NovelToon NovelToon
Enemigos

Enemigos

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Posesivo / Amor-odio
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: juliana scotella

Siempre hubo odio entre ellos. Desde el primer momento, las miradas estaban cargadas de desprecio, las palabras eran cuchillos y las peleas, inevitables. Eran enemigos por naturaleza… o eso creían.
Pero todo cambia cuando él descubre un secreto que nunca debió salir a la luz.
A partir de ese instante, la tensión deja de ser solo odio. Las emociones se vuelven confusas, peligrosas, irresistibles. Lo que antes era rechazo empieza a transformarse en algo mucho más intenso… algo que ninguno de los dos sabe cómo controlar.
¿Es posible que entre enemigos nazca el amor?
¿O todo es solo una ilusión provocada por lo que ahora los une?
En un mundo donde los instintos pueden más que la razón, cruzar esa línea podría cambiarlo todo… para siempre.

NovelToon tiene autorización de juliana scotella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21: Es nuestro

—Nuestro... —repetí.

La palabra tembló en mis labios.

Pero esta vez no fue por miedo.

Fue por felicidad.

Por incredulidad.

Por esa sensación abrumadora de que, quizá, después de tanta tormenta, algo bueno finalmente estaba naciendo.

Mis dedos se aferraron a la tela de su camisa mientras una sonrisa, pequeña pero real, se abría paso en mi rostro.

—Es nuestro.

Miré hacia abajo, hacia mi vientre, y una risa suave escapó de mí.

—La unión de los dos.

Nunca unas palabras habían significado tanto.

Nunca habían sonado tan perfectas.

Irán sonrió.

Una sonrisa genuina, de esas que rara vez mostraba al resto del mundo.

—Sí, cariño.

Su mano acarició mi abdomen con una delicadeza que me robó el aliento.

—Es de los dos, creado por nuestra unión.

...Dante (pensamiento)...

Nuestro hijo.

Nuestra familia.

La idea todavía parecía irreal.

Pero ya no aterradora.

Ahora era hermosa.

Antes de que pudiera decir algo más, Irán me levantó en sus brazos con una facilidad insultante.

Solté un pequeño grito, aferrándome instintivamente a sus hombros.

—¡Irán!

Él soltó una risa baja.

Ese sonido cálido que siempre conseguía desarmarme.

—Vamos.

Acomodó mejor mi cuerpo contra el suyo.

Como si sostenerme fuera lo más natural del mundo.

—Necesitas descansar y comer algo después de lo que acabas de pasar.

Lo miré, fingiendo indignación.

—Puedo caminar solo.

—Lo sé.

Ni siquiera intentó bajarme.

—Pero prefiero cargarte.

...Dante (pensamiento)...

Y definitivamente no voy a quejarme por eso.

Apoyé la cabeza contra su pecho.

Escuché el latido firme de su corazón.

Constante.

Seguro.

Por primera vez en días, mi propio corazón comenzó a acompasarse con el suyo.

—Irán...

Él bajó la mirada hacia mí.

—¿Sí?

Sonreí.

Una sonrisa cargada de todo lo que todavía no sabía cómo decir.

—Me alegra que seas tú.

Sus pasos se detuvieron.

Por un instante, simplemente me miró.

Como si acabara de entregarle algo invaluable.

Luego besó mi frente con infinita ternura.

—Y a mí me alegra que seas tú.

Retomó la marcha.

Sus brazos eran firmes.

Su calor, reconfortante.

Y mientras me llevaba hacia mi habitación, con una mano descansando protectora sobre mi vientre, comprendí algo.

Tal vez el futuro seguiría siendo complicado.

Tal vez aún nos esperaban guerras, decisiones difíciles y heridas por sanar.

Pero ya no tenía que enfrentarlo solo.

Ahora éramos tres.

Y, por primera vez, eso no me asustaba en absoluto.

Ese día no me separé de él.

Ni un solo momento.

Permanecí aferrado a Irán como si, al soltarlo, todo pudiera desaparecer.

Como si aquello, nosotros, nuestro hijo, este pequeño instante de paz, pudiera desvanecerse en cualquier segundo.

Y, sinceramente, después de lo que había pasado, no estaba dispuesto a correr ese riesgo.

Quizá era por el miedo que todavía seguía instalado en mi pecho.

Por la forma en que el toque de su padre había despertado un terror nuevo, primitivo, absolutamente visceral.

O quizá era porque lo había extrañado mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Probablemente ambas.

Irán no dijo nada al respecto.

No hizo bromas.

No se quejó.

Simplemente me dejó quedarme.

Me sostuvo como si entendiera exactamente lo que necesitaba.

Y, maldita sea, lo entendía.

Comimos juntos en la cama.

Él insistió en que terminara hasta el último bocado, como si de repente se hubiera convertido en mi guardaespaldas, mi pareja y mi nutricionista personal.

No estaba seguro de cómo sentirme al respecto.

Aunque, siendo honesto, me gustaba más de lo que debería.

Después vimos una película.

O, al menos, él la vio.

Yo pasé la mayor parte del tiempo acurrucado contra su pecho, escuchando los latidos tranquilos de su corazón y jugando distraídamente con sus dedos.

Era ridículamente reconfortante.

...Dante (pensamiento)...

Esto.

Esto era lo que había estado necesitando.

No la guerra.

No las discusiones.

No el orgullo.

Solo esto.

Su calor.

Su aroma.

Sus brazos rodeándome como si fueran el lugar más seguro del mundo.

Y, por primera vez en mucho tiempo, lo eran.

Mis párpados comenzaron a pesar.

El cansancio acumulado finalmente reclamando su lugar.

Irán acomodó una manta sobre nosotros y besó mi cabello.

Un gesto tan simple.

Tan íntimo.

Tan devastadoramente perfecto.

—Duerme, cariño \=murmuró.

Sonreí contra su pecho.

—No te muevas.

Sentí su risa vibrar bajo mi mejilla.

—No pensaba hacerlo.

Cerré los ojos.

Mi mano buscó la suya y la guié hasta mi vientre.

Su palma descansó allí, cálida y protectora.

Una promesa silenciosa.

Una que ambos entendimos sin necesidad de palabras.

...Dante (pensamiento)...

Te extrañé.

Los extrañé.

El sueño me envolvió lentamente.

Pero antes de quedarme dormido por completo, una última certeza se acomodó en mi corazón.

Lo necesitaba.

A él.

A nosotros.

A esta familia que recién comenzaba a formarse.

Y por primera vez, permití que esa necesidad no me pareciera una debilidad.

Sino un hogar.

Por un momento, todo lo demás dejó de existir.

La guerra.

Los territorios.

Las alianzas rotas.

La sangre derramada entre nuestras familias.

Incluso la distancia que durante tanto tiempo se había interpuesto entre nosotros.

Nada de eso importaba cuando estaba entre sus brazos.

Solo quedábamos él, yo... y nuestro pequeño.

La vida que crecía dentro de mí.

Nuestra.

Dormí mejor de lo que lo había hecho en semanas.

Tal vez meses.

Sin pesadillas.

Sin sobresaltos.

Sin ese miedo constante apretándome el pecho.

Cuando abrí los ojos, la habitación estaba bañada por la suave luz de la mañana.

Y su aroma seguía allí.

Impregnándolo todo.

Las sábanas.

La almohada.

Mi piel.

Como si incluso ausente continuara protegiéndome.

Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.

Llevé una mano a mi vientre.

El gesto ya se había convertido en costumbre.

En instinto.

En amor.

Pero entonces noté el vacío a mi lado.

La cama estaba tibia, aunque él ya no estaba.

Fruncí ligeramente el ceño.

Eso era extraño.

Una punzada de inquietud me recorrió el cuerpo.

Hasta que vi el papel doblado sobre la almohada.

Lo tomé con manos todavía adormecido y leí su letra.

"Descansa, amor. Voy a encargarme de algo. Vuelvo enseguida. Nadie volverá a hacer daño ni a ti ni a nuestro pequeño."

Mi corazón dio un vuelco.

Y no precisamente de la manera agradable.

...Dante (pensamiento)...

Irán... ¿qué hiciste?

Lo conocía demasiado bien.

Ese tipo de promesas nunca significaban nada sencillo.

Nunca terminaban con una conversación amistosa y una taza de té.

No.

Generalmente implicaban amenazas.

O cuchillos.

A veces ambas cosas.

Suspiré, frotándome el rostro.

Una parte de mí se sintió profundamente conmovida.

La otra quería estrangularlo apenas regresara.

—Romántico y preocupante.

Una combinación muy suya.

Aun así, apreté la carta contra mi pecho.

No pude evitar sonreír.

Porque, a su manera, estaba cuidándonos.

Protegiéndonos.

Y eso significaba más de lo que podría expresar.

...Dante (pensamiento)...

Ya no estoy solo.

Ya no estamos solos.

Pero la preocupación seguía allí.

Persistente.

Molesta.

Como una piedra en el zapato.

—Será mejor que vuelvas entero \=murmuré al aire.

Acaricié suavemente mi vientre.

—Tu padre tiene un talento especial para meterme en problemas incluso cuando no está presente.

Y, aunque intenté sonar exasperado, la sonrisa no abandonó mis labios.

1
ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
hermoso
Yandisita
pon fotos de los protagonistas
Yandisita
Dante esta embarazado yupi
Juli: Quizás si, quizá no, ya veremos 🤔
total 1 replies
Yandisita
me encanta simplemente fenomenal
Yandisita
increíble historia me atrapó más capítulos por favor no dejes de escribir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play