NovelToon NovelToon
SOMBRAS DE AETHELGARD

SOMBRAS DE AETHELGARD

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor prohibido / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa
SOMBRAS DE AETHELGARDEn el corazón de Aethelgard, los secretos pesan más que las coronas.

Isolde tiene solo diecisiete años, ojos del color del cielo y una fragilidad que parece quebrarse con el viento. Criada para obedecer, es entregada como un trofeo al hombre más temido del reino: Alaric "El Carnicero". Un gigante de casi dos metros con mirada de asesino y manos acostumbradas a la sangre. Todos dicen que es un monstruo, un mujeriego sin alma, y el miedo de Isolde es tan real como el frío de las paredes del castillo.

Pero tras los muros de su habitación, la realidad es otra. Mientras Isolde intenta demostrar que ya es una mujer y exige el lugar que le corresponde en su cama, Alaric la rechaza con una brutalidad que la deja sin aliento. La sujeta con manos de hierro, la maltrata con palabras cortantes y la mantiene a una distancia que ella no comprende. Él la ve como una niña; ella lo ve como su dueño.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La Calma entre Tormentas

Los días siguientes en la Fortaleza de Hierro fueron una danza extraña entre la ternura más profunda y la preparación más sangrienta para la guerra.

Alaric se convirtió en una sombra que se dividía en dos. Por el día, era el "Carnicero" implacable que hacía temblar los muros con sus órdenes. Supervisaba el refuerzo de las puertas, el afilado de miles de flechas y el entrenamiento de los rebeldes bajo un frío que congelaba el aliento. Sus hombres lo veían más huraño que nunca, con una energía oscura y peligrosa que advertía a cualquiera que no se cruzara en su camino.

Pero en cuanto el sol se hundía tras los picos nevados, Alaric cruzaba el umbral de los aposentos ducales y el monstruo dejaba paso al protector.

Isolde estaba recostada entre las pieles de la gran cama, con un camisón de seda color perla que Alaric le había traído personalmente de los cofres del antiguo señor de la fortaleza. El dolor de sus músculos había empezado a ceder, reemplazado por un hormigueo cálido cada vez que escuchaba las botas de su esposo acercarse por el pasillo.

La puerta se abrió y entró él. Venía cubierto de una fina capa de nieve en los hombros y el olor a acero frío impregnado en su piel. Se quitó el jubón de cuero y la espada, dejándolos caer con un estruendo metálico que en otro tiempo la habría asustado, pero que ahora le sonaba a seguridad.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Alaric, acercándose a la cama. Su voz era un rugido bajo, ronco por haber gritado órdenes todo el día en el patio.

—Mejor —respondió Isolde, estirando una mano pequeña hacia él—. Pero me aburro, Alaric. Quiero salir de esta cama.

Alaric se sentó al borde del colchón, hundiendo la madera con su peso masivo. La miró con esos ojos café que ahora, en la intimidad, no ocultaban nada. Le acarició la frente con sus dedos callosos, recorriendo la curva de su rostro con una lentitud que le cortaba la respiración.

—El doctor dijo una semana, y será una semana —sentenció él, con esa terquedad que lo caracterizaba—. No voy a permitir que te pase nada por tu impaciencia.

Se levantó y trajo una bandeja con caldo caliente y pan recién horneado. Isolde intentó tomar la cuchara, pero él se la quitó suavemente de las manos.

—Yo lo haré —dijo Alaric.

Isolde lo miró, asombrada. Ver a ese gigante de casi dos metros, el hombre que acababa de masacrar a media guardia real en el Paso de los Lamentos, alimentándola con la delicadeza de una madre, era la imagen más poderosa que había visto en su vida. Sus manos enormes sostenían la pequeña cuchara con una precisión que desmentía su fuerza bruta.

—Eres un hombre lleno de sorpresas —susurró ella, después de tomar un sorbo.

—Soy un hombre que cuida lo que es suyo —respondió él, sin apartar la vista de los labios de ella.

Cuando terminó de alimentarla, Alaric la levantó en vilo, envolviéndola en su capa de piel de oso, y la llevó hacia el gran ventanal que daba al valle. La sentó sobre sus rodillas, rodeándola con sus brazos de acero como si fuera una muñeca de cristal. Desde allí, Isolde pudo ver las luces de las hogueras en el patio y el brillo de las armas.

—Están cerca, ¿verdad? —preguntó ella, refiriéndose a las tropas de Valerius.

—Sus exploradores fueron vistos hoy en la base de la montaña —dijo Alaric, su mandíbula tensándose bajo la barba—. Valerius viene con sed de sangre. Cree que por ser muchos, podrá tomar esta roca. No sabe que aquí no solo pelea el acero, sino el hambre de libertad de un pueblo que ya no tiene miedo.

—¿Ganaremos?

Alaric le besó la sien, su respiración cálida contra su piel.

—Mientras yo respire, nadie volverá a ponerte una mano encima ni a obligarte a bajar la cabeza, Isolde. Esta fortaleza no caerá.

De pronto, un golpe seco en la puerta interrumpió la paz.

—¡Duque! —era la voz de Cédric, urgente y cargada de tensión.

Alaric suspiró, una expresión de fastidio cruzando su cara de malo. Dejó a Isolde con cuidado sobre el diván del ventanal y fue a abrir.

—Habla —ordenó Alaric.

—Han capturado a uno de nuestros mensajeros —dijo Cédric, entrando con el rostro pálido—. Pero no lo mataron. Valerius lo envió de vuelta con un mensaje. Dice que si le entregas a la Duquesa antes del amanecer, perdonará la vida de todos en la fortaleza. De lo contrario... —hizo una pausa— ...dice que usará tu propia espada para grabarle su nombre en la piel a ella.

El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier grito. Alaric no se movió, pero Isolde vio cómo sus músculos se tensaban hasta el límite, sus manos cerrándose en puños que parecían capaces de triturar la piedra. Una furia gélida, pura y absoluta, emanó de él.

—Dile a los hombres que se preparen —dijo Alaric con una voz que no era humana, era el sonido del juicio final—. No esperaremos al amanecer. Si Valerius quiere a mi esposa, tendrá que venir a buscarla al infierno que yo mismo voy a construirle esta noche.

Se giró hacia Isolde. Sus ojos café ya no tenían ternura; eran dos carbones encendidos de odio asesino. Caminó hacia ella, se inclinó y la besó con una brutalidad posesiva que sabía a despedida y a promesa de sangre.

—Quédate aquí. No abras a nadie que no sea Cédric —susurró contra sus labios—. Voy a terminar con esto de una vez por todas.

Salió de la habitación, su figura masiva llenando el pasillo, gritando órdenes que hacían vibrar los cimientos de la fortaleza. El Carnicero había regresado a la luz, y esta vez, no dejaría a nadie con vida.

1
Helizahira Cohen
voy a empezar esta, lei tu primera novela entre Mareas muy bonita
Nelida Fuenteseca
Bastante caprichosita!!!
b zamitiz
🙂
Alexandra Ortiz Posada
Buen comienzo, gracias por compartir tu talento, bendiciones
mailyn rodriguez
Hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi. gracias.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play