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La Heredera que Él No Pudo Romper

La Heredera que Él No Pudo Romper

Status: En proceso
Genre:CEO / Centrado emocionalmente / Mujer poderosa / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Amante arrepentido
Popularitas:236.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: lulu

Lala Salcedo creyó que su boda con Damián Alcázar sería el inicio de una vida tranquila. Pero el mismo día de la ceremonia, su media hermana Iris, enferma y mimada por toda la familia, le arrebata el vestido, el novio y hasta el lugar que durante años le perteneció.

Lo que nadie esperaba era que Lala dejara de agachar la cabeza.

Con el corazón roto, una empresa en las manos y demasiadas cuentas pendientes, decide cobrar cada humillación una por una. Damián cree que puede volver cuando quiera. La familia Salcedo cree que todavía puede usarla. Iris cree que todo lo que Lala ama puede terminar en sus manos.

Hasta que aparece Sebastián Suárez, el heredero más reservado y poderoso de la ciudad, dispuesto a respaldarla cuando todos esperan verla caer.

Pero en un mundo de familias ricas, secretos viejos y amores que llegan demasiado tarde, Lala tendrá que descubrir quién quiere salvarla de verdad… y quién solo quiere usarla otra vez.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

—Sí.

Asentí, sin atreverme a mirarlo demasiado.

Cere estaba a mi lado con una expresión curiosa y ambigua. Seguro ya había notado algo raro.

Tomé una cinta métrica más larga.

—Señor Suárez, por favor levante los brazos.

Sebastián cooperó.

Era altísimo. Casi uno noventa. Menos mal yo no era bajita.

Medir hombros, pecho y espalda fue fácil.

El problema llegó con cintura y cadera.

¿Lo rodeaba por delante o por detrás?

Las mujeres, que antes reían y conversaban, se quedaron calladas. Todas miraban.

Me ardieron las orejas.

—¿Pasa algo? —preguntó Sebastián.

—No. Es que usted es muy alto.

—¿Me agacho?

—No, no.

Lo rodeé de frente con la cinta.

Su respiración rozó mi mejilla. Olía a bosque limpio, igual que el pañuelo.

El corazón se me desordenó.

Para la cadera no tuve valor de repetirlo de frente. Me moví detrás.

La cinta se me resbaló. La atrapé por reflejo.

Mi mano cayó sobre su abdomen bajo.

El cuerpo de Sebastián se tensó.

Mi cabeza explotó.

Había tocado donde no debía.

—Lo siento.

Retrocedí con la cara en llamas.

Las mujeres preguntaron qué pasaba.

—Nada. Yo fui torpe.

Sebastián me miró con calma.

—¿Qué pasó, señorita Salcedo?

Entendí.

Fingía no haber notado nada para no avergonzarme.

Respiré.

—¿Todavía falta medir? —preguntó.

—Sí.

Esta vez fui extremadamente cuidadosa.

Su proporción era perfecta: hombros anchos, cintura estrecha, piernas largas.

—Cere, ¿anotaste todo?

—Todo.

Después pregunté preferencias y marqué cada detalle en la tableta.

Al mediodía, la señora Suárez nos invitó a comer. Me disculpé y dije que tenía trabajo.

Sebastián miró su reloj.

—Yo también debo salir.

—Entonces acompaña a la señorita Salcedo —dijo su madre.

No pude negarme.

Al salir, le pasé mi bolso a Cere y le pedí que me esperara en el coche.

—Señor Suárez, tengo algo suyo.

Saqué el pañuelo lavado.

Sebastián sonrió.

—Lo conservaste.

—No podía tirarlo.

—Pensé que ese día estabas demasiado alterada para saber quién te lo dio.

La vergüenza de la boda volvió.

—Lo estaba. Nunca había llorado frente a tanta gente.

—Damián Alcázar fue un ciego.

—Gracias.

Le ofrecí el pañuelo.

—Lo lavé.

—Lo que doy, no lo retiro. Si no lo quieres, tíralo.

Me sorprendí.

Él explicó:

—No es desprecio.

Un joven de traje se acercó.

—Director Suárez, debemos salir.

Sebastián asintió.

No insistí.

Pero el pañuelo con su apellido en mi mano se sentía demasiado raro.

—Señor Suárez, ¿por qué estuvo en la boda ese día?

Sus ojos se volvieron profundos.

—Coincidencia.

Llegamos a los autos.

—Somos de la misma generación —dijo—. No me hables tan formal. Me hace sentir viejo.

—Usted es cliente. El cliente es Dios.

—Prefiero seguir siendo persona.

Me hizo reír.

Antes de irse, le pidió al chofer que nos llevara con cuidado.

Subió a un Audi negro discreto.

En el camino de bajada, su coche fue siempre delante.

Cuando salió de la propiedad, tocó el claxon una vez y se fue.

Tardé en entender que se estaba despidiendo.

Mi impresión de él y de la familia Suárez mejoró mucho.

Después de esa visita, regresé con una montaña de trabajo.

No tuve tiempo de pensar en Damián ni en Iris.

Hasta que una mañana el celular me recordó:

Divorcio.

La cita había llegado.

Le llamé a Damián.

Contestó Iris.

—Hermana, ¿para qué buscas a Damián?

Su voz sonaba celosa.

—No malinterpretes. Es por el divorcio. Hoy a las dos en el Juzgado Familiar. Dile que llegue puntual.

—¿Divorcio?

—Sí. ¿Creíste que por robarme la boda ya eras su esposa? Legalmente sigues siendo la metida.

—En el amor, la metida es la que no es amada.

Reí.

—Por fin muestras tu verdadera cara.

—Yo siempre he sido así. Tú eres quien no me soporta.

—No voy a discutir. Dile a Damián que no falte.

Iba a colgar, pero me detuvo:

—Lala Salcedo, ¿Damián te ha buscado estos días?

Olí pelea.

—Sí. ¿Y?

—¡No tienes vergüenza! Es mi esposo. Verse a escondidas contigo, ¿qué los hace?

—Los amantes son ustedes. ¿El cáncer te creció en el cerebro?

La dejé gritar un rato.

—Haz que se divorcie pronto y así dejas de ser amante.

Colgué.

Más tarde Damián llamó.

—¿Me llamaste en la mañana?

—A las dos en el Juzgado Familiar.

—Hoy estoy muy ocupado. No podré.

Tal como esperaba.

—Damián, ¿no podemos terminar bien? Iris está así. ¿No deberías darle tranquilidad?

—¿Discutieron en la mañana?

—¿Vas a defenderla?

—Dejé el celular en la habitación. No pensé que contestaría.

—Son uno solo. Es normal.

Colgué después de recordarle la hora.

Pero Damián no apareció.

Esperé hasta las dos y media.

No contestó llamadas.

Estaba furiosa.

Llevar el título de señora Alcázar era como un aro apretándome la cabeza.

Llamé a Tamara para presionarlo.

Ella explotó:

—¡No te basta con pelear con Iris! ¿Ahora me llamas a mí? Ella está débil y tú todavía la alteras. Si tienes valor, ven contra mí. Te voy a arrancar la boca.

1
Bienaventurada
Muy interesante hasta ahora
Buena la novela 🥰
Bienaventurada
Que gesto tan bonito 🥰de Sebastián
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
Tremendo cara e tabla 😒 infeliz
Eufemia Perez
La novela en me ha gustado. pero me pregunto porque demoran tanto que los protagonista de tanto que la hicieron sufrir😭 🤣🥰🤭 y teniendo un hombre bufno sigas todavia darle largo a una historia de amor que se ha vuelto aburrida para darle un final feliz con hijo a bordo en menos de que cante un gallo. asi no es una historia. que llegue a gustar no se como una hija novia hijastra aguanta tanto
Victoria Garcia
y la estupida le pintan plata y lo hace , que horrible está protagonista , deja que la golpeen , hace todo lo que le dicen que haga por la víbora de la hermana , no no que falta de dignidad , de carácter , de amor propio.
Mirna Vargas olortegui
Cansa mucho que Damian no deje ser feliz y esté siempre fregando a Sebas y Lala.
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente,, una súper historia ,,, más apoyo y likes
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Sara Quiroga
muy buena trama felicitaciones 👏
Yolanda Villamar
porque no poner las imágenes para no tener que estar buscando 😡😡 que te cuesta
Daisy García
Hermosa Novela!!! me gusto mucho 👏👏👏
Nelida Romero
la verdad que cansa tanto odio ya. tendría que haber terminado porque repiten mucho el odio siempre a una misma persona
Monica Torti
yo la dejo de leer xq no tiene sentido si ella tiene su empresa para que hacerle caso a esos vividores me cansé de Iris, Héctor, Damián chauuuuuuuu
Monica Torti
que basura no se puede creer 🤬🤬🤬
Monica Torti
El amor es Lala 💓💓💓
Monica Torti
Que amiga loca 😂😂😂
Monica Torti
Ahora va a querer a Sebastián esa zorra
Monica Torti
Vas a reventar bruja ni en el pecho de muerte dejas de ser una víbora
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