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En Esta Vida No Te Amaré

En Esta Vida No Te Amaré

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Timetravel / Viaje En El Tiempo / Omegaverse / ABO / Reencarnación / Completas
Popularitas:374
Nilai: 5
nombre de autor: biely

Murió amando a quien nunca lo amó.

Noar Wil, el joven omega más brillante del Reino de Solaria, lo apostó todo por un amor que resultó ser una trampa cuidadosamente tejida por las manos del hombre al que idolatraba. Años de humillación, traición y dolor terminaron en el silencio de un cuarto vacío — su corazón demasiado roto para seguir latiendo.

Pero entonces algo imposible ocurre.

Noar despierta diez años atrás, con todos sus recuerdos intactos, en la noche en que su historia con Léo estaba a punto de comenzar. Esta vez, sin embargo, conoce el precio de ese amor.

Esta vez, elige diferente.

En lugar de seguir los pasos que lo llevaron a la destrucción, acepta el compromiso que siempre rechazó: casarse con Maximiliano Ferom, el temido Archiduque del Extremo Norte. Un hombre de hierro y silencio, cuyas feromonas huelen a nieve pura y cuyas palabras pesan como sentencias. Un hombre que, desde el primer momento en que sostiene a Noar en sus brazos, hace una promesa que no tiene intención de romper.

Estás a salvo. Y nadie te hará daño mientras estés conmigo.

Lo que Noar esperaba era solo un matrimonio de conveniencia — posición, protección, distancia del pasado. Lo que no esperaba era que ese hombre frío pudiera derretirse tan despacio, tan profundamente, tan irrevocablemente.

Y no esperaba que su propio corazón, tan convencido de que nunca más amería, fuera precisamente el primero en traicionarlo.

NovelToon tiene autorización de biely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tendrás mis hijos

La noche fría seguía silenciosa en el campamento.

Los soldados de Max permanecían en alerta absoluta, dispersos por el perímetro, atentos a cualquier señal extraña. Aun así, nada quebrantaba la tranquilidad más allá del sonido distante de los grillos, que llenaba la oscuridad con su canto constante.

Dentro de la tienda, el mundo era otro.

Noar dormía tranquilo, recostado contra el pecho del alfa, envuelto por el calor firme y protector de Max. La respiración de ambos seguía un ritmo casi sincronizado, como si sus cuerpos hubieran aprendido, instintivamente, a coexistir en ese espacio.

Hasta que llegó el sueño.

A mitad de la noche, Noar fue arrancado de la paz y lanzado de regreso a la vida pasada.

Al dolor.

A la oscuridad.

Su pequeño cuerpo comenzó a temblar, primero de forma sutil, luego más intensa. Los ojos se apretaron con fuerza, lágrimas deslizándose silenciosas por las sienes. La respiración se volvió corta, irregular.

Entonces Noar empezó a debatirse entre los brazos de Max, como si intentara huir de algo invisible.

— No… por favor… no me dejes solo… — la voz salió débil, temblorosa, quebrada por el llanto.

— N-no… no…

Max despertó de inmediato.

El cuerpo de Noar se agitaba en pánico, las lágrimas manchaban su rostro, palabras inconexas escapaban mientras aún dormía. Sin dudar, Max sujetó sus manos con firmeza, pero con extremo cuidado.

— Calma… — murmuró, acercándolo aún más. — No estás solo. Estoy contigo, pequeño.

Con la otra mano, comenzó a darle palmaditas suaves en la espalda, a un ritmo constante.

— No llores… es solo un sueño… — repitió, la voz baja, casi un encantamiento. — Solo un sueño.

Max dejó que sus feromonas se esparcieran de forma controlada, envolviendo a Noar como un velo protector. No había intención de dominar, solo de anclarlo a la realidad.

Poco a poco, el olor familiar del alfa comenzó a atravesar la pesadilla.

Noar regresaba, lentamente.

Las imágenes aún ardían en su mente: la pérdida del bebé todavía en su vientre, el cuarto oscuro donde lo habían encerrado, la soledad aplastante, el sabor amargo del remedio que Léo le forzaba a tomar. Los sirvientes sujetándole los brazos para que no pudiera resistir. El dolor. La humillación.

Todo parecía demasiado real.

Un sollozo escapó cuando finalmente despertó de verdad.

El primer sentimiento fue el olor conocido.

El segundo, el calor de un abrazo firme.

El tercero, la presencia inconfundible de su alfa.

Max se dio cuenta en el mismo instante en que Noar había despertado. Con cuidado, limpió las lágrimas que aún corrían por su rostro.

— Todo está bien — dijo, mirándolo directamente. — Estoy contigo.

Las palabras sonaron como un juramento silencioso.

Noar respiró hondo, intentando anclarse en ese momento. Sus ojos claros, aún llenos de lágrimas, encontraron la mirada seria —y sorprendentemente gentil— de Max.

Hubo un instante de vacilación. Entonces, la pregunta que ardía en su pecho escapó, frágil, urgente:

— Alfa… t-tú… ¿me dejarás tener tus hijos…?

La voz salió temblorosa, entre sollozos. Las lágrimas volvieron a formarse, silenciosas.

Qué frágil, pensó Max, sintiendo que algo se le cerraba en el pecho.

Sujetó el mentón de Noar con delicadeza, levantando levemente su rostro para poder verlo bien.

— Podrás tener todos los hijos de mi linaje — respondió, serio. — Serán tuyos.

— Los cuidaré y te amaré a ti… y a todos los que lleves dentro.

No era una promesa vacía.

Era un juramento.

Al escuchar esas palabras, algo dentro de Noar finalmente se rompió —no de dolor, sino de alivio. Se lanzó contra el pecho de Max, abrazándolo con fuerza.

— Quiero tener muchos hijos… — murmuró, la voz baja, mientras acariciaba su propio vientre aún plano.

Max acompañó el gesto, sintiendo una punzada extraña en el pecho. No era miedo. Era algo más profundo.

— Los tendrás — dijo con convicción. — Tus días estarán llenos de risas. Correrás detrás de ellos por los pasillos del palacio del Norte.

Noar levantó el rostro, una sonrisa inocente y luminosa surgiendo entre las lágrimas.

— Seré feliz corriéndoles detrás…

Max sonrió también, algo raro y verdadero.

Esa noche, Noar volvió a dormir en paz.

Feliz por las palabras de Max.

Por la certeza de que, si en la vida pasada le habían robado el derecho de ser padre, en esta tendría hijos que conocer, proteger y amar.

Max no era Léo.

En esta vida, Noar era el compañero de Maximiliano Ferom, el Archiduque del Extremo Norte. Un vínculo jurado. Un lazo que ni el tiempo osaría romper.

Mientras Noar dormía, Max acariciaba su rostro con el pulgar, atento a cada respiración.

— Quién fue lo suficientemente cruel para quitarte el derecho de engendrar un hijo… — murmuró, más para la noche que para sí mismo.

Se inclinó, susurrando junto al oído del omega:

— Tendrás mis hijos.

Aun dormido, Noar pareció escuchar.

Una pequeña sonrisa satisfecha surgió en sus labios —llena de esperanza, amor y la promesa de un futuro que todavía no existía, pero que, por primera vez, parecía real.

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