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Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Lucía era una joven campesina traicionada por su prometido y su propia hermana, que la envenenaron para robarle todo. Pero el destino le da una segunda oportunidad: ¡despierta 5 años en el pasado! Esta vez no será la chica ingenua de las gallinas. Se infiltra como limpiadora en la empresa del multimillonario CEO Alejandro Montenegro para cobrarse venganza... sin saber que su hija genio de 5 años, la pequeña Mía, que también viajó en el tiempo, ¡se cruzará con su papá biológico en los pasillos! Ahora Lucía debe ocultar su identidad, destruir a los traidores y evitar que el CEO frío descubra que la niña inteligente y adorable que le sigue por todas partes es su heredera. ¿Podrá el amor florecer entre la limpiadora que manda en secreto y el hombre que no sabe que ya es papá?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5: Piso 45

El ascensor subió. Cuarenta pisos. Cuarenta y uno. Cuarenta y dos. Yo iba de pie en la esquina, con el uniforme azul de limpieza, los guantes de goma en la mano y el carrito con los productos de limpieza. Mi corazón latía con una fuerza que dolía.

Cuarenta y cinco. La puerta se abrió con un pitido suave.

El piso ejecutivo era otra dimensión. No las luces fluorescentes del sótano, no las paredes desconchadas, no el olor a humedad. Aquí todo era mármol, madera oscura, alfombras gruesas que amortiguaban cada paso. Las oficinas tenían paredes de cristal con vistas a toda la ciudad, y en cada escritorio había monitores gigantes, cuadros originales y jarrones con flores frescas.

Era el mundo de Alejandro Montenegro. Y yo, la chica del campo, venía a limpiarlo.

—Recuerda —me dijo la encargada, una mujer mayor llamada Martita, mientras me recorría el piso—. Las oficinas de la derecha son las de los directores. La del fondo, la más grande, es la del señor Montenegro. Esa la limpias la última, y muy rápido. A veces se queda hasta tarde trabajando. Y si lo ves... te haces a un lado, miras al suelo y no hablas. ¿Me oíste?

—Sí, señora —respondí con la cabeza baja, la buena empleada.

Martita se fue. Quedé sola en el piso más poderoso de la ciudad.

***

Empecé por las oficinas de los directores. Limpiar escritorios, vaciar papeleras, pasar el paño por las mesas. Pero no era solo limpieza. Yo tenía ojos en todas partes.

En el escritorio del director de finanzas, vi un informe abierto sobre la división de alimentos orgánicos. Lo leí en diez segundos mientras "limpiaba" la pantalla del monitor: pérdidas del quince por ciento, presión de los accionistas para vender. Lo que Alejandro había dicho en el pasillo era cierto. Estaba luchando solo contra su propio consejo.

En la oficina del director de marketing, encontré una nota adhesiva con un número de teléfono y un nombre: Vega. Lo recordé. Vega era el accionista principal que quería vender la división.

Y entonces llegué a la tercera oficina de la derecha. La placa de bronce decía:

**SR. MENDOZA — DIRECTOR DE ADQUISICIONES**

Me detuve frente a la puerta. Mi respiración se aceleró. Mendoza. El nombre que había visto en el papel arrugado del pasillo, la noche de mi entrevista. El hombre que, según mis sospechas, era el traidor interno que conspiraba con Carlos.

Entré.

Su oficina era más pequeña que las demás, pero más cargada: estanterías llenas de libros, fotos de familia en la mesa, un escritorio de madera oscura con una bandeja de documentos. Limpié con cuidado, pero mis ojos lo devoraban todo.

En la papelera, a medio ocultar bajo servilletas de café, vi un sobre blanco. Lo saqué con la punta de los guantes. Era una factura. Una factura de un bufete de abogados de la ciudad, a nombre de...

Carlos Méndez.

Mi sangre se heló. Mendoza le pagaba los abogados a Carlos. El abogado que me había enviado la amenaza de demanda por la granja. No era Carlos solo. Era Mendoza quien lo movía todo.

Guardé la factura en el bolsillo de mi uniforme. Luego limpié la papelera, dejé todo exactamente como estaba, y salí de la oficina.

Primera prueba.

***

Eran las once de la noche cuando llegué a la última puerta. La del fondo. La más grande.

**ALEJANDRO MONTENEGRO — PRESIDENTE Y CEO**

Me detuve un instante, con la mano en el picaporte. Recordé la noche de la fiesta. Recordé su voz, sus manos, su cuerpo sobre el mío. Recordé que me había ido al amanecer, sin dejar mi nombre, creyendo que nunca más lo vería.

Y ahora estaba aquí, a punto de entrar a su oficina, con un embarazo de tres meses en la panza y un plan de venganza en la cabeza.

Abrí la puerta.

La oficina era inmensa. Una pared entera de cristal con vistas a la ciudad iluminada. Un escritorio de caoba gigante. Unos sofás de cuero negro. Una biblioteca con primera ediciones. Y en el aire, un olor que reconocí al instante: madera de sándalo y un toque de tabaco. Su olor.

Me apoyé en la pared un segundo, cerrando los ojos. Respirar ese olor me trajo todo de golpe. Las sensaciones, los susurros, la forma en que me había mirado.

—No —me dije a mí misma, abriendo los ojos—. No ahora. Tienes trabajo que hacer.

Empecé a limpiar. Pasé el paño por su escritorio. Entre los papeles, vi una fotografía enmarcada: Alejandro de niño, con un hombre mayor que llevaba el mismo corte de cabello. Su padre, supuse. También vi un informe abierto —otra vez la división orgánica— y una taza de café fría.

Y entonces vi mi nombre.

En un papel, al lado del teléfono, escrito con letra de imprenta mayúscula:

**LUCÍA FERNÁNDEZ — EMPLEADA DE LIMPIEZA, TURNO NOCTURNO. INVESTIGAR.**

Me quedé paralizada.

Él me estaba investigando.

Mi mente corrió. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Me había reconocido en el restaurante? ¿Había visto el video? ¿Sabía que era la mujer de la fiesta?

Un ruido en el pasillo me hizo saltar. Pasos. Se acercaban a la oficina.

Guardé el papel en su sitio de un golpe, me agaché como si estuviera limpiando la pata del escritorio, y contuve la respiración.

La puerta se abrió.

—¿Quién está ahí? —dijo una voz. Su voz.

Me puse de pie lentamente, con la cabeza baja, como me habían enseñado.

—Soy la limpieza, señor —dije, con la voz más pequeña y sumisa que pude—. Perdone, no sabía que seguía usted aquí.

Lo vi acercarse. Sus zapatos de cuero negro, caros, impecables, se detuvieron a dos metros de mí. Yo no levantaba la vista. No podía. Si levantaba la vista, me reconocería. O peor: yo perdería el control.

—Eres nueva —dijo él. No era una pregunta.

—Sí, señor. Empecé hoy.

—¿Cómo te llamas?

Mi corazón se detuvo.

—Ana —mentí, el primer nombre que se me ocurrió—. Ana Pérez.

Un silencio. Sentía su mirada clavada en la parte superior de mi cabeza, como si pudiera atravesarme el cráneo y leer mis pensamientos.

—Levanta la vista, Ana —dijo.

No podía. Si levantaba la vista, todo se acabaría.

—No me atrevo, señor —respondí, con la voz temblorosa de la empleada asustada—. Las reglas dicen...

—A la mierda las reglas —dijo él, y su voz se había vuelto más grave, más baja—. Levanta la vista.

Lo hice. Lentamente.

Nuestras miradas se cruzaron.

Por un instante, el mundo se detuvo. Sus ojos oscuros, profundos, me miraban como si estuviera buscando algo. Como si estuviera comparando mi rostro con el recuerdo de una noche de tres meses atrás. Yo mantuve la mirada neutra, vacía, la mirada de una limpiadora que no tiene nada que ver con él.

—¿Nos hemos visto antes? —preguntó.

—No lo creo, señor —respondí, y me sorprendió lo segura que sonó mi voz—. Yo soy del pueblo. No suelo frecuentar lugares como este.

Él siguió mirándome. Segundos que se sintieron como horas. Luego, lentamente, sonrió. Una sonrisa que no llegaba a los ojos.

—Claro —dijo—. Perdona la interrupción. Sigue con tu trabajo.

Hizo un gesto con la mano y se giró hacia su escritorio. Yo recogí mis cosas lo más rápido que pude y salí de la oficina sin mirar atrás.

Cuando la puerta se cerró tras de mí, me apoyé en la pared del pasillo, jadeando.

Lo había logrado. No me había reconocido. O al menos, no lo había demostrado.

Pero dentro de la oficina, Alejandro Montenegro se quedó de pie junto a su escritorio, mirando la puerta por donde yo acababa de salir. Y en su mano, sostenía el papel con mi nombre.

—Lucía Fernández —murmuró, pasando el dedo por las letras—. Mientes. Mientes muy bien. Pero yo te reconozco. Te reconocería entre un millón.

Sonrió. Una sonrisa lenta, peligrosa.

—Juegas al escondite. Muy bien. Yo también sé jugar.

***

Bajé al sótano a guardar el carrito de limpieza. Saqué la factura de Mendoza del bolsillo y la guardé en el sujetador, donde nadie la encontraría.

Primera prueba. Y muchas más por venir.

Mañana volvería. Cada noche. Escucharía. Recopilaría. Esperaría el momento justo.

Lo que no sabía es que, a partir de esa noche, yo ya no era la cazadora.

Era la cazada.

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nezhan
Hola, Rosemary, muchas gracias por leer con tanto detenimiento y por tus excelentes preguntas. 💛

Sofía es mi hija de mi vida anterior. Cuando renací, ella ya estaba conmigo: una niña de cinco años que me dio la fuerza para empezar de nuevo. Su existencia es parte de mi pasado, de todo lo que perdí y de todo lo que decidí recuperar. No apareció de la nada; siempre estuvo ahí, siendo mi mayor motivación desde antes del primer capítulo.

En cuanto a la gallina Clara, es un elemento simbólico que dejé intencionalmente sin explicación detallada. Representa la protección de mis raíces, el espíritu de mi madre y el alma de la finca El Rosal. Es mi guardiana, y como tal, no necesita origen lógico: solo necesita ser sentida.
nezhan
Hola, Jessica, gracias por tu comentario. 🐔💛

Has comprendido perfectamente el espíritu de la historia. Los animales son, en efecto, nuestros guardianes silenciosos. La gallina Clara es la más especial de todos: su aparición y su mensaje en sueños representan la protección invisible que rodea a Lucía. Es la voz de su madre, la esencia de la tierra y el corazón de El Rosal velando por ella.

Me llena de alegría que logres percibir estos detalles. Tu sensibilidad hace que esta historia cobre aún más vida. ✨
Rosemary Hernandez
de dónde salió esa primera hija?
Jessica Flores
los animalitos son guardianes 🥰,y la gallina clara es su guardiana
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