Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capitulo 7
El amanecer llegó… pero no trajo calma.
Carolina apenas había dormido. El recuerdo de la noche anterior seguía fresco en su mente, como una marca imposible de borrar. Aun así, se levantó, se arregló y asistió a la universidad como si nada hubiera pasado.
Las clases transcurrieron lentas, pesadas.
Pero como siempre no estaba sola.
Esmeralda no se separó de ella en todo el día.
—Hoy es el día —dijo Esmeralda mientras salían del aula.
Carolina asintió en silencio.
El chófer de los Rossi ya las esperaba fuera del campus. El vehículo negro, elegante, destacaba entre el resto.
—Esto ya se siente demasiado real —murmuró Esmeralda.
Carolina no respondió.
Ambas subieron al auto.
El trayecto fue silencioso, cargado de pensamientos.
Al llegar a la residencia Rossi, el ama de llaves les abrió la puerta como la vez anterior.
—Bienvenidas.
Dalia apareció casi de inmediato.
—Carolina, querida —saludó con una sonrisa cálida—. Qué gusto verte.
Sus ojos se posaron en Esmeralda.
—Y tú debes ser su amiga.
Carolina asintió.
—Sí, ella es Esmeralda Cruz.
—Mucho gusto —dijo Esmeralda, con una sonrisa educada pero curiosa.
—El gusto es mío —respondió Dalia—. Pasen, por favor.
El ambiente era más relajado que la vez anterior.
No había tensión evidente… pero Carolina no lograba sentirse cómoda.
Se sentaron en la sala, y Dalia fue directa pero amable.
—La fiesta de compromiso será en tres días.
Carolina sintió cómo su corazón daba un pequeño vuelco.
—Será algo íntimo —continuó—. Solo familia y personas cercanas. Nada ostentoso.
Esmeralda intercambió una mirada rápida con Carolina.
—Creo que es lo mejor —respondió Carolina.
—Yo me encargaré de todo —añadió Dalia—. Decoración, catering, invitados… quiero que sea un momento especial.
Carolina asintió.
—Gracias.
—Pero necesito tu opinión en algunos detalles —dijo Dalia, mostrándole unas carpetas.
Durante las siguientes horas, revisaron opciones.
Colores suaves.
Flores elegantes.
Un ambiente cálido… casi como si se tratara de una celebración real.
Y eso… era lo que más desconcertaba a Carolina.
Porque nada de eso era real.
O al menos… no para ella.
Esmeralda participó, opinó, incluso logró arrancarle pequeñas sonrisas a Carolina.
Por un momento…
Todo pareció normal.
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Esa noche…
Carolina jugaba con su tenedor, pensativa.
—¿Ocurre algo? —preguntó Rodolfo.
Ella levantó la mirada.
—La fiesta de compromiso será en tres días.
El silencio cayó.
Emely dejó de comer.
—¿Tan pronto?
Carolina asintió.
—Será en casa de los Rossi. Algo íntimo.
Rodolfo asintió lentamente.
—Es lo mejor.
Pero Emely no parecía convencida.
—Hermana… —dijo con cuidado—. No te cases.
Carolina levantó la mirada.
—Emely…
—Ya lo vi —continuó—. Esa gente… te ve como una moneda de cambio.
El aire se tensó.
Rodolfo bajó la mirada avergonzado.
Carolina respiró hondo.
—No te preocupes.
Emely la miró.
—Claro que me preocupo.
Carolina forzó una sonrisa.
—Me casaré porque lo decidí.
La mentira salió suave.
Perfecta.
Pero le dolió.
Emely no respondió.
Pero en sus ojos… había dudas.
Y tristeza.
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Los días siguientes…
El tiempo no se detuvo.
Pero tampoco avanzó con normalidad.
Fueron tres días…
Extraños.
Pesados.
Carolina intentó concentrarse en la universidad, en su rutina… pero todo parecía distante.
Como si su vida ya no le perteneciera.
Esmeralda estuvo a su lado en todo momento.
A veces hablaban.
A veces solo se quedaban en silencio.
Pero siempre juntas.
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Mientras tanto…
Benjamín se sumergió en el trabajo.
Reuniones.
Proyectos.
Decisiones.
Todo con una intensidad mayor a la habitual.
Como si intentara ignorar lo inevitable.
Pero no podía.
Porque cada vez que se detenía…
Ella aparecía en su mente.
Su mirada.
Su carácter.
Y esos besos…
Que no lograba sacar de su cabeza.
—Concéntrate —se repetía.
Pero no era suficiente.
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En casa de los Rossi, los preparativos avanzaban con precisión.
Macarena miraba cada detalle… con una expresión crítica.
—Esto es demasiado simple —comentó.
—Es íntimo, no simple —respondió Dalia.
—Para un compromiso Rossi… debería ser más.
—No todo tiene que ser espectáculo.
Macarena rodó los ojos.
—Como digas.
Pero en el fondo…
No estaba satisfecha.
Kendra también estaba involucrada, asegurándose de que la imagen del evento fuera impecable.
—Será perfecto —dijo con una sonrisa profesional.
Pero sus pensamientos… iban por otro lado.
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El tercer día llegó más rápido de lo que Carolina hubiera querido.
El sol comenzaba a caer.
El aire tenía una quietud extraña.
Carolina se miraba al espejo.
El vestido elegido descansaba sobre la cama.
Su reflejo…
Parecía el de otra persona.
No la estudiante.
No la hija.
Sino…
La prometida.
—Es solo un paso más… —susurró.
Pero no lo sentía así.
Se sentía como una sentencia.
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En otra parte de la ciudad…
Benjamín ajustaba su corbata frente al espejo.
Su expresión era fría.
Controlada.
Pero sus ojos…
Revelaban algo más.
—Es solo un acuerdo —murmuró.
Pero no lo parecía.
No después de lo ocurrido.
No después de ella.
Y así…
Ambos se preparaban.
En lugares distintos.
Con pensamientos distintos.
Pero con una misma sensación.
Como si caminaran…
Directo hacia algo inevitable.
Como si cada paso los acercara…
No a una celebración.
Sino…
A un matadero emocional.
Sin posibilidad de escapar.
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El cuarto estaba en calma, iluminado por una luz cálida que suavizaba cada rincón. Carolina permanecía sentada frente al espejo, mientras Esmeralda se movía a su alrededor con concentración y delicadeza.
—Confía en mí —murmuró, tomando una brocha.
Carolina observó su reflejo, nerviosa.
—Eso intento…
Esmeralda comenzó con el maquillaje, aplicando tonos suaves que resaltaban sus facciones sin exagerar. Un toque de brillo en los ojos, labios en un tono natural… suficiente para hacerla ver radiante sin dejar de ser ella.
—Listo —dijo, dando un paso atrás—. Ahora el cabello.
Con cuidado, tomó algunos mechones y los recogió hacia atrás, dejando caer el resto en ondas suaves sobre sus hombros.
—Algo elegante… pero sin perder tu esencia.
Carolina se miró en el espejo.
No parecía la misma.
—Esme…
—Aún falta —interrumpió, sonriendo.
Le entregó el vestido.
Un verde esmeralda profundo, con mangas delicadas que caían con elegancia, ajustado lo suficiente para marcar su figura sin perder la sofisticación.
Carolina dudó un segundo… pero se lo puso.
Cuando salió, Esmeralda la miró en silencio.
—Wow…
Carolina tragó saliva, mientras de miraba al espejo.
—¿Es demasiado?
Esmeralda negó lentamente.
—No… es perfecto.
Se acercó y acomodó un mechón rebelde.
—Ahora sí… estás lista.
Carolina volvió a mirarse.
Y por primera vez…
No vio a alguien que iba a perderlo todo.
Sino a alguien que estaba a punto de enfrentarlo.
y tu benjamín tienes 28 años y actúas como niño de 15 años ..
parace que no puedes agarrar el toro sobre los cuernos y decirle a Carolina que te gusta ..
que infantiles son los dos ...
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia