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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El fin de las sombras

La pistola de Esteban Navarro permanecía apuntando directamente hacia Gabriel Torres y Sofía Navarro.

Las alarmas seguían resonando por toda la Torre Navarro.

Las luces rojas parpadeaban sin descanso.

Y en la enorme pantalla central, la cuenta regresiva continuaba avanzando.

03:09

03:08

03:07

Nadie se movía.

Nadie respiraba con normalidad.

El tiempo parecía haberse detenido.

Esteban dio un paso hacia adelante.

—Aléjense de la consola.

Sofía negó lentamente con la cabeza.

—No.

—No me obligues.

—Ya me obligaste hace mucho tiempo.

Por primera vez en años, padre e hija se observaban como enemigos.

No había mentiras.

No había secretos.

Solo la verdad.

Y la verdad era dolorosa.

Esteban bajó ligeramente la mirada.

Durante un instante pareció cansado.

Viejo.

Como si el peso de todos sus crímenes hubiera caído de golpe sobre sus hombros.

Pero el momento desapareció tan rápido como llegó.

—No entiendes lo que estoy haciendo.

—Lo entiendo perfectamente —respondió Sofía—. Estás destruyendo todo porque no soportas perder.

Gabriel observó la cuenta regresiva.

02:54

02:53

02:52

Cada segundo era vital.

Necesitaban cancelar el protocolo.

Pero mientras Esteban siguiera armado, sería imposible.

—Escuche —dijo Gabriel—. Esto terminó.

—No.

—Sí.

—Todavía no.

Esteban apretó con fuerza la pistola.

—La Sombra Negra sobrevivirá.

—No después de esta noche.

Aquellas palabras parecieron enfurecerlo.

—¡No sabes nada!

Su voz resonó por toda la sala.

—¡Construí esta organización durante veinte años!

—¿Para qué? —preguntó Sofía.

—Para crear algo que nadie pudiera destruir.

—Y terminaste convirtiéndote exactamente en aquello que decías combatir.

El silencio volvió a llenar la habitación.

La cuenta regresiva siguió bajando.

02:31

02:30

02:29

Mientras tanto, dos pisos más abajo, Antonio Romano avanzaba junto a varios hombres armados.

Los restos de la explosión todavía cubrían los pasillos.

El humo dificultaba la visibilidad.

Pero Antonio no pensaba detenerse.

Sabía que Esteban estaba cerca.

Podía sentirlo.

Uno de sus hombres señaló unas huellas recientes.

—Fue por aquí.

Antonio asintió.

Continuaron avanzando.

Desde otro corredor apareció Víctor Moretti acompañado por sus guardaespaldas.

Ambos grupos se encontraron nuevamente.

Las armas se levantaron por instinto.

Pero nadie disparó.

Ya no tenían tiempo para aquello.

—Lo encontraremos arriba —dijo Víctor.

Antonio asintió.

—Entonces vamos.

Era la primera vez que colaboraban de forma tan directa.

Y probablemente sería la última.

En la sala de control, la tensión aumentaba.

Esteban seguía apuntando con el arma.

Gabriel observaba cada movimiento.

Necesitaba distraerlo.

Ganar algunos segundos.

Cualquier cosa.

—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó.

Esteban lo miró.

—¿Qué?

—Que ni siquiera tus propios hombres creen en ti.

Aquello pareció afectarlo.

Solo un poco.

Pero fue suficiente.

—Los hombres son débiles.

—No.

Gabriel negó con la cabeza.

—Las personas te siguieron porque pensaban que luchaban por algo importante.

—Y lo hacían.

—No. Luchaban por una mentira.

Sofía aprovechó la conversación para acercarse lentamente a la consola.

Esteban lo notó.

—Ni un paso más.

La pistola volvió a apuntarle.

La cuenta regresiva seguía avanzando.

01:58

01:57

01:56

El tiempo se estaba acabando.

De repente se escucharon disparos en el pasillo exterior.

Esteban giró ligeramente la cabeza.

Más disparos.

Gritos.

Luego explosiones.

Antonio y Víctor estaban acercándose.

Cada vez más.

La expresión de Esteban cambió.

Por primera vez apareció el miedo.

No mucho.

Pero suficiente.

Gabriel lo vio.

Y comprendió algo importante.

Esteban no temía morir.

Temía fracasar.

Temía perder.

Aquello era mucho más poderoso.

Los disparos se acercaban.

La puerta de la sala de control tembló.

Alguien estaba intentando entrar.

Esteban apuntó hacia la entrada.

—Atrás.

Pero ya era tarde.

Una explosión destruyó parte de la puerta.

El humo invadió la habitación.

Y entre la nube gris apareció Antonio Romano.

Detrás de él llegaron varios hombres.

Desde otro acceso lateral apareció Víctor Moretti.

La situación cambió instantáneamente.

Ahora Esteban estaba rodeado.

Antonio levantó su arma.

—Se terminó.

Víctor hizo lo mismo.

—Muy tarde para escapar.

Esteban observó a todos.

La pistola seguía firme en su mano.

Pero la confianza ya no era la misma.

La cuenta regresiva continuó.

01:14

01:13

01:12

Antonio avanzó lentamente.

—Por Lorenzo.

Víctor avanzó también.

—Por todos los que mataste.

Esteban sonrió con amargura.

—Siempre tan dramáticos.

—No eres tan inteligente como creías.

—Quizás.

La respuesta sorprendió a todos.

Por primera vez parecía sincero.

Cansado.

Derrotado.

Gabriel volvió a mirar la consola.

Todavía era posible cancelar el protocolo.

Pero alguien debía llegar al sistema.

Y nadie podía hacerlo mientras Esteban siguiera armado.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Sofía caminó hacia adelante.

Directamente hacia su padre.

—Sofía, no —dijo Gabriel.

Ella no se detuvo.

Esteban la observó.

—¿Qué haces?

—Terminar esto.

—Aléjate.

—No.

—Sofía.

—Toda mi vida intenté convencerme de que todavía quedaba algo bueno en ti.

Las palabras golpearon a Esteban más que cualquier arma.

—Todavía queda.

—No.

Ella negó lentamente.

—Ya no.

La mano de Esteban tembló por primera vez.

Solo un poco.

Pero todos lo notaron.

—Mírame —dijo Sofía.

Él obedeció.

—Todo terminó.

El silencio llenó la sala.

Las alarmas seguían sonando.

La cuenta regresiva avanzaba.

00:49

00:48

00:47

Y entonces ocurrió.

La pistola descendió lentamente.

No cayó al suelo.

Pero dejó de apuntar.

Fue suficiente.

Gabriel corrió hacia la consola.

Comenzó a introducir comandos desesperadamente.

El sistema solicitó confirmaciones.

Claves.

Autorizaciones.

Todo parecía eterno.

—¡Más rápido! —gritó Antonio.

—¡Estoy intentando!

La cuenta regresiva continuó.

00:32

00:31

00:30

Sofía seguía frente a su padre.

Ninguno hablaba.

Ninguno se movía.

Parecían dos personas atrapadas en un momento que había tardado años en llegar.

Gabriel logró acceder al menú final.

La pantalla mostró un mensaje.

Confirmar cancelación del protocolo.

Presionó el botón.

Nada ocurrió.

—¿Qué pasa? —preguntó Víctor.

Gabriel palideció.

—Necesita autorización biométrica.

—¿Qué significa eso?

—Que solo Esteban puede detenerlo.

Todos giraron hacia él.

La cuenta regresiva seguía bajando.

00:19

00:18

00:17

Antonio levantó el arma.

—Hazlo.

Esteban observó la pantalla.

Luego observó a Sofía.

Y finalmente cerró los ojos.

Durante años había construido un imperio.

Durante años había controlado ciudades, empresas, políticos y criminales.

Pero ahora todo había terminado.

Cuando volvió a abrir los ojos parecía otra persona.

Más vieja.

Más cansada.

Más humana.

Caminó lentamente hacia la consola.

Nadie intentó detenerlo.

Colocó la mano sobre el lector biométrico.

La máquina emitió una luz verde.

Autorización aceptada.

Gabriel presionó nuevamente el botón.

La cuenta regresiva siguió avanzando.

00:08

00:07

00:06

La tensión era insoportable.

Nadie sabía si funcionaría.

Nadie respiraba.

Entonces las pantallas cambiaron.

Las alarmas comenzaron a apagarse.

Y un nuevo mensaje apareció.

PROTOCOLO CANCELADO

El silencio invadió la sala.

Por un momento nadie dijo nada.

La torre se había salvado.

Todos seguían vivos.

Minutos después llegaron las autoridades.

La información copiada por Gabriel comenzó a difundirse.

Los archivos de La Sombra Negra contenían pruebas suficientes para destruir toda la organización.

Políticos corruptos fueron arrestados.

Empresarios investigados.

Funcionarios destituidos.

El imperio construido durante décadas comenzó a derrumbarse en cuestión de días.

Esteban Navarro fue detenido sin oponer resistencia.

Antes de ser llevado por las autoridades observó a Sofía por última vez.

—Lo siento.

Ella no respondió.

Pero tampoco apartó la mirada.

Semanas después, Ciudad Oscura comenzaba a cambiar.

Por primera vez en mucho tiempo existía esperanza.

Gabriel publicó la investigación más importante de su carrera.

Su nombre se volvió conocido en todo el país.

La verdad finalmente había salido a la luz.

Antonio Romano y Víctor Moretti sobrevivieron.

Su rivalidad continuó.

Pero después de todo lo ocurrido, algo había cambiado.

Seguían siendo enemigos.

Sin embargo, ahora existía un extraño respeto entre ellos.

Un respeto nacido en medio de una guerra que casi destruye la ciudad.

Y en algún lugar de Ciudad Oscura, mientras las luces iluminaban nuevamente las calles, Gabriel comprendió que algunas batallas terminan.

Pero otras apenas comienzan.

Fin de la primera parte de La Ciudad de la Mafia: Enemigos de Sangre.

Continuará...

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STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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