Tras despertar en el cuerpo de la villana condenada a muerte de su novela favorita, una mujer de la época moderna tiene una sola misión: ¡Sobrevivir! Para lograrlo, debe alejarse del imponente Héroe, el hombre destinado a matarla por amor a la protagonista original. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Cada intento de huida termina en un encuentro desastroso que ella interpreta como una sentencia de muerte, mientras que él... empieza a ver en la "villana" algo que nunca esperó: un corazón que lo cautiva. Ella corre por su vida, pero él ya ha empezado la cacería... por su amor.
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Capitulo 17: La trama rota
La mañana en la mansión Monfort no trajo consigo el alivio de la luz, sino una atmósfera cargada de electricidad estática. Isabella despertó con la sensación de que el aire mismo es más denso, una presión invisible que le oprime el pecho. Mientras sus ojos se abren para enfrentar otro día, su mente, rápida y analítica, repasó los eventos de la noche anterior. No hubo castigo por su desplante en el vestíbulo; sus padres, lejos de estar furiosos por su insolencia, estan demasiado ocupados temblando de codicia y euforia. Para ellos, el compromiso de su hija con el Emperador no es una tragedia, sino el boleto dorado que valida haberla traído al mundo.
La puerta de su habitación se abrió con suavidad, dejando entrar a Taylor, su doncella, cuya expresión es una mezcla de entusiasmo y reverencia casi religiosa.
__Buenos días, mi señorita__. Dijo Taylor, acercándose con el vestuario preparado__. ¡Es un día glorioso! El aire en toda la mansión ha cambiado. Los sirvientes susurran, los Duques están radiantes... incluso la cocina ha preparado un desayuno digno de la realeza. ¡Todas nos sentimos honradas de servir a la futura Emperatriz!__. Isabella se sentó en la cama, dejando que la seda del camisón resbale por sus hombros. Sus ojos, fríos y despiertos, escanearon a la doncella.
__¿Radiantes?__. Preguntó Isabella con una ironía cargada de veneno.
__Supongo que el precio de vender a una hija a un hombre que gobierna desde las sombras es bastante alto, ¿no es así, Taylor?__. La doncella parpadeó, confundida por el tono de su señora, pero optó por sonreír como si hubiera escuchado un chiste ingenioso.
__Oh, mi señora, usted es tan humilde. Es el destino de las grandes damas, y usted ha ganado la partida__. Isabella se puso en pie, dirigiéndose al tocador.
__Hoy debe ser un día impecable, Taylor__. Sentenció, ignorando la alabanza.
__Selecciona el vestido más elegante que tenga. Si voy a ser enviada al matadero, al menos me aseguraré de lucir radiante mientras camino hacia la hoja del verdugo__. Taylor no entendió la metáfora, pero obedeció con una eficiencia nerviosa.
Mientras el corsé se apretó y las joyas son colocadas con precisión sobre su piel, la mansión afuera es un caos. En los pasillos, Elena, la hermana menor, se pasea como un animal enjaulado. Sus gritos se filtran a través de las paredes, una sinfonía de histeria que resulta patética para los oídos de Isabella. Elena, incapaz de aceptar que su "hermana mayor" ha capturado la presa más grande, maldice a los cuatro vientos, jurando que ella debe ser la elegida, que ella merece el trono, y que encontrará la forma de arrebatarle el lugar a Isabella, tal como había hecho con el Duque de Castilla.
Isabella, sentada frente al espejo, observó su reflejo. Esta lista. No tiene miedo, solo una resignación gélida.
De repente, el ambiente en la mansión cambió radicalmente. El bullicio de los criados cesó, reemplazado por un silencio sepulcral que ascendió desde el vestíbulo principal. Isabella, con una intuición que le erizó la piel, supo quién ha llegado. No es un emisario imperial. Es el dueño de las sombras.
Abajo, el salón principal se ha transformado en un terreno sagrado y aterrador. Los Duques Monfort, al ver quién cruza el umbral, cayeron de rodillas con una rapidez que roza lo desesperado. No es el protocolo lo que los impulsa, es el puro terror instintivo. Einar ha llegado. Su presencia no es solo física; es una perturbación en la realidad. La luz de las lámparas parece oscurecerse a su paso, y las sombras en las esquinas del techo se retuercen, vivas, observando todo lo que ocurría.
Detrás de él, como un espectro hecho carne, camina Harald. No es un guardia; es una extensión de la voluntad del Emperador. Su rostro, inexpresivo y letal, no deja lugar a dudas: estan en presencia de la muerte misma. Einar, con su capa negra ondeando apenas, ignoró las reverencias temblorosas. Sus ojos buscan algo, o mejor dicho, a alguien. Había visto a través de sus sombras cómo la trataron la noche anterior, cómo la han "vendido" como si fuera un objeto de mercado, y su ira, aunque contenida bajo una máscara de calma gélida, amenaza con consumir la mansión. No va a esperar. Se llevará a Isabella hoy mismo.
Pero antes de que pudiera exigir ver a su prometida, un taconeo furioso resonó en el mármol. Elena, con el rostro desencajado por la envidia y la soberbia, apareció en la entrada, convencida de que su presencia angelical bastaría para cambiar el destino.
__¡Majestad!__. Exclamó ella, con una voz chillona que hirió los oídos de los presentes.
__Es un error. Usted ha sido engañado. Isabella no es quien cree. Yo soy la que debe estar a su lado, yo soy la que realmente lo admira...__. El silencio que siguió a sus palabras fue absoluto. Einar se detuvo. Giró lentamente el cuello hacia ella, y el simple acto de mirar a Elena hizo que la temperatura del salón descendiera varios grados.
__¿Engañado?__. La voz de Einar es un susurro gutural, un sonido que promete tormentas.
__Tú no eres nada más que una copia barata, una máscara sin alma__. Elena retrocedió, su sonrisa de "damisela" tambaleándose.
__Pero... yo soy mucho más amable que ella. Soy dulce, soy...__.
__Tú eres envidia__. Le cortó las palabras Einar, dando un paso hacia ella. Sus ojos oscuros, sin brillo humano, la escanean como un depredador que analiza una presa insípida.
__Tus rasgos son similares a los de tu hermana, pero ahí termina toda semejanza. Donde ella es fuego que arde y consume, tú eres ceniza. Mientras ella habla con la verdad, aunque esa verdad sea espinosa o sin sentido, tú solo exhalas hipocresía. Prefiero mil veces la fiereza de Isabella a la dulzura tóxica de una mujer que busca estatus sobre los cadáveres de sus propios aliados__. Elena palideció, sintiendo cómo el desprecio del Emperador la desnuda frente a sus padres. Pero Harald, el guardia, dio un paso adelante, su voz sonando como metal rozando una tumba.
__Señorita__. Dijo Harald, sin quitarle los ojos de encima.
__Le sugiero que guarde un poco de decencia y amor propio. El Emperador tiene poca paciencia para la insolencia, y si continúa perdiendo el juicio de esta manera, ni siquiera el hecho de ser la hermana de la futura Emperatriz evitará que su cabeza ruede por este suelo. Le recomiendo que desaparezca de nuestra vista antes de que el decida que su presencia es una ofensa__. Los Duques, aterrorizados, se encogieron, suplicando en silencio para que su hija menor deje de cavar su propia tumba. Elena, temblando de rabia y vergüenza, no pudo decir una palabra más.
Isabella, que había bajado las escaleras en silencio, se detuvo a medio camino. Lo ha escuchado todo. La realidad de la novela original, la trama que ella conocía al dedillo, se esta desmoronando ante sus ojos. El "héroe" no se ha enamorado de la protagonista, y la villana no esta siendo ejecutada; esta siendo reclamada por el mismo Emperador. Decidida, bajó los últimos escalones con una elegancia que hizo que los ojos de Einar se clavaran en ella. La tensión en el salón cambió: ya no es el terror ante el Emperador, sino la expectación ante el encuentro de los prometidos.
__Parece que mi hermana sigue sin entender la lección__. Dijo Isabella, su voz resonando en el gran salón. Caminó hasta colocarse frente a Elena, ignorando al Emperador por un segundo.
__Elena, querida, no todos los hombres caen ante la falsedad de una cara bonita que solo busca estatus, construido sobre las lágrimas de otra mujer, tal como hiciste con el Duque de Castilla. Mi prometido__. Continuó, lanzando una mirada desafiante a Einar.
__Es un hombre real. Él entiende la naturaleza de los compromisos y la diferencia entre una joya verdadera y una imitación barata__. Se volvió hacia Einar, encontrándose con esa mirada posesiva que la estremece, pero que también le otorga un extraño poder. Él ha venido por ella. No es el guion que ella leyó, es algo nuevo, algo que ella puede explorar.
__Majestad__. Dijo Isabella, haciendo una reverencia perfecta.
__Trae el documento, supongo__. Einar, con una media sonrisa que no llegó a sus ojos, sacó el documento de compromiso. Lo extendió hacia ella, pero no lo entregó a los Duques.
__Los documentos__. Expreso Einar, mirando a los padres de Isabella.
__Firmen. Ahora. Y si vuelvo a escuchar que mi prometida es tratada con menos respeto del que se le debe a una Emperatriz, no habrá muros en este imperio lo suficientemente gruesos para proteger esta mansión de mis sombras__. Los Duques Monfort, con las manos temblando violentamente, tomaron la pluma y firmaron el documento. Cada trazo parece una sentencia. Cuando terminaron, Einar tomó el documento original, su documento, con una expresión de satisfacción que le heló la sangre a más de uno.
__Isabella__. Habló Einar, extendiendo su mano hacia ella.
__Nos vamos. A partir de hoy, tu hogar es el palacio. Y te aseguro, pequeña Puffin, que nadie volverá a intentar venderte ni a intentar usurpar tu lugar__. Isabella miró la mano enguantada de Einar. La miró a ella como si fuera un puente hacia su futuro o hacia su perdición. Sin dudarlo, puso su mano en la suya. La piel de él esta fría, pero su agarre era firme, real y posesivo. Ha aceptado el juego. Si la muerte la espera al final de este camino, al menos morirá bajo sus propias reglas, dejando atrás la farsa de su familia y la envidia de su hermana.
Mientras salen de la mansión bajo la escolta de las sombras, sabella no miró atrás. Ya no es la Isabella que teme morir en la novela. Ahora, esta empezando a escribir una historia nueva, una donde ella no será la víctima, sino la pieza central de un tablero mucho más peligroso.