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Obsesión por la Niñera

Obsesión por la Niñera

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Mafia / Niñero / Romance de oficina / Completas
Popularitas:106
Nilai: 5
nombre de autor: Cintia _Escritora

Clara es una joven valiente que, tras la muerte de su padre y frente a las dificultades económicas de su familia, ve en un trabajo como niñera la oportunidad de cambiar la vida de todos. Es contratada para cuidar de Pedro, un niño pequeño y frágil, en la lujosa e imponente mansión de Enrico, un hombre rico, autoritario y enigmático.

Al principio, Enrico impresiona a Clara con su mirada intensa, sus reglas estrictas y su actitud distante, transmitiendo poder y control en cada gesto. Pero, a medida que Clara se acerca a Pedro, ganándose su confianza y demostrando dedicación y cariño, surge una tensión silenciosa entre ella y Enrico. Entre enfrentamientos y momentos de vulnerabilidad, nace la semilla de un sentimiento inesperado, delicado y peligroso, pues Enrico es tan intenso como misterioso.

NovelToon tiene autorización de Cintia _Escritora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Enrico conducía tranquilamente por la carretera, cantando bajito las canciones que sonaban en la radio.

Ya Pedro... estaba hipnotizado, viendo su dibujo favorito en la pantalla que está en la parte de atrás, del asiento delantero.

Yo... yo observaba todo... el paisaje... y a mis compañeros de viaje.

El viaje duró cerca de 2 horas, pero confieso que fue agradable y tranquilo. Pedro se animó con los animales que veía a lo largo de la carretera. Enrico cantó algunas canciones infantiles mientras yo ayudaba y Pedro aplaudía animado.

Finalmente llegamos a la ciudad destino, y vimos un mundo bien familiar. Cruzamos la ciudad, entramos por una callejuela y finalmente puedo avistar a lo lejos el enorme Resort.

Así que el coche pasa por el portón veo el enorme letrero en dorado "Capella", y yo siento el aire cambiar. Es como si el mundo entero se hubiese quedado del lado de afuera.

Las calles ruidosas, las prisas… todo desaparece.

Lo que entra por mis ojos ahora es otro mundo.

El coche se desliza por un camino rodeado de árboles altísimos y flores que ni siquiera sé el nombre. Hay un perfume en el aire, algo entre jazmín y promesa. Y, por un segundo, tengo la sensación de estar en una película.

Mis dedos aprietan el tejido del uniforme. Intento parecer tranquila, pero por dentro estoy en éxtasis. Pedro, en mi colo, mira por la ventana encantado y dice bajito:

- Clala… casa gande.

Y yo sonrío, con la voz presa en la garganta.

- Sí, mi amor. Demasiado grande.

El coche para delante de la entrada principal. Un hombre abre la puerta con una sonrisa tan impecable que casi pido disculpas por existir. Otro toma las maletas y hace una leve reverencia... ¡una reverencia! Como si yo fuese alguien importante y famoso.

- Vamos. Dice Sr. Enrico.

Seguimos hasta la enorme puerta de entrada.

El suelo de mármol brilla tanto que refleja nuestros pasos. Y el techo… ¡Dios mío, el techo! Es alto, con lámparas que parecen gotear oro. La recepción huele a flores frescas y aire acondicionado helado en la medida justa, de esos que te recuerdan que el lujo también tiene temperatura.

Miro a mi alrededor y siento el cuerpo trabarse. Todo es silencioso, limpio, demasiado bonito. Hasta las personas hablan bajo, con ese tono educado que parece coreografía.

Y yo, en medio de todo esto, me siento una nota equivocada en una sinfonía perfecta.

Nos aproximamos al mostrador.

- ¡Sean bienvenidos! Dice la chica sonriente del otro lado del mostrador.

- Gracias.

- ¿Tienen reserva?

- Sí.

- Por favor, infórmeme el número.

Enrico mira en el celular.

- 20513/25.

La chica digita en el ordenador, pero luego su semblante cambia.

- Eh... Sr. Enrico, desafortunadamente tuvimos un problema con nuestros sistemas. Y algunas reservas se perdieron.

- ¿Qué significa eso?

- La habitación 206 acabó siendo reservada para otro huésped. Entonces tenemos solo la 205 que ya estaba en su reserva.

- Solo una habitación. Dice él visiblemente incómodo.

- Lo siento mucho, Sr. Pero la habitación con la cama individual, no está más disponible.

- Ok. Entonces deme otra habitación.

Ella respira hondo.

- Por cuenta de los eventos que están ocurriendo aquí, estamos llenos. No tenemos habitación disponible.

- ¿Qué? ¿Y cómo haremos?

- Puedo pedir que coloquen una cama individual.

- ¿Y yo pagaré por dos habitaciones?

- No, Sr. Y como cortesía, le daremos todas las principales comidas por cuenta del Resort.

- ¿Y la suite presidencial?

Ella digita en el ordenador.

- Sí, está disponible.

- Cierto. Voy a quedarme con la suite presidencial.

La chica sonríe.

- ¿Podemos colocar la cama individual?

- Sí.

- Les pido que aguarden un momento mientras el equipo prepara la habitación. ¿Aceptan un té o café? Nuestro famoso té de rosas es delicioso.

- No. Gracias dice él.

Estoy al lado de Enrico, él parece haber nacido aquí. Postura impecable, expresión calma, el reloj caro brillando cuando él firma algo en la recepción. Él habla con la atendente, de forma natural, firme, pero bonito de oír.

Pedro sujeta mi mano con fuerza.

- Clala, áua.

Él apunta para una fuente enorme en medio del salón, y después me tira. En la fuente el agua danza en círculos suaves, reflejando las luces doradas.

- Sí, mi amor. A - GUA. Hablo pausadamente, casi deletreando para él aprender la pronunciación.

Mirando todo a mi alrededor sé que en el fondo, nunca vi nada tan bonito e… inútil. Pero bonito.

La atendente entrega las llaves a Enrico y nos desea una buena estadía con una sonrisa ensayada.

Yo solo consigo pensar que estoy con los zapatos equivocados. Mis sandalias de tiras simples parecen pedir disculpas al piso de mármol.

Enrico me llama con un gesto corto.

- Vamos, Clara.

- Sí, señor.

Mi voz sale fina, contenida, como si el aire caro del lugar no me dejase respirar derecho.

Seguimos por un corredor enorme, con ventanas de vidrio que revelan un río, tan lindo que refleja el cielo como un espejo.

Yo paro por un segundo, no consigo evitarlo. El paisaje es surreal.

El sol se esparce sobre el agua y el viento balancea las cortinas blancas que dividen el interior del exterior, el lujo de la naturaleza.

Por un instante, olvido quién soy, de dónde vine, y qué estoy haciendo allí.

Siento algo diferente… una mezcla de miedo y deslumbramiento.

Como si hubiese atravesado un portal y, si no tengo cuidado, alguien va a percibir que yo no pertenezco a ese mundo.

Pedro, riendo, tira de mi mano y dice:

- Clala, nadar

Y yo río junto, intentando disimular el nudo en la garganta.

- Es mucha agua Pedrinho.

Enrico mira hacia atrás, observándome. La mirada firme y correctiva.

- ¡Pedrooo! Yo digo y le doy una sonrisa forzada a él...

A veces siento como si él me estudiase, intentando entender lo que se pasa dentro de mí, ese espanto que ni yo sé esconder.

Camino al lado de él con el corazón acelerado, intentando actuar con naturalidad en un escenario que parece pintado a mano.

Cada paso hace eco en mi cabeza como si dijese:

Tú no perteneces aquí.

Pero, aun así, continúo andando.

De cabeza erguida, con Pedro sonriendo y el pecho apretado por dentro, entre el miedo y la fascinación.

Porque, en el fondo, yo sé: nada va a ser igual después de ver lo que vi hoy.

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