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¡Suya!

¡Suya!

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:103.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El Eco de la Muerte

La casa quedó en silencio después de que el doctor Herrera se marchara. Clara y los demás empleados estaban en sus quehaceres, moviéndose sigilosamente por los pasillos.

Alessandra Subió a la habitación principal. Tomó la computadora de la mesa de noche y bajó al salón. Se sentó en el piso, apoyada contra el sofá, con la computadora sobre sus piernas. La televisión estaba encendida a un volumen bajo, solo para tener algo de ruido de fondo mientras navegaba sin rumbo por internet.

No buscaba nada en particular. Solo quería distraerse. Quería llenar su mente con información inútil, con noticias intrascendentes, con cualquier cosa que la alejara de los pensamientos oscuros que acechaban en los bordes de su conciencia.

Pero el destino, cruel como siempre, tenía otros planes.

—...Ana Fernández...

Su cabeza se levantó de inmediato. Sus ojos se fijaron en la pantalla de la televisión.

Una reportera de cabello oscuro estaba de pie frente a la entrada de la mansión Fernández. El lugar que ella conocía tan bien. Las puertas que había cruzado miles de veces. Los jardines donde había jugado de niña.

La reportera hablaba con voz seria, profesional.

—... Una de las hijas del empresario Ignacio Fernández ha fallecido tras caer desde la azotea del edificio de la empresa familiar. Según fuentes cercanas, la joven de veinticinco años habría sufrido un accidente mientras se encontraba en la terraza del edificio. Las autoridades aún investigan las circunstancias de su muerte.

La imagen cambió. Ahora mostraba a Fernanda.

Su hermana.

Ella estaba de pie en la entrada de la casa, con el rostro bañado en lágrimas, sosteniendo un pañuelo blanco contra su pecho. Su vestido era negro, elegante. Su cabello estaba perfectamente arreglado, a pesar del supuesto dolor.

Los periodistas la rodeaban, intentando obtener una declaración. Fernanda solo negaba con la cabeza, llevándose el pañuelo a los ojos, mientras uno de los hermanos de Ana, Leonel, la sujetaba por el hombro y la apartaba de los medios.

—La familia no ha querido dar declaraciones oficiales —continuó la reportera—. Solo han emitido un breve comunicado agradeciendo el respeto a su privacidad en estos difíciles momentos.

La imagen volvió a cambiar. Ahora mostraba una foto de Ana.

Su foto.

La misma que había usado para su carnet de la universidad. La misma que su madre guardaba en un marco plateado sobre la repisa de la sala.

Alessandra sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

Allí estaba ella. Su rostro. Su sonrisa. Su vida. Reducida a una fotografía en una pantalla de televisión, acompañada de la palabra "fallecida" en letras blancas.

Sus dedos comenzaron a temblar.

—...fuentes cercanas aseguran que Ana Fernández sufría de depresión... —continuó la reportera, y Alessandra apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se clavaron en sus palmas.

Depresión. ¿Depresión?

Ella no tenía depresión. Y sin embargo, todos creían que se había suicidado. Que había saltado al vacío por decisión propia.

La imagen de Fernanda volvió a aparecer en la pantalla. Su hermana, con los ojos enrojecidos y el rostro compungido, negando con la cabeza mientras los periodistas la acosaban.

—¿Señorita Fernández? ¿Puede decirnos cómo se siente?

—¿Qué opina su familia de la muerte de Ana?

—¿Cree que fue un accidente o se trató de un suicidio?

Apretó las manos con tanta fuerza que las uñas se clavaron en sus palmas.

Depresión. Comportamientos erráticos.

Esa era la versión que Fernanda había vendido. La misma que su padre, preocupado solo por su reputación, había aceptado sin cuestionar. La misma que su madre y sus hermanos, demasiado confundidos para pensar con claridad, habían terminado creyendo.

En la pantalla, apareció el rostro de Fernanda.

Llevaba un vestido negro, el cabello recogido en un moño sencillo, y una expresión de dolor tan perfecta que parecía sacada de una película. Tenía los ojos enrojecidos, las mejillas húmedas, y una mano sobre el pecho mientras un periodista le hacía preguntas.

—...no puedo creer que mi hermana ya no esté con nosotros —decía Fernanda, con la voz entrecortada—. Era una persona tan especial... tan única. Lamento no haber podido ayudarla más. No sé qué más pude haber hecho.

La cámara captó el momento en que Fernanda se llevaba un pañuelo a los ojos, fingiendo un sollozo. A su lado, Alejandro Santander la sostenía con un brazo, su rostro una máscara de preocupación.

Alessandra sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

—Hipócrita —susurró, y su voz era un hilo de rabia contenida—. Maldita hipócrita.

Las imágenes continuaron. Su madre, con el rostro demacrado, siendo escoltada por Leonel y Martín. Su padre, con la mandíbula apretada y una expresión que no era de dolor sino de molestia. Como si todo aquello fuera un inconveniente. Una mancha en su perfecto apellido.

Alessandra apagó la televisión.

El silencio que siguió fue ensordecedor. Pero peor que el silencio fue el eco de su propia respiración, entrecortada, temblorosa.

Las lágrimas comenzaron a caer. No eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de rabia. De impotencia. De un dolor tan profundo que no sabía cómo nombrarlo.

Cerró los ojos y el recuerdo la golpeó con la fuerza de un puñetazo.

La azotea. El viento cortando su piel. La mirada de Fernanda, fría y calculadora, mientras le decía que no importaba. Que siempre había sido un estorbo. Que merecía morir.

El empujón. La sensación de vacío bajo sus pies. La caída. El aire arrancándole el aliento. El suelo acercándose a una velocidad imposible.

Y luego... nada. Oscuridad. Silencio.

Alessandra abrió los ojos de golpe. Estaba temblando. Sus manos, apoyadas sobre el teclado de la computadora, no dejaban de moverse.

—No —susurró—. No voy a pensar en eso. No voy a dejar que me gane.

Pero el recuerdo era demasiado fuerte. La sensación de la muerte. La rabia. El miedo. Todo eso seguía en su piel, grabado a fuego en su memoria.

Tomó aire. Lo soltó. Tomó otro. Sus manos dejaron de temblar, pero las lágrimas seguían cayendo.

—Maldita —murmuró, apretando los puños—. Maldita, maldita, maldita.

Quería gritar. Quería romper algo. Quería ir a la casa de los Fernández y enfrentar a su hermana, arrancarle esa máscara de dolor y mostrarle al mundo quién era realmente.

Pero no podía.

No podía hacer nada. Todavía.

—Tranquila —se dijo a sí misma, con voz firme—. Vas a pagar, Fernanda. Te lo juro. Vas a pagar por todo.

Pero las lágrimas seguían cayendo. Y el dolor seguía ahí, instalado en su pecho como una piedra.

Se secó las mejillas con el dorso de la mano y tomó la computadora de nuevo. Buscó el grupo de WhatsApp, el de "Grupo Alpha".

Escribió un mensaje rápido:

"Quiero que me hagan un favor busquen información sobre la familia Fernández. Todo lo que tengan."

No esperó respuesta. Cerró la computadora y la dejó a un lado. Se quedó allí, sentada en el piso, mirando la pantalla apagada de la televisión.

La rabia y el dolor se mezclaban en su pecho, creando una tormenta que no sabía cómo calmar.

Pero entonces, algo se movió en su interior.

—Te juro, Fernanda—susurró—. Vas a pagar. haré que te arrepientas.

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Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Mirna Lobo
me encantó ésta historia 😃 buenísima, felicidades escritora un 👏👏👏 para ti 😉
Esther Grace: muchas gracias bella dama ☺️☺️💗
total 1 replies
Mirna Lobo
a Fernanda se le está poniendo el mundo chiquitito 😜😜😜
Mirna Lobo
hay Dante!!!!! error tras error 😡😡😡
Mirna Lobo
Alexander no es tan estúpido como yo creía 😜😜
Mirna Lobo
quiero ver ahora como va a tratar a la arpía de la Fernanda 🤔🤔
Mirna Lobo
bueno pero los escogió por catálogo 😜😜 😉😍😍
Mirna Lobo
puros galanes éstos personajes 😍😍
Mirna Lobo
me van a perdonar pero yo creo que él no está enamorado de la zorra asesina 🤔 hay algo que quizás no sabemos /Grimace/
Mirna Lobo
eso sí es un biscocho 😍😍😍
Mirna Lobo
me cae muy bien Leonel 😍😍😍
Mirna Lobo
que emoción 👏👏👏😜😜
Mirna Lobo
todo gota a gota, y que pague con creces 😡😡😡
Mirna Lobo
debería de llegarle los recuerdos y así saber que hacer 🤔
Mirna Lobo
eso se llama mala suerte, renacer en el cuerpo de la esposa de Dante, y tener que volver a enfrentarse a Fernanda /Grimace/
Mirna Lobo
ésto está como complicado 🤔 veremos cómo se desarrolla
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias 🙂
Elle :I
muy buena ,buena trama sin ser rebuscada
me encantó
Cecily~★
Ayyyyss están todos di-vi-nos! ✨❤️ No me puedo decidir por cuál babear primero 😅🤣❤️ jajaja será por edad entonces 🤷🏻‍♀️😜🤤🤤🤤❤️✨✨🤣🤣jajaja
Esther Grace: 😂😂😂😂sería lo más conveniente
total 1 replies
Ana Yusmary Salcedo Montilva
yo entiendo que la que tuvo fuera del matrimonio es Fernanda por eso la consiente y la trata como lo hace es la hija de la amante
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