En la penumbra donde los demás temen mirar, él tejió su reino de silencio y veneno.
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Capítulo 15
La finca de la Casa Varyn, situada en las colinas que dominaban el sector norte de Vesperia, era un monumento a la arrogancia de la vieja sangre. Columnas de mármol blanco, ahora teñidas de un tono ceniciento por el tiempo y el hollín de la ciudad, se alzaban como costillas de un gigante muerto. El aire aquí era más puro que en los túneles del refugio, pero para Atraeus, olía a algo mucho más pútrido: hipocresía.
El gran salón de banquetes estaba a rebosar. Cientos de velas de cera de abeja goteaban sobre candelabros de oro, iluminando las joyas de las damas y las empuñaduras grabadas de los caballeros. Era la noche del pre-compromiso, el evento donde se firmarían los protocolos iniciales antes de la boda oficial entre Lady Elara Varyn y Valerius Kaelen.
Atraeus caminaba por el salón con la elegancia de una pantera entre ovejas. Vestía un jubón de seda negra con bordados en hilo de plata que representaban constelaciones olvidadas. A su lado, Thera era una visión de peligro vestida de esmeralda. El vestido, de seda líquida, tenía un escote vertiginoso y una abertura en la falda que revelaba, con cada paso, una liga de cuero donde se ocultaba una daga de cristal.
A pesar de la intensidad de la noche anterior, ambos mantenían una distancia profesional. Eran dos depredadores cazando en el mismo territorio, unidos por una cadena de desconfianza que se tensaba con cada mirada.
—Mira a Lord Voran —susurró Thera, apenas moviendo los labios mientras aceptaba una copa de vino de un sirviente—. Parece un pavo real que acaba de heredar el corral. Está convencido de que este pacto con los Varyn borrará sus deudas con el Gremio de Mercaderes.
Atraeus localizó a Voran al otro lado del salón. El hombre reía con fuerza, rodeado de cortesanos menores.
—Voran es un hombre que construye castillos sobre arena —respondió Atraeus, su voz era un murmullo bajo y melódico—. Cree que el matrimonio es un tratado de paz. No entiende que, en esta corte, un matrimonio es simplemente una forma de meter al enemigo en tu propia cama para poder degollarlo mientras duerme.
—¿Es eso lo que soy para ti, Atraeus? —preguntó Thera, sus ojos verdes clavándose en los de él con un desafío gélido—. ¿El enemigo en tu cama?
Atraeus se detuvo y la miró fijamente. Por un segundo, el bullicio de la fiesta desapareció.
—Eres la única pieza del tablero que no puedo predecir, Thera. Y eso te hace mucho más peligrosa que un enemigo.
Se separaron siguiendo el plan. Thera se dirigió hacia el grupo de damas de honor de Lady Elara, mientras Atraeus buscaba a la figura central de la noche: Lord Varyn, el patriarca de la casa, un hombre cuya piel parecía pergamino estirado sobre un cráneo de hierro.
Varyn estaba en un rincón apartado, conferenciando con el Gran Justicia Kaelen. Al ver acercarse a Atraeus, ambos hombres guardaron silencio. La presencia de Atraeus en la corte era siempre un recordatorio incómodo de que el poder real no siempre llevaba una corona visible.
—Lord Atraeus —dijo Varyn con una inclinación de cabeza apenas perceptible—. No esperaba que honrara esta modesta reunión con su presencia. Sus intereses suelen ser... más oscuros.
—Los tiempos oscuros requieren hombres que no teman a la sombra, Lord Varyn —respondió Atraeus con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. He venido a presenciar la unión de dos grandes linajes. Aunque me pregunto si el contrato ha tenido en cuenta las... complicaciones de última hora en las rutas del norte.
Varyn frunció el ceño.
—¿Rutas del norte? Eso no tiene nada que ver con la dote de mi hija.
—Oh, no me refería a la dote —Atraeus dio un paso más hacia el círculo íntimo de los nobles, bajando la voz—. Me refería a los rumores de que cierta propiedad en las montañas, un monasterio bajo el patronazgo de los Varyn, ha recibido visitas frecuentes de un mensajero que lleva el sello personal de Lady Elara. Es curioso que una joven a punto de casarse tenga tantos asuntos espirituales que atender en un lugar tan... aislado.
El rostro de Varyn se volvió de un color grisáceo. El Gran Justicia Kaelen, un hombre de leyes rígidas y moral aún más estrecha, miró a su futuro consuegro con sospecha inmediata.
—¿De qué está hablando este hombre, Varyn? —preguntó Kaelen.
—De nada, tonterías de espías —siseó Varyn, pero sus manos temblaban.
Atraeus se inclinó hacia Varyn, susurrando al oído del anciano con una suavidad letal.
—Si el contrato se firma esta noche, la verdad sobre el bastardo de Elara se convertirá en un asunto de estado. Si se cancela silenciosamente por "motivos de salud", el secreto morirá conmigo. Usted decide, Milord. ¿Prefiere un laberinto de pactos rotos o un cadalso de deshonor público?
Atraeus se retiró antes de recibir una respuesta, dejando el veneno actuar. Sabía que Varyn no podía arriesgarse. La Casa Varyn vivía de su reputación de pureza; el descubrimiento de un hijo ilegítimo no solo arruinaría a Elara, sino que invalidaría todos los tratados comerciales vinculados a su linaje.
Buscó a Thera con la mirada y la encontró cerca de las escaleras que daban a los jardines colgantes. Ella le hizo una señal imperceptible. Había logrado algo.
Atraeus la siguió hacia la oscuridad de los jardines, donde el aroma de los jazmines nocturnos y la humedad de las fuentes creaban una atmósfera pesada y sensual. Thera lo esperaba en un rincón oculto por una pared de hiedra densa.
—He hablado con Elara —dijo ella en cuanto él se acercó—. La chica está aterrorizada. Voran la ha estado presionando para que firme una cláusula adicional que cede los derechos mineros de su familia a su hijo Valerius apenas se consume el matrimonio. Es una trampa de deuda, Atraeus. Si se casan, los Varyn quedarán en la ruina en menos de un año.
—Lo sé —Atraeus se acercó a ella, atrapándola contra el muro de piedra fría—. Y acabo de darle a su padre la salida que necesitaba. El contrato no se firmará. Varyn inventará una excusa, Kaelen se sentirá insultado y la alianza entre Voran y Varyn estallará antes del amanecer.