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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:204
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Yo no lo decidí

El campamento improvisado, ahora con dos grupos completamente distintos compartiendo el mismo fuego, se sentía más como una tregua incómoda que como una verdadera alianza. Los hombres de Larss mantenían su formación disciplinada de siempre; los pocos motociclistas que habían sobrevivido al ataque de la guardia real se agrupaban aparte, observando a todos con la misma desconfianza que el mundo les había enseñado a tener.

Lucila se sentó lejos del fuego principal, afilando una daga que no necesitaba afilado, más por costumbre nerviosa que por necesidad real.

—¿Piensas quedarte ahí toda la noche? —le preguntó Isolde, acercándose con la misma calidez que ya empezaba a ser su forma natural de tratar a cualquiera nuevo en el grupo.

—Prefiero mantener distancia de gente que me mira como si fuera un problema por resolver.

—Nadie te mira así.

—Tu amiga Kate sí. —Lucila no levantó la vista de la daga—. Desde el momento en que me vio, decidió exactamente qué tipo de persona soy. No necesita conocerme para eso.

Isolde se sentó de todos modos, sin pedir permiso.

—Kate perdió a su hermana protegiendo a su pueblo. Cualquier cosa que le suene a "sobrevivir sin importar el costo de los demás" le toca una fibra que no puede controlar del todo.

Eso pareció sorprender a Lucila, aunque intentó no demostrarlo.

—No sabía eso.

—No lo sabe casi nadie. —Isolde se encogió de hombros—. Pero pensé que valía la pena que lo supieras, antes de decidir que te odia sin razón.

La confrontación que todos parecían esperar llegó esa misma noche, cuando Lucila, buscando algo de comer, terminó tropezando directamente con Kate en el perímetro del campamento.

—¿Vigilando, o buscando razones para desconfiar de mí más de lo que ya lo haces? —preguntó Lucila, sin ningún tacto.

—Las dos cosas, honestamente.

Al menos era honesta. Eso Lucila lo agradeció, a su manera.

—Dime qué es exactamente lo que te molesta de mí. Prefiero eso a las miradas silenciosas.

Kate se cruzó de brazos, evaluando cuánto valía la pena decir en voz alta.

—Me molesta que peleas por dinero. Que robas a gente que quizás no puede permitirse perder lo poco que tiene. Que tu lealtad, hasta donde he visto, se compra y se vende según convenga.

—¿Y qué crees que hace la gente como yo cuando nace sin nada, en un mundo que decide desde el primer día que no merece tener algo mejor? —La voz de Lucila perdió, por primera vez, su tono arrogante habitual—. No todos tuvimos la suerte de nacer en un pueblito con gente noble dispuesta a morir por causas justas. Algunos solo tuvimos hambre. Y el hambre no distingue entre lo que es correcto y lo que te mantiene con vida un día más.

Kate no respondió de inmediato, el peso de esas palabras asentándose más profundo de lo que esperaba.

—Eso no justifica robarle a quien ya tiene poco.

—No, no lo justifica. —Lucila la miró directamente, sin ninguna disculpa en el gesto, pero sin ninguna arrogancia tampoco—. Pero tampoco lo justifica quien decidió que yo nacería sin nada mientras otros nacían con todo. El mundo nunca fue justo conmigo primero. Yo solo aprendí a jugar con las reglas que me dio.

—Blanck dijo que a partir de ahora robarás a los peces gordos. No a quien trabaja duro.

—Lo dijo, sí. —Lucila volvió a mirar hacia el fuego, algo parecido al cansancio cruzando su expresión—. Y voy a intentarlo. No porque de repente crea en la bondad que tú pareces respirar sin esfuerzo. Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, alguien me ofreció algo distinto a sobrevivir sola, y no sé cuánto más puedo seguir haciendo esto sin nadie de mi lado.

Kate se quedó en silencio, algo en la vulnerabilidad repentina de Lucila desarmando, aunque fuera un poco, la desconfianza que había cargado desde el primer encuentro.

—No espero que confiemos la una en la otra de la noche a la mañana.

—Yo tampoco. —Lucila se encogió de hombros, la coraza de siempre volviendo a su lugar—. Pero al menos ya sabes por qué soy como soy. Eso ya es más de lo que la mayoría de la gente se molesta en preguntar.

Blanck observó el intercambio desde la distancia, sin acercarse, dejando que ambas mujeres encontraran su propio ritmo sin la intervención de nadie más. Cuando finalmente Kate volvió al fuego principal, se sentó junto a él con una expresión pensativa que no era habitual en ella.

—¿Cómo te fue? —preguntó Blanck.

—No lo sé todavía. —Kate miró hacia donde Lucila seguía sentada sola, la daga finalmente quieta en sus manos—. No confío en ella del todo. Pero entiendo un poco más de dónde viene su desconfianza hacia el mundo. Eso no la hace agradable. Pero la hace, al menos, comprensible.

—Es un comienzo.

—Es lo único que tenemos tiempo de construir, con lo que se nos viene encima.

A la mañana siguiente, antes de que el grupo retomara el camino, Lucila se acercó a Larss, quien revisaba el equipo de sus hombres con la misma precisión metódica de siempre.

—Tú eres el que sigue las reglas incluso cuando nadie te obliga a hacerlo.

—Algo así. —Larss no dejó de revisar el equipo mientras hablaba.

—Debe ser agotador.

—Lo es. —Por primera vez, algo parecido a una sonrisa breve cruzó su rostro—. Pero he descubierto que agotador no es lo mismo que equivocado.

Lucila lo estudió un momento, y por alguna razón, ese intercambio breve le pareció más honesto que cualquier discurso sobre bondad que hubiera escuchado en toda su vida.

—Quizás con el tiempo entienda a qué te refieres.

—Quizás.

Ninguno de los dos supo, en ese momento, que aquella conversación breve, casi insignificante, sería el primer hilo de un respeto mutuo que sobreviviría, contra todo pronóstico, el paso de los siglos — dos personas completamente distintas, unidas no por afinidad natural, sino por la decisión compartida de seguir eligiendo lo correcto, incluso cuando resultaba agotador hacerlo.

El grupo, ahora de once personas entre dragones, exsoldados y motociclistas reformados, retomó el camino hacia el siguiente y último aliado que necesitaban encontrar — sin saber que el tiempo que Ray X les había concedido, sin que ninguno lo supiera, ya empezaba a agotarse mucho más rápido de lo que cualquiera de ellos imaginaba.

Continuará...

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