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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:358
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: La casa de los secretos

El mensaje seguía en la pantalla.

“Te estoy esperando en la casa.”

Victoria sintió que le temblaban las manos.

Lucía se acercó.

—No vas a ir.

Victoria levantó la mirada.

—Tengo que hacerlo.

—Es exactamente lo que quieren.

—Tal vez.

—Victoria...

—Toda mi vida han decidido por mí.

Guardó el teléfono.

—Esta vez voy a decidir yo.

Sebastián negó.

—No puedes ir sola.

—No voy sola.

Miró a Lucía.

Lucía entendió.

—Voy contigo.

Daniel intentó levantarse.

—Yo también.

Victoria lo miró.

—Estás herido.

—Me da igual.

—No.

Daniel respiró profundamente.

—Entonces déjame al menos ayudarte.

Victoria dudó.

Todavía no confiaba completamente en él.

Pero tampoco podía olvidar que acababa de descubrir que Daniel había cargado durante años con secretos que podían explicar el accidente.

—Quédate con Sebastián.

Daniel asintió.

—Está bien.

Esteban levantó la voz.

—Nadie debería ir a esa casa.

Victoria lo miró.

—¿Por qué?

—Porque ahí empezó todo.

—Precisamente por eso voy.

Esteban se acercó.

—Victoria, escucha.

—No.

—Si entras ahí...

—¿Qué?

Esteban guardó silencio.

—¿Qué va a pasar?

—Vas a recordar.

Victoria sintió un escalofrío.

—Eso es lo que quiero.

Elena tomó la mano de Victoria.

—Entonces yo también voy.

Victoria la miró.

—¿Tú?

—Es mi secreto también.

Lucía observó a Elena.

—No deberías.

—Tengo que hacerlo.

Esteban negó.

—Elena, no.

Ella respondió:

—Ya no voy a huir.

Victoria miró a los tres.

Por primera vez, todos parecían tener miedo de la misma casa.

---

Una hora después, el automóvil avanzaba por una carretera oscura.

Victoria iba en el asiento trasero junto a Lucía.

Elena conducía.

Nadie hablaba.

La lluvia golpeaba el parabrisas.

Victoria miraba por la ventana.

Cada kilómetro despertaba una sensación.

Una imagen.

Una voz.

Una puerta.

Un olor.

—Ya casi —dijo Elena.

Victoria levantó la mirada.

—¿Cuánto?

—Diez minutos.

Lucía tomó su mano.

Victoria no la apartó.

—¿Tienes miedo? —preguntó Lucía.

—Sí.

—Yo también.

—Entonces estamos igual.

Lucía sonrió débilmente.

—Nunca quise que volvieras a pasar por esto.

Victoria la miró.

—Pero estoy pasando.

—Lo sé.

—Y tú formas parte de todo.

Lucía bajó la mirada.

—Sí.

Victoria apretó su mano.

—Todavía no sé si puedo perdonarte.

—No tienes que hacerlo ahora.

—Pero tampoco quiero perderte.

Lucía levantó los ojos.

—Yo tampoco.

Elena las observó por el espejo.

No dijo nada.

Pero sus ojos se llenaron de lágrimas.

---

El automóvil se detuvo.

Victoria miró hacia delante.

La casa estaba exactamente como la recordaba.

Grande.

Oscura.

Abandonada.

Pero había algo diferente.

Una luz encendida en una ventana.

—Hay alguien dentro —susurró Lucía.

Elena apagó el motor.

—Sí.

Victoria abrió la puerta.

—Espera.

Elena la sujetó.

—No sabemos quién está ahí.

Victoria la miró.

—Precisamente por eso tenemos que entrar.

Lucía salió detrás de ella.

Las tres caminaron hacia la casa.

La puerta estaba abierta.

Victoria se detuvo.

—Yo recuerdo esto.

Lucía se acercó.

—¿Qué?

—La puerta siempre estaba cerrada.

Elena palideció.

—Yo nunca la dejaba abierta.

Victoria sintió un escalofrío.

Entraron.

El olor a humedad llenaba el lugar.

Todo parecía detenido en el tiempo.

Un reloj antiguo marcaba las 11:17.

Victoria lo observó.

—Ese reloj...

—¿Qué? —preguntó Lucía.

—Se detuvo la noche del accidente.

Elena bajó la mirada.

—Sí.

Victoria caminó por el pasillo.

Una fotografía estaba tirada en el suelo.

La levantó.

Era una foto familiar.

Julián.

Elena.

Victoria de niña.

Y una cuarta persona.

Victoria acercó la fotografía.

—¿Quién es?

Elena no respondió.

Lucía la miró.

—Elena.

—No quería que ella lo supiera así.

Victoria giró.

—¿Quién es?

Elena respiró profundamente.

—El hombre que aparece en tus recuerdos.

Victoria sintió que el corazón se aceleraba.

—El hombre de la fotografía.

—Sí.

—¿Cómo se llama?

Elena cerró los ojos.

—Gabriel.

Victoria repitió el nombre.

—Gabriel.

Algo dentro de su cabeza se activó.

Una voz.

Una risa.

Un hombre levantándola en brazos.

Y una frase:

"Algún día esta casa será tuya."

Victoria se llevó una mano a la cabeza.

—¡Ah!

Lucía la sostuvo.

—¡Victoria!

—Lo recuerdo.

—¿Qué?

Victoria comenzó a llorar.

—Él me cargaba.

Elena asintió.

—Era tu tío.

—¿Mi tío?

—El hermano de Julián.

Victoria levantó la mirada.

—¿Entonces Esteban no es el hermano de Arturo?

Elena negó.

—No.

Lucía se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Elena continuó:

—Esteban no es quien dice ser.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Entonces quién es?

Elena respondió:

—El hombre que todos creían muerto.

Un ruido llegó desde el piso superior.

Las tres levantaron la cabeza.

Un paso.

Después otro.

Lucía sacó el arma.

—Hay alguien arriba.

Elena señaló las escaleras.

—No suban.

Victoria preguntó:

—¿Por qué?

—Porque yo sé quién está ahí.

Otro paso.

Victoria levantó la mirada.

—¿Quién?

Elena respondió:

—Gabriel.

Victoria sintió que el cuerpo se le congelaba.

—Pero dijiste que murió.

—Eso creíamos.

Las luces de la casa se encendieron.

Todas al mismo tiempo.

Una voz llegó desde arriba.

—Hola, Victoria.

Ella dejó de respirar.

Un hombre comenzó a bajar lentamente las escaleras.

Cabello canoso.

Rostro marcado.

Ojos que Victoria reconoció sin entender por qué.

—Tío...

El hombre sonrió.

—Por fin me recuerdas.

Lucía apuntó.

—No te acerques.

Gabriel levantó las manos.

—No vengo a hacerles daño.

Victoria dio un paso.

—¿Por qué me tomaste esa fotografía?

—Porque necesitaba saber si todavía tenías los mismos ojos.

—¿Qué quieres de mí?

Gabriel bajó el último escalón.

—Que termines lo que tu madre comenzó.

Elena apuntó hacia él.

—No la metas en esto.

Gabriel la miró.

—Ya está metida.

—¡Tú provocaste todo!

—No.

—¡Tú entregaste a Julián!

Gabriel negó.

—Julián se entregó solo.

Victoria intervino.

—¡Basta!

Todos guardaron silencio.

—Quiero respuestas.

Gabriel asintió.

—Entonces pregunta.

Victoria se acercó.

—¿Quién es mi padre?

Gabriel respondió:

—Julián.

Victoria frunció el ceño.

—¿Entonces por qué todos dicen otra cosa?

—Porque Julián no quería que Arturo descubriera que tú eras su hija.

—¿Y tú?

—Yo lo ayudé.

—¿Por qué?

Gabriel la miró.

—Porque Arturo quería utilizarte para destruir a Julián.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Qué tenía contra él?

—La lista.

—¿La lista de nombres?

—Sí.

—¿Qué contiene?

Gabriel se acercó.

—Los nombres de todas las personas que participaron en una red de extorsión, chantaje y desapariciones.

Lucía preguntó:

—¿Y Arturo estaba dentro?

Gabriel sonrió.

—Arturo estaba en el centro.

Victoria preguntó:

—¿Y mi madre?

Gabriel miró a Elena.

—Ella intentó denunciarlo.

—¿Y por eso ocurrió el accidente?

—No.

Victoria quedó inmóvil.

—Entonces ¿por qué?

Gabriel respondió:

—Porque alguien descubrió que Victoria tenía una copia de la lista.

Elena cerró los ojos.

Victoria la miró.

—¿Yo?

—Sí.

—Pero era una niña.

—Por eso nadie sospechó.

Victoria sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.

—¿Dónde estaba la copia?

Gabriel señaló una pared.

—Aquí.

Victoria se acercó.

Tocó la madera.

Un pequeño mecanismo hizo clic.

Una parte de la pared se abrió.

Dentro había una caja.

Victoria la sacó.

Lucía se acercó.

—¿Qué hay ahí?

Victoria abrió la caja.

Había fotografías.

Documentos.

Una pequeña cinta.

Y una llave.

Victoria tomó la cinta.

—¿Qué es esto?

Gabriel respondió:

—La grabación original.

Victoria lo miró.

—¿Del accidente?

—No.

—¿Entonces?

—De la noche anterior.

Victoria colocó la cinta en un viejo reproductor.

El aparato comenzó a funcionar.

Se escuchó la voz de Julián.

—No puedo hacerlo.

Después, la voz de Arturo.

—Si no lo haces, ella muere.

Victoria contuvo el aliento.

La voz de Julián volvió:

—No voy a entregar a mi hija.

Arturo respondió:

—Entonces mataremos a la otra.

Victoria miró a Lucía.

—¿La otra?

La grabación continuó.

—No sabes de lo que soy capaz.

Julián respondió:

—No toques a Elena.

Victoria sintió un escalofrío.

Arturo dijo:

—No hablo de Elena.

Silencio.

Después:

—Hablo de Lucía.

Lucía se quedó inmóvil.

La grabación continuó.

—Si quieres que tu hija sobreviva, tendrás que hacer una elección.

Julián preguntó:

—¿Qué quieres?

Arturo respondió:

—Quiero que Victoria olvide.

La grabación terminó.

Nadie habló.

Victoria miró a Lucía.

—Él te amenazó.

Lucía asintió.

—Sí.

—Y tú me entregaste para salvarte.

—No.

Victoria frunció el ceño.

Lucía negó.

—Para salvar a mi hermana.

Victoria se quedó quieta.

—Entonces ¿por qué Arturo habló de ti?

Lucía miró a Gabriel.

Gabriel respondió:

—Porque Arturo sabía que Lucía era la única persona que podía hacer que Victoria recordara.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Cómo?

Gabriel señaló la cinta.

—Porque ustedes dos ya se conocían mucho antes del accidente.

Victoria miró a Lucía.

—¿Cuándo?

Lucía comenzó a llorar.

—Desde que éramos niñas.

Victoria abrió los ojos.

—¿Qué?

—Nuestros padres se conocían.

—¿Y nosotras?

Lucía asintió.

—Jugábamos juntas.

Victoria sintió que una imagen aparecía en su memoria.

Dos niñas.

Corriendo por el jardín.

Una prometiéndole a la otra:

"Nunca te voy a dejar."

Victoria miró a Lucía.

—Eras tú.

Lucía sonrió entre lágrimas.

—Sí.

Victoria se acercó lentamente.

—Entonces todo este tiempo...

—Todo este tiempo.

Victoria la abrazó.

Lucía rompió a llorar.

Pero el momento duró apenas unos segundos.

Porque un disparo atravesó la ventana.

¡PUM!

El cristal explotó.

Gabriel cayó al suelo.

—¡TÍO!

Victoria corrió hacia él.

Lucía gritó:

—¡Agáchense!

Otro disparo.

Elena tomó el arma.

—¡Nos encontraron!

Gabriel, herido, señaló hacia la caja.

—¡La llave!

Victoria la tomó.

—¿Qué abre?

Gabriel respiró con dificultad.

—La habitación debajo de la casa.

—¿Qué hay ahí?

Gabriel miró a Victoria.

—La persona que puede demostrar quién ordenó el accidente.

Victoria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—¿Está viva?

Gabriel asintió.

—Sí.

—¿Quién?

Gabriel apenas pudo pronunciar una palabra:

—Tu... hermana.

Victoria quedó paralizada.

—¿Mi hermana?

Lucía la miró.

—Pero ella está aquí.

Gabriel negó lentamente.

—No.

Todos quedaron en silencio.

—La mujer que ustedes conocen...

Gabriel cerró los ojos.

—No es tu hermana.

Victoria sintió un frío terrible.

—Entonces...

Gabriel abrió los ojos por última vez.

—Tu verdadera hermana lleva diez años encerrada debajo de esta casa.

Y justo en ese momento...

Desde el suelo llegó un golpe.

Uno.

Dos.

Tres.

Alguien estaba golpeando desde abajo.

Victoria miró la llave.

Lucía tomó su mano.

Elena levantó el arma.

Y desde las profundidades de la casa...

una voz de mujer gritó:

—¡VICTORIA!

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