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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:27.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: Fuego matutino y el camino al trono

El sol de la mañana se filtraba con timidez entre los pesados cortinajes, iluminando las sábanas revueltas de la gran cama ducal. Alissa abrió los ojos lentamente, sintiendo el cuerpo perezoso y un calor reconfortante que la envolvía. Al girarse, se topó de frente con Cédric. El duque ya estaba despierto, apoyado sobre un codo, observándola en absoluto silencio. Sus ojos azules, usualmente gélidos, estaban oscuros, cargados de una fijeza intensa, casi salvaje; la miraba con un hambre voraz, como si la noche anterior no hubiera sido suficiente para saciar el deseo que le quemaba el pecho.

Alissa sintió un leve rubor en sus mejillas ante la intensidad de esa mirada de depredador.

—¿Estás bien? —preguntó Cédric, su voz un eco ronco y bajo que resonó en la intimidad del cuarto.

—Sí... —respondió ella en un susurro, esbozando una pequeña sonrisa tímida—. No me duele nada.

Cédric entornó los ojos y una sonrisa ladeada, peligrosa y cargada de una sensualidad oscura, apareció en sus labios.

—No debiste decir eso, Alissa —sentenció con voz áspera.

Antes de que ella pudiera procesar sus palabras, Cédric se abalanzó sobre ella, atrapando sus labios en un beso cargado de una pasión indomable, adictiva y posesiva. Esta vez, el general de hierro desterró por completo la extrema delicadeza de la primera noche; el deseo contenido por semanas estalló con una fuerza abrumadora.

Cédric la tomó de las muñecas, subiéndolas por encima de su cabeza y sujetándolas contra el colchón con una sola de sus grandes manos, demostrando el control absoluto que tenía sobre la situación. Con la otra mano, recorrió su cuerpo con brusquedad y urgencia, encendiendo cada centímetro de su piel. Se inclinó hacia su oído, rozando sus labios contra el lóbulo de Alissa, y le susurró con un tono dominante que le erizó la piel:

—Ayer fui paciente porque era tu primera vez, Alissa... Ayer fue solo la prueba. Pero ahora que sé que estás bien, te juro que te haré gritar mi nombre hasta que te quedes sin aliento. Hoy te comeré entera.

El juego cambió por completo. Cédric se movió sobre ella con una intensidad salvaje, devorando su boca con besos hambrientos mientras se liberaba de las mantas. Cuando entró en ella, lo hizo con una fuerza posesiva y un ritmo implacable, firme y demandante, que arrachó los primeros gemidos altos del pecho de Alissa. Ella, atrapada en esa vorágine de sensaciones ardientes, arqueó la espalda, entregándose por completo al dominio de su esposo. Sus manos, libres del agarre, buscaron desesperadamente la espalda de Cédric, aferrándose a sus hombros caóticos mientras el duque la llevaba al límite del placer una y otra vez, reclamando cada rincón de su cuerpo como su territorio absoluto en una entrega febril que pareció detener el tiempo.

Tres horas más tarde, las pesadas puertas coloniales del gran salón del Ducado se abrieron. Cédric y Alissa bajaron las escaleras de piedra. El duque lucía impecable en su uniforme de gala negro y azul, aunque sus ojos mantenían un brillo de satisfacción evidente. Alissa, vestida con un elegante traje de viaje verde esmeralda, caminaba a su lado con paso un tanto lento y rígido.

Abajo, apoyado contra una de las columnas con los brazos cruzados, el príncipe Christopher los esperaba. En cuanto los vio aparecer, una enorme sonrisa burlona y cargada de malicia se dibujó en su rostro.

—¡Vaya, vaya! Pero miren quiénes decidieron honrarnos con su augusta presencia —exclamó Christopher, mirando su reloj de bolsillo antes de clavar la vista en Cédric—. Tres horas de retraso, general. Empezaba a pensar que la nieve los había sepultado vivos en la cama... aunque veo que el único calor aquí fue el tuyo.

Cédric se tensó, fulminándolo con una mirada que habría matado a cualquier soldado común.

—Cállate, Christopher. No tientes a mi paciencia antes del viaje —gruñó el duque con voz severa, aunque el príncipe solo soltó una carcajada.

—¡Oh, por favor! No te enojes, Cédric, que te salen más arrugas de las que ya tienes por viejo —siguió molestando el heredero, disfrutando como siempre de hacer perder la compostura a su amigo—. Aunque debo admitir que el aire del norte hace milagros... tienes mejor humor que de costumbre.

Antes de que Cédric respondiera, Christopher desvió la mirada hacia Alissa, analizando su andar pausado. El príncipe soltó una risita cómplice, guiñándole un ojo sin ningún pudor.

—Y a ti, mi querida duquesa... parece que el terreno del palacio te ha dejado un poco adolorida. ¿Tuviste que marchar en el patio de armas o por qué caminas como si hubieras cabalgado un dragón imperial toda la noche?

Alissa sintió que la cara le ardía como el fuego de la chimenea y bajó la mirada, completamente avergonzada por las burlas del príncipe. Cédric dio un paso al frente, interponiendo su enorme cuerpo entre Christopher y su esposa, con la mano firmemente apoyada en la empuñadura de su espada.

—Un comentario más, Christopher, y te haré regresar a la capital a pie detrás de los carruajes —sentenció el duque con una frialdad letal.

—Está bien, está bien, ya me callo. No aguantan nada —bromeó el príncipe, levantando las manos en señal de rendición. Luego, recuperando un poco la seriedad, señaló hacia el patio—. Ya está todo el equipaje listo. Los carruajes imperiales y la escolta de Sir Galahad esperan.

En ese momento, el pequeño Theo entró corriendo al salón, vistiendo una hermosa capa de pieles y sosteniendo con orgullo su pequeño bolso de viaje.

—¡Ya estoy listo! —anunció el niño con los ojos brillantes de emoción.

Alissa miró a Cédric y luego al niño. Habían decidido firmemente que Theo viajaría con ellos a la capital; bajo ninguna circunstancia lo dejarían solo en el norte sabiendo que Elene andaba suelta con jueces corruptos. El lugar del heredero estaba al lado de sus padres.

Theo era el más feliz de todos. Saltaba de la emoción en su sitio.

—¡Voy a ver a mi tío el Emperador! Hace muchos meses que no lo veo. ¿Creen que me deje ver las armaduras de la guardia real otra vez? —preguntaba el niño, tirando de la capa de Cédric.

Mientras caminaban hacia el carruaje principal, Alissa sintió que los nervios comenzaban a apoderarse de su estómago. El alivio de la mañana se transformó en una opresión en el pecho. Nunca en su vida había pisado el Palacio Imperial de la capital, y mucho menos había estado frente al hombre más poderoso de todo el continente: el Emperador. No tenía idea de cómo comportarse, qué protocolo exacto usar o qué decir para no arruinar la posición de su familia en una audiencia tan crucial.

Christopher, al notar el repentino silencio y la palidez en el rostro de su amiga, se acomodó a su lado justo antes de subir al carruaje. Su tono burlón desapareció por completo, reemplazado por la calidez sincera de un buen amigo.

—Oye, tranquila, Alissa —le dijo el príncipe en voz baja, dándole un suave apretón en el hombro—. Mi padre no es un monstruo. De hecho, cuando lo conozcas, te darás cuenta de que es exactamente igual a mí: guapo, carismático y con un gusto impecable.

Alissa soltó una pequeña risita nerviosa ante el ego del príncipe, lo que alivió un poco la tensión de sus hombros.

—Solo hay una regla de oro con él, Alissa —continuó Christopher, mirándola con seriedad—. Mi padre solo exige una cosa por encima de toda la política: respeto. Especialmente respeto para mi madre, la Emperatriz. Si muestras la misma dignidad, firmeza y educación que tuviste con las víboras en el té de beneficencia, te aseguro que se ganará tu respeto en cinco minutos. Él sabe perfectamente quién es Elene y no se dejará engañar por sus documentos baratos si nosotros presentamos un frente unido.

Cédric subió al carruaje tras ellos, extendiendo su mano para ayudar a Alissa a sentarse a su lado. La tomó de la mano, entrelazando sus dedos con firmeza para transmitirle toda la seguridad del norte.

—Estamos juntos en esto, Alissa —le recordó el duque, mirándola con los mismos ojos intensos de la mañana—. Eres la Duquesa de Valerius. El Imperio tendrá que escucharte.

Con las puertas del carruaje cerradas y los caballos iniciando la marcha sobre la nieve, el viaje hacia el Palacio Imperial comenzó oficialmente. La guerra legal contra Elene los esperaba en la capital, pero esta vez, el fuego entre el duque y la duquesa estaba más vivo que nunca.

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Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
Maria Garrido
el papá de ella no se supo nunca de él.
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