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Reina Oculta

Reina Oculta

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Maltrato Emocional / Enfermizo / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Richter era ceniza

Dentro de la cabaña, el calor de los cuerpos del alfa y el omega contrastaba con el frío metálico de las armas que descansaban en la mesa de noche. Ethan despertó antes que el sol, pero no se movió. Estaba atrapado bajo el brazo pesado de Lantz, sintiendo el latido de la marca en su cuello. La herida, ahora cerrada pero de un rojo intenso, pulsaba con cada latido de su corazón.

De repente, un estruendo sacudió los cimientos de la cabaña. Una carga explosiva había volado la puerta trasera.

-¡Lantz!- El grito de Ethan no fue de miedo, sino una alerta de combate.

Lantz reaccionó en un segundo, alcanzando su pistola, pero Ethan fue más rápido. El detective se lanzó sobre su equipo táctico con una agilidad que desafiaba su estado de cansancio. En su mente no había dudas, no había leyes... solo existía la necesidad de proteger el pecho donde había dormido toda la noche.

Martin irrumpió en la sala principal en su silla de ruedas modificada, seguido por Cecil y tres mercenarios. El humo de las granadas llenaba el aire.

-¡Richter, apártate de él!- Gritó el veterano, apuntando su rifle hacia la silueta del mafioso en la penumbra.

Ethan se interpuso en la línea de fuego. Su cuerpo desnudo, cubierto solo por las vendas de sus muñecas y la marca sangrienta en su cuello, servía de escudo humano. Su mirada no era la de un rehén rescatado, era la de un perro rabioso defendiendo su territorio.

-Vete, Martin.- Su voz era gélida, desprovista de cualquier rastro de la amistad que alguna vez los unió -No te lo volveré a decir. Si disparas contra él, te mataré yo mismo.-

-¡Mírate, por Dios!- Sollozó Cecil desde la puerta, viendo las marcas y la degradación en la piel de su amigo -¡Te tiene como a un animal! ¡Ari cree que estás muerto!-

-Ari no sabe quién soy.- Respondió, dando un paso al frente mientras el mafioso, detrás de él, sonreía con una malicia triunfal -Solo él lo sabe. Solo él me cuida.-

Martin, con el corazón roto por la traición, apretó el gatillo. La bala rozó el hombro de Ethan, pero el detective no retrocedió. Respondió al fuego con una precisión aterradora, hiriendo a uno de los mercenarios en la garganta. La cabaña se convirtió en un campo de batalla de gritos y disparos.

Lantz aprovechó la distracción para activar el sistema de autodestrucción de la cabaña. Sabía que esta vida en el valle se había acabado.

-¡Ethan, conmigo!- Ordenó.

El omega no dudó. Corrió hacia su dueño, cubriendo su retirada. Mientras salían por un túnel oculto bajo la chimenea, Ethan lanzó una granada de humo hacia sus antiguos amigos. Martin intentó seguirlo, pero los escombros de la cabaña, que empezaba a arder, bloquearon el camino.

-¡Ethan!- Fue el último grito que escucharon de Martin antes de que la cabaña explotara en una bola de fuego naranja y negra.

Para el mundo exterior, para la policía y para Martin, Lantz Schwarz y Ethan Richter habían muerto en ese incendio. Pero en la oscuridad del túnel, Lantz sostenía a un Ethan jadeante y tembloroso.

-Lo hiciste bien, mi buen chico.- susurró Lantz, besando la frente sudada del detective -Ahora el mundo ya no existe para nosotros. Solo quedamos tú y yo.-

Un mes después de la explosión, el escenario había cambiado radicalmente. Ya no había pinos ni nieve, sino palmeras y el sonido constante del mar. El mafioso había trasladado al omega a una isla privada, una fortaleza de lujo donde la única ley era su palabra.

En esta nueva etapa, la reprogramación de Ethan entró en su fase más oscura. Lantz decidió que, para evitar cualquier futuro recuerdo de su vida como detective, Ethan debía perder el control sobre sus funciones más básicas.

El omega estaba sentado en el suelo de una habitación inmensa frente al mar. Estaba completamente desnudo, salvo por un collar de cuero fino que Lantz le obligaba a usar. Sus ojos estaban fijos en la puerta del baño, esperando.

-Lantz... por favor...- Suplicó, apretando las piernas.

Lantz entró en la habitación vistiendo un traje de lino blanco, fresco y elegante. Se sentó en un sillón y comenzó a leer un informe, ignorando deliberadamente el malestar de Ethan.

-¿Qué se dice?- Preguntó el mafioso sin levantar la vista.

Ethan se arrastró de rodillas hasta los pies de Lantz, apoyando la frente en sus zapatos caros.

-Amo... permiso para usar el baño... por favor. Me duele.-

Lantz lo dejó esperar cinco minutos más, disfrutando de los sollozos bajos y la desesperación del hombre que alguna vez lideró redadas policiales. Finalmente, el alfa le acarició el cabello con una suavidad insultante.

-Ve. Tienes tres minutos. Si tardas más, dormirás encadenado al poste de la cama otra vez.-

Ethan corrió hacia el baño, sintiendo la humillación quemándole las entrañas, pero al mismo tiempo, una gratitud enferma hacia Lantz por permitírselo. El control era total: el alfa decidía cuándo comía, cuándo dormía y cuándo podía aliviar sus necesidades físicas.-

Al salir del baño, Ethan volvió a su posición a los pies de Lantz. El mafioso dejó el informe y se desabrochó el pantalón.

-Has sido un chico muy paciente hoy.- Agarró a su prisionero por el cuello del collar -Ven aquí. Enséñame cuánto me has extrañado mientras leía.-

La sesión de sexo que siguió fue una exhibición de poder absoluto. El alfa lo penetró mientras Ethan estaba en el suelo, con la cara aplastada contra el piso frío. No hubo preparación previa. Lantz quería que el hombre sintiera la invasión de forma cruda, como un recordatorio de quién era el dueño de ese cuerpo.

-¿De quién es esta carne?- Rugía,  golpeando los glúteos de Ethan con la mano abierta, dejando marcas rojas que contrastaban con la piel bronceada por el sol de la isla.

-¡Tuya! ¡Es tuya, Lantz!- Gritaba, arqueándose hacia atrás, buscando más profundidad, más dolor, más de ese sentimiento de pertenencia que ahora era su única identidad.

Lantz lo giró y lo obligó a mirarse en el ventanal que daba al océano. Ethan veía su propio reflejo: un hombre marcado, con un collar de perro, siendo poseído con una furia animal frente a un paraíso desierto. El contraste era brutal. Lantz lo asfixiaba con una mano mientras con la otra le estimulaba el pene, llevándolo a un clímax donde Ethan perdió el sentido de la realidad.

Al terminar, Lantz lo bañó en una tina exterior, bajo las estrellas. Lo lavó como a una propiedad valiosa, curando los pequeños roces y besando la marca de su cuello que ahora era una cicatriz plateada y permanente.

-Aquí nadie te encontrará.- Susurró Lantz mientras lo envolvía en una bata -Aquí no eres un detective. No eres un esposo. Eres mi Ethan. Y solo haces lo que yo te permito hacer. ¿Entendido?-

-Entendido, amo.- Respondió, quedándose dormido en sus brazos, totalmente entregado a la esclavitud más dulce y amarga que un hombre pudiera conocer.

Ari caminaba por el parque donde solía pasear con Ethan. Llevaba un vestido negro, pero no por luto, sino por estilo. Se había mudado a un departamento más pequeño y su carrera como antropóloga estaba en su mejor momento.

-¿Todo bien, Ari?- Preguntó su nuevo acompañante, un profesor de historia.

-Sí- Respondió ella, mirando hacia el horizonte -Solo... a veces siento que Ethan nunca existió. Es extraño cómo el silencio puede borrar a una persona.-

Ella no sabía que, en una isla lejana, el hombre que una vez fue su marido estaba rogando permiso para comer un trozo de fruta de la mano de un monstruo. Para el mundo, el detective Richter era ceniza. Para Lantz, era el tesoro que finalmente había aprendido a no tener voluntad propia.

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pryz
Hola, me gusta la historia, muy complacida con el trabajo, soy sincera no me gustaría que el detective quedara con el mafioso, porque no es un amor que surgió es algo obligado pero es tu historia y sabras como la llevas y además es muy buena te lleva al limite de los nervios, gracias por tu trabajo
Skay P.: ¡Si cariñito!
total 3 replies
Yandisita
una historia fuerte muy pesada pero me encantó
Skay P.: ¡Gracias Chikis! En mi perfil encontré nuevas historias 😘🤞
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Majo Osinaga
🤣👏👏 no es lo que siempre leo pero me gusto 👏👏
Skay P.: ¡Gracias! En mi perfil hay más historias interesantes 😄😘🤞
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Obdulia Contreras
Otra historia de posesión, dominación y destrucción. Noooo
Skay P.: ¡Es que me paso de maldad!
Pero tengo otras historias bonitas😅🤞
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Maru19 Sevilla
No me gustó que lo destruyó y que trajeron a la vida a otro loco😱😱😱😱
Skay P.: Prometo que "Burbuja de miel y eucalipto" es lo que nos sana el corazón😘♡
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Maru19 Sevilla
Que malos policías Martin y Cecil nunca pudieron acabar con el maldito Alfa
Maru19 Sevilla
La verdad me tiene muy muy decepcionada Etan, ningún rastro de supervivencia
Maru19 Sevilla
Ojalá que maten al policía es un pobre despojo
Maru19 Sevilla
Puros malditos /Puke/
Maru19 Sevilla
Uta madre !!
Maru19 Sevilla
Maldito loco
Maru19 Sevilla
Madres!!!😱
Maru19 Sevilla
Mendigos traicioneros😱
Maru19 Sevilla
Será una historia de Alfas?
Yudiela Arboleda
esta novela está entre el diablo que ama y me perteneces
Skay P.: ¡Espero que te guste, Chikis! No te olvides de visitar "Amanecer y Violetas"🫰♡⚘️
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