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Quedé embarazada de mi abogado de divorcio

Quedé embarazada de mi abogado de divorcio

Status: En proceso
Popularitas:759
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Valentina Solano despierta en un hospital después de perder a su bebé y descubre una verdad devastadora: su esposo y su suegra provocaron el accidente para quedarse con su dinero y su empresa.
Decidida a destruirlos antes de que ellos terminen de destruirla, busca a Sebastián Montero, el abogado de divorcios más temido de la Ciudad de México. Frío, brillante y acostumbrado a no perder jamás, Sebastián debería ser solamente su defensor. Pero entre audiencias, amenazas y secretos, la atracción rompe todas las reglas… y una sola noche cambia sus vidas para siempre.
Tres años después, Valentina regresa convertida en una mujer independiente, con una marca propia y un niño llamado Emilio que tiene los ojos de Sebastián.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su poderosa familia, a sus enemigos y hasta a la propia Valentina para recuperar el tiempo perdido. Porque Sebastián Montero puede ganar cualquier juicio, pero conquistar a la mujer que todavía ama será el caso más difícil de su vida.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Cap 6 — La denuncia falsa

El oficial le enseñó la placa antes de que Valentina terminara de abrir la puerta.

—¿Valentina Solano?

—Sí.

—Existe una denuncia en su contra por malversación de fondos de la empresa Reyes & Asociados. Necesitamos que nos acompañe a la delegación para rendir declaración.

Valentina se quedó mirando al oficial con la mano todavía en el picaporte.

Detrás de ella, Doña Carmen asomó la cabeza desde la cocina, con un trapo en las manos y los ojos muy abiertos.

—¿Malversación? —Doña Carmen se acercó a la puerta—. Mi hija no ha robado nada en su vida. ¿Quién los mandó?

—Mamá, tranquila. —Valentina tomó su bolsa del perchero—. Es una denuncia, no una condena. Voy a ir, voy a declarar y voy a volver.

Doña Carmen le agarró el brazo.

—No vayas sola.

—No voy sola.

Sacó el celular y le mandó un mensaje a Sebastián: tres palabras, sin puntuación, sin cortesía.

Me están llevando.

La respuesta llegó antes de que subiera a la patrulla:

No digas nada hasta que yo llegue.

La delegación olía a piso mojado y a café quemado.

Valentina esperó en una sala con paredes verde pálido y una mesa de metal con marcas de cigarrillo. Un ventilador de techo giraba sin convicción sobre su cabeza.

Habían pasado cuarenta minutos cuando la puerta se abrió.

Sebastián Montero entró como si el edificio le perteneciera. Traía un portafolio de cuero en una mano y una expresión que Valentina nunca le había visto: no era la frialdad habitual, sino algo más afilado. Más tenso.

Parecía furioso, pero la furia estaba contenida debajo de la superficie. Como agua hirviendo en una olla con la tapa puesta.

—¿Le tomaron declaración? —le preguntó al oficial que estaba en la puerta.

—Todavía no, Licenciado. La estábamos esperando.

—Bien. —Se sentó junto a Valentina y abrió el portafolio—. Señora Solano, a partir de este momento no responda ninguna pregunta sin mi aprobación. ¿Entendido?

Valentina asintió.

Algo en su tono —la autoridad absoluta, la certeza de que sabía exactamente lo que estaba haciendo— le aflojó el nudo que tenía en el estómago desde que vio la placa del oficial.

—¿Qué tan grave es esto? —murmuró.

Sebastián la miró de reojo.

—Confía en mí, esto lo vamos a ganar.

Lo dijo sin sonreír, sin tocarle la mano, sin ningún gesto de consuelo. Pero la forma en que usó el confía en mí —directa, sin adornos, como una promesa que no necesitaba explicación— fue suficiente.

La declaración duró una hora.

Valentina respondió lo que Sebastián le indicó, en el orden que él marcó, con las palabras que él aprobó con un asentimiento casi imperceptible.

Cada vez que el oficial intentaba reformular una pregunta para conducirla hacia una admisión, Sebastián intervenía antes de que Valentina pudiera caer en la trampa.

«Mi representada ya respondió eso».

«La pregunta asume hechos no probados».

«Reformule sin implicaciones, oficial».

Era como ver a alguien jugar ajedrez mientras el contrincante todavía estaba aprendiendo a mover las piezas.

Al salir de la delegación, Sebastián tramitó la fianza en menos de veinte minutos. Valentina firmó los papeles con manos que todavía le temblaban ligeramente, aunque ya no de miedo sino de algo que se parecía a la indignación.

Afuera, el aire caliente de la tarde le golpeó la cara.

Sebastián caminaba a su lado con pasos largos, el portafolio bajo el brazo, la mandíbula apretada.

—La audiencia será en dos semanas —le dijo sin mirarla—. Martín contrató a Camila Vargas como su abogada. Eso nos conviene.

—¿Nos conviene que mi exmarido use a su amante como abogada?

—Nos conviene que use a una abogada incompetente. Vargas es litigante corporativa, no penalista. Va a cometer errores.

Hizo una pausa.

—Y yo voy a estar ahí para cada uno de ellos.

El juzgado tercero penal estaba lleno.

Valentina se sentó en la banca de la defensa con las manos cruzadas sobre la falda y la espalda recta. Sebastián estaba a su lado, con el expediente abierto y tres carpetas de pruebas ordenadas sobre la mesa.

No se habían mirado desde que entraron a la sala. Pero Valentina podía sentir su presencia como se siente el calor de una pared que ha estado al sol todo el día.

Enfrente, Martín Reyes ocupaba la banca del acusador con expresión de mártir agraviado. Camila Vargas estaba de pie junto a él, con un traje sastre blanco que parecía elegido más para impresionar que para litigar.

El juez entró. Todos se pusieron de pie.

—Audiencia oral en el caso Reyes contra Solano. Proceda la parte acusadora.

Camila se acercó al estrado con pasos medidos.

—Señor juez, mi representado, el señor Martín Reyes, denuncia que la señora Valentina Solano, durante su tiempo como empleada del departamento de contabilidad de Empresas Reyes, malversó fondos de la empresa en al menos tres ocasiones documentadas. Presento como prueba los registros contables de las fechas doce de mayo, dieciocho de junio y dos de julio, donde se evidencian retiros no autorizados firmados por la acusada.

Dejó tres hojas sobre la mesa del juez.

—Señora Solano —se volvió hacia Valentina—, ¿niega usted haber realizado estos retiros?

Valentina miró a Sebastián. Él asintió.

—Los niego.

—Sin embargo, su firma aparece en estos documentos. ¿Cómo explica eso?

Sebastián se puso de pie.

El movimiento fue lento, deliberado, como el de alguien que sabe que tiene todo el tiempo del mundo. Porque la verdad no tiene prisa.

—Señor juez, solicito la palabra.

—Proceda, Licenciado Montero.

—Gracias.

Abrió la primera carpeta.

—La parte acusadora presenta tres registros de retiros supuestamente firmados por mi representada. Sin embargo, en las tres fechas mencionadas —doce de mayo, dieciocho de junio y dos de julio— mi representada no se encontraba en las instalaciones de la empresa.

Levantó el primer comprobante.

—El doce de mayo asistió a una consulta médica de seguimiento posoperatorio en el Hospital Central. Aquí está el comprobante firmado por el médico tratante.

Segundo comprobante.

—El dieciocho de junio estaba en el registro civil tramitando documentación personal. Aquí está el sello de recepción.

Tercer comprobante.

—Y el dos de julio se encontraba en este mismo juzgado presentando la demanda de divorcio, lo cual consta en el acta de radicación que obra en los archivos de esta institución.

Dejó los tres comprobantes sobre la mesa del juez, uno al lado del otro, con la precisión de quien tiende cartas ganadoras.

—Las firmas que aparecen en los documentos de la parte acusadora son falsificaciones. Si el tribunal lo estima necesario, solicito un peritaje caligráfico que lo confirmará.

El juez revisó los comprobantes en silencio.

Camila Vargas se había quedado de pie junto al estrado, con las manos apretadas contra los costados y una mancha roja subiéndole por el cuello.

—Licenciado Montero —dijo el juez—, ¿la defensa tiene más pruebas que presentar?

Sebastián miró a Valentina. Solo un segundo.

Un destello brevísimo en esos ojos oscuros que podía haber sido cualquier cosa —determinación, advertencia, algo más— y luego volvió a mirar al juez.

—Sí, señor juez. Y lo que voy a presentar a continuación cambia por completo la naturaleza de este caso.

Puso la mano sobre la segunda carpeta. La más gruesa. La que Valentina había llenado noche tras noche en la oficina de Rogelio, con las manos temblando y el corazón en la garganta.

El juez asintió.

—Proceda.

Sebastián abrió la carpeta.

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Vergara M. Carmen
quien es??? será el papá de Sebastián
Vergara M. Carmen
😂😂
Vergara M. Carmen
no puedo parar de leer 🔥🔥
Vergara M. Carmen
me perdí?? no entendí, no fue Sebastián quien los presento
que le consiguió ese trabajo?
Vergara M. Carmen
como, acaso no fue ella q le dijo de la invitación?
Vergara M. Carmen
claro, tenía q ser una amiga alocada😂
Vergara M. Carmen
ay Valentina!!!
Vergara M. Carmen
está muy buena está novela☺️
Vergara M. Carmen
que?? comooo🔥🔥🔥
Vergara M. Carmen
😂😂😂🔥🔥
Vergara M. Carmen
bien🔥🔥🔥
Vergara M. Carmen
que gente más despreciable, ya les llegará el karma
Vergara M. Carmen
uyyy pero🤬🤬🤬
Vergara M. Carmen
primer capítulo: atrapador, me gusta☺️
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