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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Ya me tenían hostigada

Desde que cumplí quince años parecía que mis amigas tenían una sola misión en la vida: conseguirme novio.

No importaba si estábamos en el colegio, en el descanso, haciendo tareas o caminando por el centro de Armenia. Siempre terminábamos hablando de lo mismo.

Y la verdad ya me tenían completamente hostigada.

Todo comenzó cuando Mariana consiguió novio. Un muchacho de once grado que estudiaba en nuestro mismo colegio. Al principio era el único caso, así que nadie decía nada.

Pero unos meses después Valentina también consiguió novio.

Y para completar, Sofía apareció una semana más tarde diciendo que también estaba saliendo con alguien.

Desde ese momento yo quedé como la única del grupo que estaba soltera.

Y ellas jamás me dejaron olvidarlo.

Aquella mañana llegué al colegio como cualquier otro día.

Cuando entré al salón encontré a las tres sentadas hablando.

—Buenos días —saludé.

—Buenos días, solterona —respondió Mariana.

—Ay no, empezaron.

Valentina se rio.

—¿Y entonces cuándo nos va a presentar novio?

—Nunca.

—¿Nunca?

—Nunca.

Sofía negó con la cabeza.

—Esta muchacha sí es imposible.

—¿Por qué?

—Porque tiene quince años y no quiere novio.

—¿Y qué tiene?

—Mucho.

—Nada.

Las tres comenzaron a reírse.

Yo ya estaba acostumbrada.

Todos los días era exactamente lo mismo.

Nos sentamos a esperar que llegara el profesor de matemáticas.

Mientras tanto ellas continuaron con el tema.

—Lilibeth, en serio.

—¿Qué?

—Consígase uno.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque no quiero.

—Siempre responde igual.

—Porque siempre preguntan lo mismo.

Valentina me miró.

—¿Nunca le gusta nadie?

—Claro que sí.

—¿Y entonces?

—Nada.

—¿Cómo que nada?

—Nada.

—No le creo.

—Pues créame.

La profesora llegó y por fin pude descansar del interrogatorio.

Pero la tranquilidad solamente duró hasta el descanso.

Apenas sonó el timbre, volvieron a la carga.

Estábamos sentadas cerca de la cafetería cuando Mariana señaló a una pareja.

—Mire qué lindos.

—Sí.

—¿No le dan ganas?

—No.

—Mentira.

—De verdad no.

—¿Entonces qué quiere?

—Terminar mis estudios.

Las tres se quedaron mirándome.

—Qué aburrida.

—No soy aburrida.

—Un poquito sí.

—No.

—Sí.

Yo me reí.

—Escúchenme bien.

—A ver.

—No quiero enamorado.

—¿Por qué?

—Porque quiero terminar mis estudios primero.

Valentina hizo una cara exagerada.

—Ay no.

—¿Qué?

—Parece una señora de cuarenta años hablando.

—Pues será.

Sofía soltó una carcajada.

—Lilibeth siempre sale con el mismo discurso.

—Porque es verdad.

—¿Y si aparece alguien especial?

—No estoy buscando a nadie.

—Eso dicen todas.

—Yo sí lo digo en serio.

La conversación siguió durante varios minutos.

Al final terminamos hablando de otras cosas.

O al menos eso pensé.

Porque durante la clase de español me llegó una nota doblada.

La abrí.

Decía:

"¿Ya consiguió novio?"

Levanté la mirada.

Mariana estaba riéndose.

Yo simplemente negué con la cabeza.

Definitivamente no tenían remedio.

Cuando terminó la jornada escolar caminamos juntas hacia la salida.

Y adivinen qué.

Volvieron a empezar.

—Lilibeth.

—No.

—Pero ni siquiera he preguntado.

—Ya sé qué va a preguntar.

—¿Qué?

—Que cuándo voy a conseguir novio.

Las tres comenzaron a reírse.

—Ya la conocemos mucho.

—Y yo a ustedes.

Llegamos a una esquina donde debíamos separarnos.

Antes de irse, Sofía me señaló.

—Piénselo.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Parecíamos niñas pequeñas discutiendo.

Cuando finalmente llegué a mi casa sentí un enorme alivio.

Pensé que por fin tendría paz.

Pero estaba equivocada.

Mi hermano Samuel estaba sentado en la sala.

—Hola.

—Hola.

—¿Qué hizo hoy?

—Clases.

—¿Y novio?

—¡Samuel!

—¿Qué?

—Usted también.

—Solo preguntaba.

Yo me dejé caer sobre el sofá.

—No entiendo qué obsesión tiene todo el mundo con eso.

—Porque ya está grande.

—Tengo quince años.

—Por eso.

—Precisamente por eso.

Mi mamá escuchó la conversación desde la cocina.

—Déjela tranquila.

—Gracias, mamá.

—Tiene tiempo para eso.

—¿Ve?

Samuel se encogió de hombros.

—Bueno.

Aquella noche me acosté pensando en todo eso.

La verdad no tenía nada en contra del amor.

Tampoco criticaba a mis amigas por tener novio.

Si ellas eran felices así, me parecía perfecto.

Pero yo simplemente no sentía la necesidad de tener una relación.

Tenía otras prioridades.

Quería terminar el colegio.

Graduarme.

Estudiar una carrera.

Ayudar a mis padres.

Cumplir mis sueños.

No quería distraerme.

Y mucho menos sentirme obligada a conseguir novio solamente porque todas mis amigas tenían uno.

Al día siguiente la historia volvió a repetirse.

Y al siguiente también.

Y al siguiente.

Parecía que Mariana, Valentina y Sofía jamás iban a rendirse.

Pero yo tampoco.

Siempre les respondía exactamente lo mismo.

—No quiero enamorado todavía.

—Quiero terminar mis estudios.

Y aunque ellas se reían y me molestaban todos los días, yo estaba completamente segura de mi decisión.

Lo que ninguna de nosotras sabía era que la vida tiene una manera muy curiosa de sorprender a las personas.

Porque mientras yo repetía una y otra vez que no quería enamorarme, el destino comenzaba a mover piezas que cambiarían muchas cosas.

Y sin imaginarlo, una simple conversación estaba cada vez más cerca de aparecer en mi vida.

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Kayra Villavicencio
Y el papá
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