Mei es una chica a la que le encantan las novelas de época antigua. La cuál reencarna en la novela, la flor negra; como la exesposa del villano. Ella creía saber el final de esa historia, pero se dará cuenta que no todo final está escrito.
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Capítulo 5: La gala
El día de la gala finalmente había llegado.
Desde temprano, la mansión ducal se encontraba más agitada de lo normal. Sirvientas entrando y saliendo de las habitaciones, vestidos siendo preparados y órdenes escuchándose por los pasillos hacían que el ambiente se sintiera agitado.
Aurelia llevaba toda la mañana entre lecciones de etiqueta y preparativos para el evento.
—Mantenga la espalda recta, duquesa —corrigió la instructora mientras caminaba lentamente alrededor de ella—. Una gala no es solo una reunión de nobles. Es un lugar donde todos observan y juzgan.
Aurelia soltó un leve suspiro, aunque volvió a corregir la postura sin discutir.
Los últimos días habían sido exactamente así.
Lecciones interminables, normas de etiqueta y recordatorios constantes sobre la gala a la que asistirían esa noche.
La instructora la observó unos segundos antes de hablar nuevamente.
—Ha mejorado bastante.
Aurelia levantó ligeramente la vista.
—¿Eso significa que dejará de corregirme?
—No —respondió la mujer con calma—. Significa que ahora puedo ser más estricta.
El silencio llenó el salón por unos segundos.
—La nobleza ya tiene una imagen de usted, duquesa —continuó la instructora—. Lo que ocurra esta noche solo decidirá si esa imagen empeora… o cambia.
Aurelia guardó silencio.
Después de todo, la verdadera Aurelia no era precisamente alguien querida entre los nobles.
Las sirvientas terminaron de acomodar los últimos detalles del vestido.
Beatriz dio un paso atrás al verla.
—Duquesa… se ve hermosa.
—¿Eso crees? — sonrió Aurelia
Beatriz le devolvió la sonrisa con dulzura.
—Sin duda, duquesa.
Antes de que Aurelia pudiera responder, unos suaves golpes resonaron en la puerta.
Beatriz levantó ligeramente la mirada.
—Duquesa, el duque ya la está esperando.
Aurelia guardó silencio unos segundos antes de levantarse lentamente de la silla.
El vestido cayó con elegancia alrededor de sus piernas mientras caminaba hacia la salida de la habitación.
Las sirvientas se apartaron rápidamente para dejarle el camino libre.
Apenas salió al gran salón de la mansión, su mirada se encontró con la de Damián.
Él ya estaba listo para partir.
Vestido completamente de negro, con una postura impecable y una expresión tan fría como siempre, Damián parecía dominar el lugar incluso permaneciendo en silencio.
Por un instante, sus ojos recorrieron a Aurelia de arriba abajo.
El ambiente se volvió extrañamente tenso.
Beatriz bajó ligeramente la cabeza, incómoda por el silencio entre ambos.
Damián apartó la mirada primero.
—Llegaremos tarde —dijo con calma.
Aurelia sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Entonces no deberíamos seguir perdiendo tiempo.
Damián no respondió.
Simplemente comenzó a caminar hacia la salida de la mansión.
Aurelia lo siguió poco después.
El carruaje ya los esperaba afuera.
Durante el trayecto, el silencio entre ambos fue casi absoluto.
Aurelia observaba discretamente el exterior desde la ventana del carruaje mientras las luces de la capital iluminaban las calles.
La gala se celebraría en una de las mansiones más importantes del imperio.
Un lugar lleno de nobles, rumores y personas que seguramente ya tenían una opinión negativa sobre ella.
Pensarlo era agotador.
El carruaje finalmente se detuvo.
Uno de los sirvientes abrió la puerta inmediatamente.
Aurelia bajó primero.
Apenas levantó la vista, pudo ver la enorme mansión iluminada frente a ella.
Música, luces y carruajes rodeaban la entrada principal mientras decenas de nobles conversaban entre sí.
—Duque Damián Viremont y la duquesa Aurelia Voss.
Las puertas se abrieron lentamente.
Y por un instante, las conversaciones dentro del salón parecieron disminuir.
Muchas miradas se dirigieron hacia ellos.
Aurelia pudo escuchar algunos murmullos entre la multitud.
—Es la duquesa…
—Pensé que no asistiría.
—Escuché que estuvo semanas inconsciente…
Aurelia mantuvo la compostura, aunque podía sentir el peso de todas esas miradas sobre ella.
Damián permanecía a su lado en completo silencio.
Como si estuviera acostumbrado a ese tipo de ambiente.
Aurelia desvió ligeramente la mirada por el enorme salón.
Y entonces la vio.
Una joven de cabello claro rodeada por varios nobles.
Su sonrisa era suave, brillante… casi demasiado perfecta.
Lyra.