🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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el bosque de los susurros
El sol apenas comenzaba a elevarse sobre las montañas cuando Valeria Andrade y sus compañeros abandonaron el Santuario Lunar.
La aparición de Ariana había cambiado el rumbo de su misión. Ya no se trataba únicamente de impedir que Lucian Thorne reclamara el poder de la Luna de Sangre.
Ahora debían encontrar los tres sellos de Selene antes del eclipse.
El primero se ocultaba en el Bosque de los Susurros.
El nombre por sí solo bastaba para despertar inquietud.
Según Sebastián Blackwood, era un lugar donde los pensamientos cobraban voz y las emociones más profundas podían transformarse en ilusiones capaces de desviar incluso al guerrero más fuerte.
—El bosque no ataca el cuerpo —explicó mientras descendían por un sendero cubierto de niebla—. Ataca el corazón.
Mateo Cruz soltó un suspiro exagerado.
—Perfecto. Mi corazón ya estaba suficientemente complicado.
Sofía Reyes sonrió.
—Con suerte el bosque te obligará a madurar.
La broma alivió por un instante la tensión, pero Valeria apenas escuchó. Caminaba junto a Adrián Blackwood con la mente ocupada en las palabras de Ariana.
Poder, sacrificio y amor.
Tres pruebas.
Tres sellos.
Y una decisión final que aún no comprendía.
Adrián percibió su inquietud y entrelazó sus dedos con los de ella.
—¿En qué piensas?
—En todo lo que podría salir mal.
El alfa le dedicó una mirada tranquila.
—Entonces piensa también en todo lo que ya has superado.
Valeria sonrió tenuemente.
Había encontrado un mundo oculto, descubierto la verdad sobre su linaje, despertado a la loba blanca y sellado un vínculo sagrado con el hombre al que amaba.
Y, aun así, el camino apenas comenzaba.
Dos días después, el paisaje cambió.
Los árboles se volvieron más altos y retorcidos. La luz del sol apenas lograba atravesar el espeso follaje. Un murmullo constante flotaba entre las ramas, como si cientos de voces susurraran secretos en una lengua antigua.
El grupo se detuvo al borde del bosque.
Valeria sintió un escalofrío.
—Ya puedo escucharlo.
Sebastián asintió.
—Recuerda: no todo lo que veas será real.
Mateo ajustó la espada a su espalda.
—Odio los lugares que empiezan con advertencias.
Sofía le dio una palmada en el hombro.
—Entonces intenta no hablar contigo mismo.
Avanzaron entre árboles cubiertos de musgo plateado.
A cada paso, los susurros aumentaban.
Al principio eran ininteligibles.
Luego comenzaron a formar palabras.
Valeria escuchó la voz de su madre.
—Valeria…
Se detuvo abruptamente.
Adrián apretó su mano.
—No te separes de mí.
Ella asintió, aunque la emoción le cerraba la garganta.
El sendero se bifurcó en tres direcciones.
Sebastián observó el entorno con el ceño fruncido.
—Esto no estaba aquí la última vez.
Una figura apareció entre la niebla.
Era Lucía Andrade.
Su rostro irradiaba ternura.
—Hija, ven conmigo.
Las lágrimas acudieron a los ojos de Valeria.
—Mamá.
Adrián dio un paso al frente.
—No es real.
Pero la figura parecía tan auténtica que Valeria sintió el impulso de correr hacia ella.
Lucía extendió los brazos.
—Solo quiero abrazarte una vez más.
Valeria tembló.
Durante toda su vida había deseado ese momento.
Sin embargo, recordó las palabras de Sebastián.
El bosque ataca el corazón.
Cerró los ojos y tocó el colgante de luna.
—Mi madre vive en mí. No necesito perseguir una sombra.
Cuando abrió los ojos, la figura se desvaneció como humo.
El bosque emitió un murmullo profundo, casi satisfecho.
El sendero central comenzó a brillar.
—Elegiste correctamente —dijo Sebastián.
Continuaron avanzando hasta llegar a un claro circular.
En el centro crecía un árbol gigantesco de corteza blanca y hojas plateadas. Suspendido entre sus raíces flotaba un cristal en forma de hoja.
El primer sello.
Valeria dio un paso al frente.
Pero antes de alcanzarlo, una sombra surgió del tronco.
Tomó la forma de Valeria Andrade, aunque con ojos oscuros y una expresión fría.
—No mereces este poder —dijo la sombra.
Valeria sintió cómo el miedo se agitaba dentro de ella.
—¿Quién eres?
—Todo aquello que temes convertirte.
La sombra avanzó.
—Tienes miedo de no ser suficiente. De perder a Adrián. De destruir a quienes amas.
Cada palabra golpeó una herida real.
Valeria apretó los puños.
—Sí. Tengo miedo.
La sombra sonrió.
—Entonces entrégame el sello y terminará tu sufrimiento.
Adrián intentó acercarse, pero una barrera de raíces lo detuvo.
—¡Valeria!
Ella respiró profundamente.
Durante años había intentado ocultar sus inseguridades.
Pero ya no podía seguir huyendo de sí misma.
Levantó la mirada y enfrentó a su reflejo oscuro.
—El miedo no me define.
La marca de su cuello brilló.
—Lo que me define es la decisión de seguir adelante.
La luz plateada brotó de su cuerpo.
La sombra retrocedió y se disolvió en miles de chispas.
El cristal descendió suavemente hasta quedar en las manos de Valeria.
El primer sello de Selene había sido reclamado.
La hoja de cristal se fundió con su colgante, que resplandeció con mayor intensidad.
Las raíces se apartaron y Adrián pudo llegar hasta ella.
La abrazó con orgullo.
—Superaste tu primera prueba.
Valeria apoyó la frente en su pecho.
—Porque aprendí que no necesito ser perfecta para ser fuerte.
Sebastián observó el colgante con respeto.
—El sello del Bosque representa el poder sobre uno mismo.
Sofía sonrió.
—Y eso merece una celebración.
Mateo levantó una ceja.
—¿Una celebración silenciosa, considerando que seguimos en un bosque encantado?
Todos rieron, y la tensión disminuyó.
Sin embargo, mientras abandonaban el claro, Valeria sintió una nueva vibración en el colgante.
Una visión fugaz cruzó su mente.
Aguas cristalinas reflejando la luna.
Un lago inmóvil como un espejo.
Y una voz susurrando:
—La verdad duerme bajo la superficie.
Valeria se detuvo.
—Ya sé adónde vamos.
Adrián la miró con intensidad.
—Al Lago Espejo.
Ella asintió.
El segundo sello los esperaba.
Y con él, nuevas verdades capaces de cambiarlo todo.