Héctor le ponía comida en el plato cada vez que intentaba fingir que estaba lleno.

—No necesito más arroz —susurró Luca.

—Casi no comiste.

—¿Tú también?

Héctor lo miró.

—¿Yo también qué?

—Nada.

El pie volvió.

Esta vez, Héctor no rozó el tobillo. Apoyó la punta del zapato junto al de Luca, sin tocarlo del todo. La distancia era mínima, una provocación hecha de aire. Luca bajó la mirada y la subió de inmediato, rojo hasta las orejas.

Yael sintió que estaba viendo una serie gratis en primera fila.

León seguía sin sospechar.

Peor: le sirvió más agua a Yael y le limpió una gota de salsa del pulgar con la servilleta.

—Tú tampoco te burles —murmuró Yael.

—¿De qué?

—Nada, amor.

Héctor oyó el "amor". Sus ojos se movieron apenas hacia León y Yael. No hizo pregunta. No sonrió. Solo entendió.

Yael se preguntó cuántas cosas veía ese hombre sin que nadie se las explicara.

Para comprobar si León vivía en el mismo comedor que los demás, Yael se inclinó hacia él.

—¿Notas algo raro?

León miró su plato.

—Te falta comer verduras.

—No hablo de mí.

—Entonces no.

Yael lo miró con la decepción de quien acaba de descubrir una falla grave en un producto caro.

—Eres increíble.

—Gracias.

—No era cumplido.

León le puso dos tiras de calabacita en el plato.

—Igual come.

Yael tomó una con el tenedor, pero señaló discretamente a Luca, que estaba partiendo un trozo de pollo en pedazos microscópicos mientras Héctor le preguntaba algo sobre sus clases.

—Mira.

León miró.

Luca dijo:

—Sistemas es una carrera estable. Uno aprende a sufrir con estructura.

Héctor respondió:

—Eso explica muchas cosas.

Luca casi dejó caer el cuchillo.

León volvió a su plato.

—Está igual que siempre.

Yael se quedó sin palabras.

No porque León fuera tonto. León no era tonto. Ese era el problema. Podía oler la colonia de Quique a dos metros, detectar si Yael había comido solo por el tono de sus mensajes y descubrir riesgos empresariales enterrados en contratos de cuarenta páginas. Pero su hermano menor podía ponerse rojo frente a un cirujano guapísimo y León lo clasificaba como "igual que siempre".

—Tu radar está defectuoso —murmuró Yael.

—Mi radar funciona contigo.

—Eso no es argumento.

León le rozó la rodilla bajo la mesa, tranquilo.

—Para mí sí.

Yael decidió que discutir con ese hombre era una pérdida de recursos nacionales.

Al terminar la cena, Doña Lidia sirvió flan. Luca intentó levantarse para ayudar a recoger platos, una estrategia transparente para escapar.

—Siéntate —dijo León.

—Quiero ser útil.

—Eres más útil no rompiendo vajilla.

Héctor dejó la cuchara.

—Yo puedo ayudar.

—Tú eres visita —dijo León.

—Entonces Luca puede enseñarme dónde dejar esto.

Luca se quedó con el plato en la mano.

Yael sintió que el universo le acababa de entregar el siguiente capítulo.

Héctor se levantó primero. Al pasar junto a Luca, inclinó la cabeza lo justo para hablarle cerca del oído.

—Cuidado con la mesa esta vez.

Luca apretó el plato.

La punta del zapato de Héctor rozó su pie una última vez.

Luca soltó la cuchara.

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